WEB

BUSCA NO SITE

Edição Atual Edições Anteriores Adicione aos Favoritos Defina como página inicial

Indique para um amigo


O Evangelho com
busca aleatória

Capa desta edição
Biblioteca Virtual
 
Biografias
 
Filmes
Livros Espíritas em Português Libros Espíritas en Español  Spiritist Books in English    
Mensagens na voz
de Chico Xavier
Programação da
TV Espírita on-line
Rádio Espírita
On-line
Jornal
O Imortal
Estudos
Espíritas
Vocabulário
Espírita
Efemérides
do Espiritismo
Esperanto
sem mestre
Divaldo Franco
Site oficial
Raul Teixeira
Site oficial
Conselho
Espírita
Internacional
Federação
Espírita
Brasileira
Federação
Espírita
do Paraná
Associação de
Magistrados
Espíritas
Associação
Médico-Espírita
do Brasil
Associação de
Psicólogos
Espíritas
Cruzada dos
Militares
Espíritas
Outros
Links de sites
Espíritas
Esclareça
suas dúvidas
Quem somos
Fale Conosco

Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 7 311 – 12 de Mayo de 2013

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 

 

Lo que se lleva de esta vida

 

Henrique, de siete años, había viajado con sus padres a finales de semana y, el lunes, llegó a la escuela y vio que sus compañeros estaban tristes. Buscó a Olavo, su mejor amigo, pero él no estaba en la escuela. Entonces, preguntó a la profesora:

— ¿Qué estaba ocurriendo por aquí? ¡Todos están diferentes, con cara de llanto!

Con delicadeza, la profesora informó:

— El sábado, Henrique, tu amigo Olavo falleció. Él subió a una manguera para coger mangos y cayó, golpeándose la cabeza en una piedra y no resistió. Intentamos avisar a tus padres, sabiendo la amistad que existe entre vosotros, pero estaban viajando y no conseguimos.

Henrique quedó muy triste. Olavo era su mejor amigo. ¿Cómo sería ahora la vida sin Olavo? ¿Con quien iba él a jugar? ¿Jugar con el balón, pasear? Se puso a llorar sintiendo la falta del amigo. La profesora, viendo que él no conseguiría estudiar aquel día, lo mandó de vuelta para casa.
 

En el camino Henrique iba pensando en el amigo. Se acordaba del tiempo que pasaban juntos, de las bromas, de los juegos, de los paseos en bicicleta por el barrio y tantas otras cosas. Se acordó hasta que les gustaban los mismos juguetes.

Entonces, Henrique pensó: Si Olavo

estaba ahora viviendo en otro lugar, en el Mundo Espiritual, quien sabe si él, ¿Henrique, tampoco iría para allá?

¡Entonces tuvo una idea! Decidió prepararse debidamente para ese día. Llegando a su casa, contó a la madre lo que había ocurrido con Olavo. La madre lo consoló:

— ¡Tú sabes, hijo mío, que la muerte no existe y que todos continuaremos viviendo en otro plano! Entonces, haz plegarias por tu amigo y, un día, vosotros podréis  reencontraros. Henrique balanceó la cabeza, concordando con la madre, y fue para su cuarto.

Abrió el armario y cogió una caja vacía de papel que había hallado tan bonita que hasta la hubo guardado para usar cuando lo necesitara. La hora había llegado.
 

Entonces, Henrique separó todo lo que más le gustaba y fue colocando dentro de la caja: un trompo con el cordón, algunos coches especiales, una piedra verde y transparente que había hallado en una playa, algunas conchitas de formato diferente, dos o tres libros de historias que a él le gustaba de releer de tarde en tarde y una pluma azul linda que obtuvo de la abuela Bina. ¡Ah! Y la ropa

que a él más le gustaba y que fue regalo de su madre.

Considerándose satisfecho, cerró la caja, la amarró con una cinta y empujando una silla, la guardó bien alto en el armario.

Dos semanas después, estaba haciendo tareas en la sala cuando la madre dijo:

— Henrique, eché en falta la ropa nueva que compré para ti y fui buscar en tu armario. ¡Como estaba todo desordenado, aproveché para hacer una limpieza en él y encontré esta caja allá encima! ¡Tu ropa nueva — la bermuda y la camisa que te di — están dentro de esta caja! ¿Qué significa eso, hijo mío?

Entonces el niño explico:

— Mamá, como Olavo se fue de repente para el Mundo Espiritual, decidí prepararme debidamente, preparando todo lo que  me gustaría llevar, en caso de que me pasara lo mismo conmigo.

En aquel instante la madre se conmovió, entendiendo como la partida del amigo había influenciado en el hijo, aún tan pequeño.

Se aproximo a el, lo cogió en el regazo y lo abrazó con inmenso amor, después explicó:   

— Mi hijo, entiendo tu deseo de querer guardar las cosas que más te gustan para llevar junto contigo para el Mundo Espiritual, si necesitas volver para allá. Sin embargo, Henrique, nada de eso podrá ir junto contigo. Todo lo que sea de la Tierra queda aquí mismo. Solamente podrán acompañarnos las cualidades que desarrollemos, el bien que hicimos. Finalmente, todo lo que sea del Espíritu; nada que sea de uso del cuerpo material. ¿Entendiste?

— ¡Ah! ¡Yo pensé que todo lo que fuera mío yo podría llevar, mamá!

— No, mi hijo. Sólo seguirán con nosotros las cosas del alma. Por eso, es necesario aprender a ser bueno, fraterno, a perdonar las ofensas, desarrollar la paciencia, la tolerancia y mucho más.
 

Henrique pensó un poco y comento sonriendo:

— Entonces, Olavo debe estar muy bien. Nunca quedó amargado con las artes de los compañeros, ayudó a todos, vivía sonriendo. Pensé que él estuviera ahora echando en falta “sus cosas”, pero creo que no. ¡Olavo llevó realmente lo que necesitaba! ¡Los bienes del espíritu!

La madre abrazó nuevamente al hijo y sonrió:

— No te preocupes tanto con tu amigo, Henrique. Ciertamente él echará en falta a los padres, a los hermanos y a los amigos, pero tendrá ocasión de reencontrarlos. En cuanto a las cosas materiales, no podemos llevar junto con

nosotros, pero podemos usar el pensamiento para crear el juguete o la ropa que nos gusta mucho.

Más aliviado por las explicaciones de la madre, Henrique hizo una plegaria, con mucha emoción, por el amigo que había partido, y que, sin que él supiera, estaba presente, sonriendo feliz al ver que no fue olvidado por Henrique.

Los lazos espirituales existentes entre los dos con seguridad se fortalecerían con el pasar del tiempo, y Olavo, ahora habitante de la Verdadera Vida, aprendiendo y progresando, podría transformarse en Espíritu Protector de Henrique.    

                                                        MEIMEI


(Recebida por Célia X. de Camargo em Rolândia-PR, aos 15/04/2013.)


               
 
                                                                                   



O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita