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Año 9 - N° 426 - 9 de Agosto de 2015
RICARDO BAESSO DE OLIVEIRA    
kargabrl@uol.com.br        
Juiz de Fora, MG (Brasil)
 
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 
 

Ricardo Baesso de Oliveira

El Espíritu y de la materia

Parte 1


Recientes estudios en el área de la Genética del comportamiento han traído cuestiones nuevas, con implicaciones importantes en la comprensión de la Doctrina Espírita. Buscando traer a la superficie esas cuestiones, escribimos este artículo.

La encarnación coloca al Espíritu en una condición especial, que le impone restricciones y de la cual es blanco de profundas influencias. Kardec reconoce la importancia de ese estado cuando afirma que el Espíritu encarnado está bajo la influencia de la materia. (LE, Introducción, ítem VI.) ¿A qué influencias se refiere el codificador? Creemos que esas influencias se dan en dos niveles: cultural y biológico.

Influencias culturales

Son notables las influencias que el ambiente ejerce sobre la Individualidad reencarnada, sean en el ambiente compartido y el no compartido. El ambiente compartido es aquel que ejerce influencia sobre nosotros y nuestros hermanos igualmente: nuestros padres, nuestra vida doméstica y nuestra vecindad. El ambiente no compartido o único es todo el resto: cualquier cosa que influya a un hermano, pero no al otro, incluyendo el favoritismo de los padres, la presencia de otros hermanos, experiencias únicas cómo caer de una bicicleta o ser infectado por un virus, y, en verdad, cualquier cosa que nos ocurra en el transcurrir de la vida que no necesariamente ocurra a nuestros hermanos.

Estudios en diferentes áreas del conocimiento humano han mostrado que, casi invariablemente, las personas se moldean conforme sus iguales en los ambientes en que viven o se desarrollan dentro de las posibilidades que el medio que las cercan les ofrecen.

La relevancia de las influencias del medio en la formación de la personalidad humana es notada en el pensamiento de Allan Kardec. Recuerda él que, aunque el Espíritu conserve, en sus nuevas existencias, los trazos del carácter moral de las existencias anteriores, eso no siempre es evidente, pues su posición social también puede no ser la misma. Si de señor él se hace esclavo, sus inclinaciones serán muy diferentes y tendríamos dificultades en reconocerlo. El Espíritu siendo el mismo, en las diversas encarnaciones, sus manifestaciones pueden tener, de una para otra, ciertas semejanzas. Estas, sin embargo, serán modificadas por las costumbres de la nueva posición, hasta que un perfeccionamiento notable venga a cambiar completamente su carácter. LE, ítem 216.)

Influencias biológicas

El proceso reencarnatorio coloca al Espíritu también bajo importantes influencias biológicas, vinculadas, especialmente a los genes responsables por la organización y funcionamiento de su cuerpo, principalmente del cerebro, donde significativa parte del genoma es expresada.

El cerebro es el órgano de manifestación del pensamiento, a través del cual el Espíritu interacciona con el medio y con las personas que lo cercan. El funciona a partir de impulsos eléctricos que conectan sus cerca de 85 mil millones de neuronas. Esas conexiones, denominadas sinapsis, dependen de la interacción de centenares de proteínas y neurotransmisores. Los genes especifican las proteínas que participan de todo el proceso de construcción y funcionamiento del cerebro. Genes diferentes van a construir cerebros diferentes, de ahí su importancia.

Los estudios en el área de la genética comportamental han mostrado que los genes desempeñan un papel importante en el comportamiento (“cómo alguien es”). Hasta cierto punto, las personas crean sus propias experiencias por razones genéticas. La investigación genética sobre la personalidad es extensa y está descrita en varios libros. El mensaje básico es el siguiente: los genes tienen una contribución importante para las diferencias individuales en la personalidad. Trazos de personalidad como comportamientos de riesgo, frecuentemente llamados de búsqueda de sensaciones, uso y abuso de drogas, timidez, obesidad, comportamiento antisocial, inteligencia y habilidades de aprendizaje tienen consistentemente sustancial influencia genética. (Genética comportamental, Plomin.)

Estudios muestran como pueden ser asombrosas las semejanzas entre gemelos idénticos, que comparten las recetas genéticas constructoras de la mente. Sus mentes son asombrosamente semejantes, y no sólo en medidas groseras como QI y en trazos de personalidad como neurosis e introversión. Ellos son semejantes en talentos como deletrear y matemática, en las opiniones sobre cuestiones como apartheid, pena de muerte y madres que trabajan fuera, en la elección de la carrera, en los hobbies, adicciones, devociones religiosas y me gusto para novias. Los gemelos idénticos son mucho más parecidos que los gemelos fraternos, que comparten sólo mitad de las recetas genéticas y, lo que es sorprendente, los que son criados separadamente son casi tan parecidos como los que son criados juntos. Los gemelos idénticos separados al nacer tienen en común características como entrar en el agua de espalda y sólo hasta las rodillas, abstenerse de votar en las elecciones por sentirse insuficientemente informados, contar obsesivamente todo lo que está a la vista, hacerse capitán de brigada voluntaria de incendio, dejar por la casa notitas cariñosas para la esposa, dar la descarga antes y tras usar el vaso o estornudos por juegos en ascensores llenos. (Como la mente funciona, Pinker.)

Es importante considerar también los efectos indirectos de los genes: hombres altos, de media, son promovidos en sus empleos más rápidamente que los bajos y personas atractivas, de media, son más autoconfiados que los no atractivas. En un experimento, sujetos sometidos a una falsa entrevista tuvieron que quedar esperando durante una interrupción escenificada cuando el entrevistador fue llamado fuera de la sala. Los sujetos sin atractivos físicos aguardaron nueve minutos antes de protestar; los atractivos, tres minutos y veinte segundos. (Tabula rasa, Pinker.)

La influencia del cuerpo en el comportamiento del Espíritu encarnado es ampliamente demostrada en la obra de Kardec. Veamos: 

 

El Espíritu es ciertamente influenciado por la materia, que puede trabar sus manifestaciones. (LE, ítem 846)

El Espíritu encarnado sufriendo la influencia del organismo, su carácter se modifica según las circunstancias y se dobla a las necesidades y a los cuidados que le imponen ese mismo organismo (LE, enero de 1866)

 

[...] un Espíritu pacífico, aunque en un cuerpo bilioso, será siempre pacífico, y que un Espíritu violento, aún en un cuerpo linfático, no será blando; solamente la violencia tomará otro carácter. No disponiendo de un organismo propio para secundar la violencia, la cólera se volverá concentrada, mientras en el otro caso será expansiva. (ESE, cap. IX, ítem 10)

 

La inteligencia depende del estado del cuerpo que adquiere. (LE, ítem 180)

 

Con el cambio de los cuerpos, pueden perderse ciertas facultades intelectuales. (LE, ítem 220)

 

Los órganos son los instrumentos de la manifestación de las facultades del alma. Esa manifestación está subordinada al desarrollo y al grado de perfección de los respectivos órganos. (LE, ítem 369)

 

En la locura es siempre el cuerpo y no el Espíritu que está desorganizado. (LE, ítem 375-a)

 

Las dos naturalezas existentes en el hombre ofrecen a sus pasiones dos fuentes diversas: unas provienen de los instintos de la naturaleza animal, otras de las impurezas del Espíritu encarnado. (LE, ítem 605-a)

 

En el hombre, solamente existe del animal el cuerpo, las pasiones que nacen de la influencia del cuerpo y el instinto de conservación inherente a la materia […]

 

El temperamento es, al menos en parte, determinado por la naturaleza del Espíritu, que es causa y no efecto. Decimos en parte, porque hay casos en que el físico evidentemente influye sobre lo moral: es cuando un estado mórbido o anormal es determinado por una causa externa, accidental, independiente del Espíritu, como la temperatura, el clima, las adicciones hereditarias de constitución, un malestar pasajero, etc. Lo moral del Espíritu puede, entonces, ser afectado en sus manifestaciones por el estado patológico, sin que su naturaleza intrínseca sea modificada. (RE, marzo de 1869)

 

Hay inclinaciones viciosas que, evidentemente, son inherentes al Espíritu, porque se deben más a lo moral que al físico; otras más parecen consecuencia del organismo. (RE, marzo de 1869)

OBS.: todas las negritas son nuestras.
(Continúa en la próxima edición.)

 

 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita