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Año 9 - N° 450 - 31 de Enero de 2016
PAULO DA SILVA NETO SOBRINHO
paulosnetos@gmail.com

Belo Horizonte, MG (Brasil)
 
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 
 

Paulo da Silva Neto Sobrinho

Frase atribuida a Kardec: “Nacer, morir, renacer aún y progresar siempre, tal es la ley”


 

No es raro oigamos de oradores y expositores espíritas que Kardec es el autor de esa célebre frase. Intentamos descubrir con algunos de ellos cuál sería la fuente donde se basaron para pasar esa información al público, pero nunca logramos éxito. Entonces, el recurso fue hagamos una minuciosa investigación en todas las obras del Codificador para ver si en ellas encontrábamos algo; sin embargo, nada encontramos sobre el asunto. Y ya no teníamos esperanza de que un día fuéramos a desvelar eso.

Bien dijo Jesús que “no hay nada escondido que no venga a ser revelado, y no existe nada de oculto que no venga a ser conocido” (Mt 10,26; Lc 12,2), pues hoy la luz se hizo y acabamos encontrando una obra que habla de esa frase. Se trata del libro Allan Kardec: el educador y el codificador, de Zêus Wantuil y Francisco Thiesen, una publicación de la Federación Espírita Brasileña. Como creemos que lo que consta de esa obra puede, ciertamente, esclarecer el asunto y, consecuentemente, apuntar su origen, resolvemos para bien transcribir el siguiente trecho:

En el borde frontal de la piedra que, pesando seis toneladas, sirve de techo, se halla grabada la máxima que resume la doctrina kardecista, de justicia y progreso:

NAÎTRE, MOURIR, RENAÎTRE ENCORE

ET PROGRESSER SANS CESSE

TELLE EST LA LOI

 

Esta inscripción faltaba a la época de la inauguración, habiendo sido esculpida aún en 1870(39). Jean Vartier, que parcialmente hizo la biografía de Kardec(40), escribe que ella fue calcada en el capítulo IX de la primera parte de la obra “Die Wahlverwandstschaften”.

 

 

Vartier se basó en la traducción francesa de Camille Selden, pseudónimo de Elise Krinitz, publicada en París, s. d., con prefacio fechado de enero de 1872. De hecho, en la referida traducción - “Les affinités électives” -, la página 78, hay referencia a una casa cuyos fundamentos serían entonces lanzados. En la solemnidad, un albañil (maçon), con el martillo en una de las manos y la cuchara en la otra, buscó en un pequeño discurso decir que el edificio a ser levantado sería un día destruido, añadiendo: “Naître pour mourir, mourir pour renaître, telle est la loi universelle. Les hommes y sont soumis, a la bien plus fuerte raison leurs travaux”.

El Sr. Vartier, con aquel su apresurado y mordiente espíritu crítico, debería haber estudiado más a fondo el asunto. Descubriría, entonces, que en el original alemán no hay aquella frase, tal como está en francés; que la traducción francesa, hecha con cierta libertad por C. Selden, fuera publicada posteriormente en enero de 1872, más de un año después de haber sido grabada la máxima en cuestión en el dolmen de Kardec; que, había plagio (como el Sr. Vartier quiso insinuar), él partió del traductor.

No creemos, sin embargo, en un plagio de quienquiera que sea. La frase en sí andaba en el aire, no es de Kardec, como pretenden algunos, y puede ser encontrada, con algunas variantes, en citas bien anteriores a la desencarnación de Kardec, como, por ejemplo, en la obra “Clê de la Víe”, de Louis Michel, organizada por C. Sardou y L. Pradel, editores, Rue du Hassard, 9, París, fechada el 1º de agosto de 1857, p. 570:

“Saturées de l'aimant divin, de l'amour divin, des provisions divines de toute nature, les âmes solaires, par cet aimant, par cel amour, par tous ces divers agents cêlestes. font naître, vivre, circuler, évolutionner, mûrir, se transformer, monter au chemin ascendant, leurs soleils et leurs planètes, et, par les âmes de ces dernières, font jouir des mêmes avantages la plus obscure image de Dieu elle-même, l'homme, restê, encore, en dehors de l'unité; dès qu'il consent à s'y prêter un peu”.

En un discurso pronunciado en presencia de Kardec, el día 14 de octubre de 1861, en la Reunión General de los Espíritas de Bordéus, el Sr. Sabó dijo textualmente:

“...pour aller à lui, il faut naître, mourir et renaître jusqu'à ce qu'on soit arrivé aux limites de la perfection...” (“Revue Spirite", 1861, p. 331.)

Veamos también estas dos frases:

"Tout, tout, dan cette grande unité de la création, existe, naît, vit, fonctionne et meurt et renaît pour l'harmonie universelle".

“(...) il faut naître, mourir et renaître jusqu'à ce que l'on soit parvenu aux limites de la perfecion”.

Estonces ellas en “Les Quatre Évangiles”, J. B. Roustaing, Tome Premier, París, Librairie Centrale, 24, Boulevard des Italiens, 1866, a las páginas 191 y 227, respectivamente.

Notemos que la frase es substancialmente la misma, bajo varias formas, siempre, sin embargo, con el mismo sentido, en 1857, 1861, 1866 y finalmente en 1870, cuando fue esculpida en el frontispicio del dolmen de Kardec, en tres líneas:

NAÎTRE, MOURIR, RENAÎTRE ENCORE

ET PROGRESSER SANS CESSE

TELLE EST LA LOI

¿Habrá sido por todo eso que el Espíritu Emmanuel la atribuye no a un ser humano en particular, pero sí al Espiritismo? En efecto, dice él, en la página titulada “Problema con nosotros”, incluida en el libro “Justicia Divina” (F. C. Xavier, 3ª edición FEB, 1974, p. 84):

 “Y el Espiritismo acentúa: “Nacer, vivir, morir, renacer de nuevo y progresar continuamente, tal es la ley”. (las cursivas son nuestros [de los autores]).

______

(39) “Discours prononcés pour l'anniversaire de la mort de Allan Kardec. Inauguration du monument”, París, a la la Librairie Spirite, 1870, pp. 7/8. En este opúsculo fue anexionada una estampa (vue) del dolmen de Kardec, “ejecutada (executée) con el mayor cuidado y de más rigurosa exactitud por el Sr. Pégard, gravador, conforme un dibujo hecho por el Sr. Sebille" (pp. 11 y 12).

Pégard, grabador en madera, de la Escuela francesa, hizo los grabados del "Dictionnaire d'architccture" de Viollet-le-Duc y las de la “Histoire populaire, anecdotique et pittoresque de Napoléon”. (Apud Y. Bénézit: “Dictionnaire des Peintres, Sculpteurs, Dessinateurs et Graveurs”, nouvelle édition, tome sixième, Librairie Gründ, 1996, p. 571.)

(WANTUIL, Z. y THIESEN, F. Allan Kardec: el educador y el codificador. Vol. II. Rio de Janeiro: FEB, 2004, p. 285-288, cursiva nuestra).

Vamos, por oportuno y atendiendo a la solicitud de un amigo, a transcribir la traducción de las frases en francés, constantes de la Revue Spirite y Les Quatre Évangiles, por orden:

 […] para ir a él, es necesario nacer, morir y renacer hasta que se haya llegado a los límites de la perfección, […] (KARDEC, A. Revista Espírita 1861. Hubiste Arado, SP: IDE, 1993, p. 331).

Todo, todo, en la gran unidad de la Creación, nace, existe, vive, funciona, muere y renace para la armonía del Universo, […] (ROUSTAING, J. B. Los cuatro evangelios revelación de la revelación. Vol. 1. Río de Janeiro: FEB, s/d., p. 323).

 […] para llegar a él, tendría el hombre que nacer, morir y renacer hasta alcanzar los límites de la perfección. […] (ROUSTAING, J. B. Los cuatro evangelios – revelación de la revelación. Vol. 1. Rio de Janeiro: FEB, s/d., p. 387).

Queda bien claro, por lo tanto, que la frase no es así de Kardec. Sin colocarnos por encima de nadie, sinceramente, esperamos que, con las informaciones aquí presentadas, podamos haber contribuido para que nuestros oradores y expositores tengan una mayor aclaración del asunto.

Pensábamos que el asunto ya había acabado; sin embargo, por información de una amiga, estudiosa de la Doctrina, encontramos algo concreto en Léon Denis (1846-1927), en su obra El problema del ser, del destino y del dolor (Río de Janeiro: FEB, 1989), de donde transcribimos: “'Nacer, morir, renacer y progresar siempre, tal es la ley', dijo Allan Kardec” (p. 272, cursiva nuestra), sin, sin embargo, haber citado en cuál obra del codificador él sacó eso. Reconocemos que, de hecho, la frase puede muy bien representar el pensamiento de Kardec, pero, por lo que vimos en Wantuil y Thiesen, no fue dicha por él.

La falta de información de la fuente puede llevarnos a repetir algo que la persona jamás dijo, como, por ejemplo, es el caso que ocurre con el propio Léon Denis. Le atribuyen la frase: “El alma duerme en la piedra, sueña en el vegetal, se agita en el animal y despierta en el hombre”. Pero Denis, en su obra arriba mencionada, escribió: “En la planta, la inteligencia dormita; en el animal, sueña; sólo en el hombre despierta”. (p. 123, negrita nuestra), lo que convengamos no es la misma cosa.

En razón de eso, no dudamos que Léon Denis también haya atribuido a Kardec la frase, por el mismo proceso que muchos estudiosos espíritas andan haciendo con el propio Denis. De hecho, contaba él sólo con cerca de 5 años en las hileras de la Doctrina de los Espíritus, cuando la muerte de Kardec, o sea, era aún un neófito.
   



 


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