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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Ano 8 - N° 383 - 5 de Octubre de 2014

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 

 

Los amigos de Juquinha  
 

  

Juquinha era um niño extraño. Vivia siempre con la cabeza en las nubes, como distante de todo.

A veces estaba callado y, de repente, comenzaba a reír solo. Otras veces, se quedaba mirando para lo alto, muy interesado, como si estuviera viendo algo que los otros no veían. ¡Algunas personas hasta garantizaban que lo habían visto hablando solo!

Y se preguntaban:

— ¿Qué estaría ocurriendo con Juquinha?

¡Así, los amigos comenzaron a alejarse de él! Y, distantes de su presencia, comentaban:

— ¡Pobre Juquinha! ¿Tendrá problemas? — decía Celso.

— ¡Tal vez sea sólo estar desconectado, viviendo en el mundo de la luna! — sugería otro.

— Pues yo temo que esté quedando loco — añadió Rosa, erizada.

Al oír esas palabras, los chicos estremecieron de miedo, y se callaron pensativos.

En medio del silencio temeroso que se hubo hecho, una voz se hizo oír firme:

— ¡No creo en nada de eso! Si así fuera, Juquinha no conseguiría estudiar, y sus notas son siempre buenas, ¿no es? — cuestionó Zazá, con franqueza.

Todos se callaron. El aprovechamiento de Juquinha era realmente muy bueno, y sus notas, las mejores. Entonces, ¿qué estaba ocurriendo con él?

— Ya que estáis tan preocupados y curiosos, ¿por qué no preguntáis directamente para él? — Zazá sugirió, mirando para los compañeros.

Todos concordaron que era la mejor opción. Así, más tarde ellos se reunieron y fueron a conversar con Juquinha.

Llamaron a la puerta y la madre de él atendió.

— ¡Hola, doña Maria! Queremos conversar con Juquinha. ¿Él está en casa?

— ¡Hola, niños! — los saludó sonriente. — Sí, Juquinha está en el cuarto de él haciendo tareas. Sabéis el camino. ¡Entonces, podéis ir entrando! ¡Mi hijo estará contento en veros!

El grupo caminó por el pasillo y entró en el cuarto de Juquinha. Zazá, que encabezaba la fila, fue inmediatamente diciendo:

— ¡Nuestros compañeros quieren conversar contigo, Juquinha!

— ¡Podéis hablar! ¿Qué deseáis?

Medio obligados, los amigos resistían en decir, hasta que Zazá informó decidida:

— Ellos quieren saber qué está ocurriendo contigo, Juquinha. ¡Creen que estás diferente, extraño!...

Juquinha sonrió, invitó a todos a acomodarse, lo que ellos hicieron, sentándose en la cama y en el suelo. Con serenidad, el niño preguntó:

— ¿Diferente cómo?

— ¡Ah! Tú a veces parece que estás viendo cosas que la gente no ve, te quedas riendo sin motivo...

— ¡Ah!... En verdad, chicos, yo oigo y veo cosas que vosotros no percibís. Voy a explicarlo.

Y contó a los compañeros que siempre vio a las almas de aquellos que ya no estaban en la Tierra, los Espíritus. En el inicio no había percibido, pensando que estaba viendo gente de carne y hueso. Después, su madre le había explicado que eran almas de aquellas personas que ya habían fallecido. Y terminó diciendo:

— ¡Ellos son mis amigos! Ahora mismo, estoy

viendo a tu abuelo, Celso. Él dice que está muy bien y vive con la madre, Doña Cora.

— ¡Mi bisabuelo!... — exclamó Celso, con los ojos muy abiertos.

— Eso mismo. Y tú, Rosa, estás acompañada por un perrito llamado Bili. ¿Te acuerdas de él?

— ¡Claro! ¡Bili era mi cariño, pero un día fue atropellado y murió!...

— ¡Pues Bili está muy bien, puedo asegurarte! Y también estás acompañada por tu tía Laura. Una joven bonita, bien joven, de cabellos rubios largos.

Rosa comenzó a llorar, emocionada. ¡Era todo cierto!

Juquinha continuaría allí, a darles informaciones del mundo espiritual. Pero, avergonzados, los amigos dijeron:

— Disculpanos, Juquinha. Hicimos mal juicio de ti.

— No os preocupéis, entiendo perfectamente.

— ¿Y cómo tú te das tan bien en los exámenes? — ¡¿“Tus amigos invisibles” te dictan lo que debes escribir?!...

— ¡No!... — dijo Juquinha, riendo — ¡Claro que no! ¡En verdad, yo estudio bastante, podéis creer! Pero, en la hora del examen, siento la presencia de mis amigos, pues siempre hago una oración antes de comenzar a responder a las preguntas.      

Oyendo esas cosas, los compañeros de Juquinha quedaron maravillados. Algunos se acordaban de haber tenido visiones de Espíritus hace mucho tiempo, pero reconociendo que nunca se interesaron por esos recuerdos, juzgando que eran de la propia cabeza. Otros informaron que los adultos se empeñaban de hacer que olvidasen lo que veían, afirmando que todo eso eran bobadas.

Los chicos salieron de la casa de Juquinha con otra comprensión de la vida, aprendiendo que aquellos que habitan el mundo espiritual pueden comunicarse y hasta ayudar a sus entes queridos que continúan encarnados en la Tierra.

De ese modo, la conexión de Juquinha con sus amigos aumentó aún más. Ahora, ellos lo respetaban y, cuando lo veían fijar un punto cualquiera en lo alto y sonreír, con entendimiento y comprensión intercambiaban una mirada cómo si dijeran:

— ¡Juquinha está viendo algún amigo espiritual!

                                                                  MEIMEI

(Recebida por Célia X. de Camargo, em Rolândia-PR, em 16/7/2012.)      




                                                                                   



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Revista Semanal de Divulgación Espirita