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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 10 - N° 484 - 25 de Septiembre de 2016

Traducción
Carmen Morante - carmen.morante9512@gmail.com
 

 

Tomando decisiones

 

Mientras el papá se entretenía leyendo el periódico, Gustavo, de once años de edad, tomó un libro del estante y se puso a pasar las páginas. De repente se detuvo y preguntó:

- Papá, ¿qué es el libre albedrío?

El papá puso el periódico a un costado y se quitó los lentes:

- El libre albedrío, hijo mío, es la capacidad que tiene el ser humano de tomar sus propias decisiones, hacer sus propias elecciones. ¿Entendiste?

- No.

Lleno de paciencia, el papá respondió:

- Por ejemplo, Gustavo. Mañana es sábado y tienes entrenamiento de fútbol en la tarde. ¿Vas a ir?

- No sé, papá. También me han invitado a ir a una fiesta de cumpleaños, a la misma hora.

- Lo sé. El cumpleaños de Jorgito, tu amigo de infancia. ¿Y entonces? ¿Qué vas a decidir? ¿Vas al entrenamiento o vas al cumpleaños?

- Me parece que no voy a ir a la fiesta de Jorgito, papá. Creo que voy a ir al entrenamiento.

- Ah, ¿entonces ya decidiste?

El niño pensó un poco y respondió:

- El fútbol es un compromiso que asumí a comienzos del año y no debo faltar. El equipo me necesita. Sin embargo, pensándolo bien, papá, si no voy al cumpleaños, Jorgito se va a molestar conmigo.

- Entonces, ¿vas a ir al cumpleaños de tu amigo?

Gustavo se rascó la cabeza, confundido, y consideró:

- Pensándolo bien, existe otro problema. La próxima semana, nuestro equipo tiene un partido importante que forma parte del campeonato entre colegios. ¡Ah, Dios mío! ¡No sé qué hacer!

El papá sonrió y explicó:

- El libre albedrío es exactamente eso, hijo mío. De dos o más opciones, tú tienes que decidir. En este momento, vas a tener que decidirte: el placer o el deber.

-      Ahora entiendo, papá. ¡Pero es muy difícil tomar decisiones!

El papá estuvo de acuerdo con su hijo, recomendándole que pensara mucho hasta el día siguiente para no tomar una decisión equivocada.

- Hijo mío, el libre albedrío es un regalo de Dios, pero también es una conquista del Espíritu en el camino evolutivo que ha realizado. Entonces, necesitamos pensar bien antes de tomar cualquier decisión. Sea cierta o equivocada, estaremos siempre condicionados a las consecuencias de nuestros actos, según la Ley de Acción y Reacción o Ley de Causa y Efecto.

Como era tarde, se fueron a dormir.

Al día siguiente, Gustavo estaba sentado a la mesa tomando el desayuno cuando el papá le preguntó:

- ¿Y entonces, hijo mío? ¿Decidiste?

- Pensé mucho y aún no me decido. Pero en la tarde lo resuelvo.

Casi a la hora de salir, Gustavo apareció en la sala con la mochila y un paquete envuelto como regalo en la mano.

- Veo que te decidiste por el cumpleaños, Gustavo. Quiere decir que ganó el placer – dijo el padre.

El niño negó con la cabeza.

- ¿No? Entonces vas a ir al entrenamiento. Decidiste por el deber.

Gustavo volvió a negar con la cabeza:

- Tampoco, papá.

- ¡No te estoy entendiendo!

- Es que apareció una tercera alternativa, papá. Me acordé que tendremos examen de matemáticas el lunes. Entonces, voy a estudiar en la casa de un compañero que entiende bien el curso. Pero antes, pasaré por la casa de Jorgito, lo felicitaré y le entregaré el regalo que compré para él. Así, el placer y el deber serán atendidos igualmente.

El papá estaba sorprendido y maravillado. Su hijo Gustavo, a quien consideraba un poco descuidado con sus tareas, le demostraba que era juicioso y responsable, tomando decisiones con habilidad.

Se levantó, extendiendo los brazos hacia el niño:

- Felicitaciones, hijo mío. Supiste decidir entre el placer y el deber. Pero, dime, ¿y el entrenamiento? El equipo tiene un partido importante la semana que viene...

Abrazando a su papá, con una gran sonrisa en el rostro, el niño explicó:

- Es verdad, papá. Pero hoy temprano me enteré que el juego se ha pospuesto. Entonces, ya no tuve dudas. Ahora estoy tranquilo, seguro de que hice lo mejor.

Gustavo se despidió de su papá y su mamá, tomó la mochila con los libros, el regalo y, despidiéndose una última vez,

cerró la puerta detrás de él.

El papá estaba feliz. Se sentía realizado por tener un hijo que había usado el libre albedrío de manera tan responsable.

TIA CÉLIA


                                                   
 



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