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Año 8 373 – 27 de Julio de 2014
LEONARDO MARMO MOREIRA 
leonardomarmo@gmail.com   
São João Del Rei, MG (Brasil)
 
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 
 

Leonardo Marmo Moreira

Roustaing y Ubaldi: una extraña unión de fuerzas cismáticas

 

El Roustainguismo, también conocido como Rustenismo, es la mayor llaga del movimiento espírita brasileño. Verdadero "espino en la carne" del movimiento espírita, esa mistificación es literalmente la “cizaña” difícil de ser extirpada del seno de los grupos espíritas.

Se trata del movimiento de los adeptos de la obra “Los Cuatro Evangelios”, organizada por el abogado francés J. B. Roustaing.

El Ubaldismo es el movimiento de adeptos de las obras de Pietro Ubaldi, médium y escritor italiano que, al erradicarse en Brasil, ganó notoriedad dentro de ambientes espiritualistas brasileños, inclusive dentro del movimiento espírita.

Curiosamente, un esfuerzo de unión entre las disidencias roustainguista y ubaldista en una especie de proceso cismático único ha sido constatado en algunas regiones brasileñas.

El Ubaldismo sería, en algunos aspectos, una nueva edición del Roustainguismo. De hecho, se trata de una obra sin el respaldo de la “Universalidad de la Enseñanza de los Espíritus”. Ubaldi, tal como Roustaing, defiende la existencia de la “Caída espiritual”, implicando que la Reencarnación sería una especie de “Castigo Divino”, a priori dispensable, si el ser espiritual cumpliera sus “metas” de evolución y comportamiento adecuadamente. Se resalta que esa enseñanza es una de las mayores discordancias de Roustaing en relación a Kardec. Siendo así, el intento de unión entre Roustaing y Ubaldi es respaldado en un concepto claramente opuesto a la Codificación.

De hecho, el Ubaldismo, como un tipo de “Roustainguismo repaginado”, también atrajo muchos espiritualistas por el Brasil, haciéndose más una fuente de confusión en nuestro movimiento.

La obra de J. B. Roustaing es anterior a la de Pietro Ubaldi – En este contexto, en determinado momento, los Roustainguistas vieron en Ubaldi una “tabla de salvación”, ya que los absurdos de Roustaing estaban mucho más evidenciados y discutidos  que los de Ubaldi, una vez que las obras anti-doctrinarias de Roustaing generaron más adeptos dentro del movimiento espírita brasileño que los libros del escritor italiano. Además de eso, la obra de Roustaing es más antigua, contemporánea de Allan Kardec, habiendo generado célebres embates doctrinarios en la propia Francia, donde Gabriel Delanne fue uno de los autores que más luchó para que las bases karcedistas no fuesen deformadas.

Por lo tanto, históricamente, la obra de Roustaing fue mucho más analizada que la obra de Ubaldi. Siendo así, las evidentes incoherencias roustainguistas fueron exhaustivamente explicadas a la luz de la Codificación Espírita por espíritas renombrados, tales como J. Herculano Pires, Júlio Abreu Hijo, Luciano Costa, Nazareno Tourinho, entre otros. Estudio de ese tenor no fue desarrollado en relación a las limitaciones de la obra ubaldista. De esa forma, encarar a Ubaldi como una nueva vertiente de ese cuerpo de ideas sería suministrar un nuevo aliento al cisma que atormenta el movimiento espírita desde el siglo XIX. Esa realidad sería un intento de dar amparo a las tesis anti-espíritas de Roustaing, una vez que los roustainguistas no consiguen mantener los débiles argumentos de su “obra máter”.

Realmente, lo que más los roustainguistas han hecho es intentar asociar, muchas veces de forma indebida, la figura de espíritas ilustres del pasado al roustainguismo, pues ellos no han logrado presentar, de forma eficaz, argumentos sólidos para defender “Los Cuatro Evangelios”.

En la evaluación de un mensaje el contenido es lo más importante – El método de análisis del contenido de la obra preconizado por Allan Kardec deja claro que el contenido del mensaje está siempre en primer lugar, en términos de prioridad de evaluación. En segundo lugar, estaría el carácter moral del médium que trajo la obra de origen espiritual. Por último, el nombre del autor espiritual. Podríamos extrapolar el análisis del carácter moral del médium para el carácter de la moral del escritor encarnado, cuando la obra no se tratara de producción mediúmnica. De forma similar, podríamos también expandir la cuestión del nombre del autor espiritual a los nombres de compañeros ilustres que apoyaron o apoyan, por cualquier motivos, obras claramente contrarias a la codificación, una vez que todos los individuos, por más ilustres y respetables que sean sus contribuciones, pueden, eventualmente, cometer algún error puntual. La opinión personal, por más meritoria que sea el portador de la idea, no es, necesariamente, indicativo de verdad.

De cualquier manera, fomentando esa fusión de obras cismáticas, los roustainguistas podrían captar un buen número de discípulos de Ubaldi, los cuales, eventualmente, podrían no ser adeptos de Roustaing, o aún ser antirrustenistas, ya que las obras, a pesar de puntos convergentes, también presentan significativas diferencias.

En verdad, los Roustainguistas tienen necesidad de sustentar las incoherencias de la obra de J.B. Roustaing en otros autores que puedan mínimamente corroborar sus opiniones, por más frontalmente opuestas a Allan Kardec sean esas ideas. Además de eso, la propia obra “Los Cuatro Evangelios” de J. B. Roustaing se autodenominaba una iniciación conceptual que sería continuada, profundizada y ratificada por una obra subsiguiente. Esa obra nunca vino al mundo, ni por la médium Émilie Collignon, ni por Roustaing o alguno de sus seguidores.

Roustaing y Ubaldi defienden la tesis de la Caída Espiritual – Obviamente, esa ausencia creó un problema para los Roustainguistas, pues la “Revelación de la Revelación” no podría haberse equivocado en su previsión de continuidad. Esa previsión de una obra “definitiva”, aliada a la lenta y gradual decadencia de la divulgación roustainguista en el movimiento espírita brasileño, llevó algunos líderes roustainguistas a elegir la obra de Pietro Ubaldi como la referida obra continuadora de “Los Cuatro Evangelios”. De hecho, ambas defienden la tesis anti-kardecista de la Caída Espiritual. De hecho, no deja de ser curiosa tal asociación, pues Ubaldi, a semejanza de Roustaing, demostró una vanidad desmedida. Tal vez Ubaldi, en cuestión de vanidad, haya superado a Roustaing, pues jamás se consideró espírita o vinculado al movimiento espírita, deseando, desde siempre, crear un movimiento propio. De cualquiera postura egocéntrica no deja de presentar cierta coherencia, una vez que él no dijo que era una cosa que no correspondía a la realidad, o sea, nunca afirmó ser adepto de la Doctrina Espírita. Por el contrario, mantuvo serias críticas a la Doctrina Espírita. En todo caso, Ubaldi tuvo una actitud de más pequeña contradicción, pues Roustaing coloca la Obra “Los Cuatro Evangelios” como Obra Espírita, a pesar de contradecir fuertemente varios principios básicos de la Codificación.

Por otro lado, es muy significativo y sintomático constatar el hecho de que los roustainguistas elijan la obra de un autor que nunca se consideró espírita como la continuación y, principalmente, el desarrollo de la obra de Roustaing. Ahora, ¿si “Los Cuatro Evangelios” de J. B. Roustaing fuera aún una obra espírita, no sería de suponer que su continuación y su respectivo desarrollo fueran consolidados por un gran autor verdaderamente espírita?

Ubaldi no llegó a conocer la obra de Roustaing – Esa “elección” de Pietro Ubaldi ocurre justamente por ser imposible la correlación del contenido de grandes autores espíritas como André Luiz, Joanna de Ângelis, Manoel Philomeno de Miranda, entre otros, con las ideas expresadas en la obra “Los Cuatro Evangelios”, de J. B. Roustaing. Además, Ubaldi jamás se consideró Roustainguista y, lo que es más sintomático, según algunos biógrafos, no habría ni conocido la obra de Roustaing. Ahora, el gran continuador y ampliador de una obra, que supuestamente sería “un curso avanzado de Espiritismo”, conforme algunos Roustainguistas predican, ¿no tendría noticia de la existencia de la obra de su predecesor? Este hecho, por sí sólo, ya muestra cuánto esa conexión entre ellos es artificial.

Esa correlación fue forjada, de cierta forma indebidamente, por roustainguistas ansiosos por un intento de revitalización de propuestas que no tienen sustentación doctrinaria dentro del Espiritismo. Así son las falacias roustainguistas, una verdadera colcha de recortes de informaciones y subterfugios, haciendo recordar las incoherencias del catolicismo. De cualquier manera, admitiendo esa posibilidad poco probable de que ambas obras sean complementarias, sería de espantar el hecho de la planificación de la Espiritualidad Superior que sea tan caótico, pues Ubaldi, siendo a priori tan relevante para el desarrollo y validez de las tesis de la “Revelación de la Revelación”, no tuvo en su larga jornada carnal de 85 años un contacto mínimo con “Los Cuatro Evangelios”. ¿Nuestros mentores espirituales estarían tan perdidos que no viabilizarían el acceso del “gran continuador” a la obra de su “precursor”? Vale recordar que, en principio, Pietro Ubaldi habría sido portador de una mediumnidad ostensiva, lo que sería una oportunidad más para que ese autor fuera inspirado a conocer una obra tan importante para el desarrollo de su propia misión. Y eso no ocurrió.

¿Quién no acepta a Roustaing no puede ser espírita? – Por otro lado, podemos levantar la hipótesis que Ubaldi haya sido inspirado a conocer la obra de Roustaing, pero haya rechazado hacerlo en función de su libre-albedrío. En este caso, cuestionaríamos la razón para tal procedimiento. ¿Ubaldi estaría rechazando “la Revelación de la Revelación” por considerar que ella no sería tan reveladora así? En este caso, ¿quién estaría equivocado? ¿Ubaldi o Roustaing? ¿O ambos? La Verdad es una sola, pero las visiones distorsionadas de la realidad son muchas, lo que hace perfectamente posible que dos autores equivocados discrepen mutuamente de sus respectivos puntos de vista.

Roustaing y/o sus “Orientadores Espirituales” repiten exhaustivamente que la obra “Los Cuatro Evangelios” la “Revelación de la Revelación” o “La Nueva Revelación”, además de “Espiritismo Cristiano”. Como si no bastara, Roustainguistas fanáticos de nuestra Patria llegaron a afirmar categóricamente que la Obra de Roustaing era “un curso avanzado de Espiritismo”, enfatizando que “quién no acepta a Roustaing, no puede ser considerado espírita”. Ahora, ¿será que Léon Denis, Gabriel Delanne y Camille Flammarion y tantos otros no pueden ser considerados espíritas? Y lo que es peor, ¿será que Allan Kardec no puede ser considerado espírita? Al final, ninguno de ellos aceptaba la Obra de Roustaing.

La correlación de los contenidos elaborados por autores espirituales y encarnados para un estudio en conjunto no es, de forma ninguna, una actitud reprobable. Sin embargo, la unión de dos grupos cismáticos, que se consideran espíritas, para mantener y divulgar ideas que obstaculizan el desarrollo doctrinario de nuestro movimiento, consiste en una actitud de grave responsabilidad espiritual.



 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita