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Estudio Metódico del Pentateuco Kardeciano Português   Inglês

Año 5 254 – 1 de Abril de 2012       

ASTOLFO O. DE OLIVEIRA FILHO                    
aoofilho@gmail.com
                                      
Londrina,
Paraná (Brasil)  
Traducción
Maria Reyna - mreyna.morante@gmail.com
 

 

El Libro de los Médiums 

Allan Kardec 

 (Parte 4)
 

Continuamos con el estudio metódico de “El Libro de los Médiums”, de Allan Kardec, la segunda de las obras que componen el Pentateuco Kardeciano, cuya primera edición fue publicada en 1861. Las respuestas a las preguntas sugeridas para debatir se encuentran al final del texto.

Preguntas para debatir 

A. ¿Se encuentra la forma humana también en otros mundos?

B. ¿Cuál es la causa de la duda de los hombres sobre las manifestaciones de los Espíritus?

C. ¿Qué le ocurre al hombre después de la muerte física?

D. ¿Qué es el hombre?

Texto para la lectura

31. Los Espíritus buenos no infunden jamás la acritud y la cizaña. (Ítem 50)

32. La opinión espírita de que el alma y el periespíritu son dos cosas distintas está basada en la enseñanza de los Espíritus esclarecidos, que jamás ha variado sobre este particular. No inventamos ni suponemos el periespíritu para explicar los fenómenos; su existencia nos fue revelada por los Espíritus y la observación nos la confirmó. (Ítem 50)

33. Esa opinión se apoya además en el estudio de las sensaciones de los Espíritus y sobre todo en el fenómeno de las apariciones tangibles que implicaría, según la opinión contraria, la solidificación y disgregación de las partes constituyentes del alma, y en consecuencia, su desorganización. (Ítem 50)

34. La naturaleza íntima del alma nos es desconocida. Cuando decimos que el alma es inmaterial es necesario entender tal afirmación en su sentido relativo y no absoluto, porque la inmaterialidad absoluta sería la nada; ahora bien, el alma es algo. Lo que queremos decir es que su esencia es de tal modo superior, que no tiene ninguna analogía con lo que llamamos materia, y por ello para nosotros es inmaterial. (Ítem 50)

35. Los Espíritus adelantados todavía no han podido sondear la naturaleza del alma; ¿cómo podríamos hacerlo nosotros? Por consiguiente, es perder el tiempo querer escudriñar el principio de las cosas que, como se ha dicho en El Libro de los Espíritus, está en los secretos de Dios. (Ítem 51)

36. La idea que nos formamos de los Espíritus vuelve incomprensible, a primera vista, el fenómeno de las manifestaciones. Tales manifestaciones sólo pueden producirse por la acción del Espíritu sobre la materia; por eso, los que creen que el Espíritu es la ausencia de toda materia se preguntan, y con alguna apariencia de razón, cómo puede actuar materialmente. (Ítem 53)

37. Pero el Espíritu no es una abstracción; es un Ser definido, limitado y circunscrito. Cuando está encarnado en el cuerpo, constituye el alma; cuando lo deja tras la muerte, no sale sin su envoltura. Todos nos dicen que conservan la forma humana y, en efecto, cuando se nos aparecen los vemos bajo esta forma. (Ítem 53)

38. La muerte es la destrucción, o mejor dicho, la disgregación de la envoltura grosera – el cuerpo físico, que el alma abandona en ese momento; la otra envoltura, llamada periespíritu, se libera del cuerpo y sigue al alma, que de esta manera percibe tener siempre una envoltura. Esta última, aún siendo fluídica, etérea, vaporosa, invisible para nosotros en su estado normal, no es más que materia. (Ítem 54)

39. Se dice que el Espíritu es una llama, una chispa, una centella; esto se debe entender del Espíritu propiamente dicho, como principio intelectual y moral, y al cual no se le podría atribuir una forma determinada; pero en cualquier grado que él se encuentre, está siempre revestido de una envoltura o periespíritu, cuya naturaleza se va eterizando a medida que se purifica y se eleva en la jerarquía. De esta manera, la idea de la forma es inseparable de la del Espíritu y no concebimos a la una sin el otro. (Ítem 55)

40. El periespíritu es, entonces, parte integrante del Espíritu, como el cuerpo es parte integrante del hombre; pero el periespíritu solo no es el Espíritu, como el cuerpo solo no es el hombre, porque el periespíritu no piensa. Él es para el Espíritu lo que el cuerpo es para el hombre; es el agente o el instrumento de su acción. (Ítem 55)

Respuestas a las preguntas propuestas

A. ¿Se encuentra la forma humana también en otros mundos?

La forma humana, con excepción de algunos detalles, se encuentra en los habitantes de todos los globos; por lo menos es lo que dicen los Espíritus. Es igualmente la forma de todos los Espíritus no encarnados que poseen sólo el periespíritu como envoltura; y es también aquella bajo la cual en todos los tiempos se representaron a los ángeles o Espíritus puros. Podemos concluir, por lo tanto, que la forma humana es el tipo de todos los seres humanos de cualquier grado al que pertenezcan. (El Libro de los Médiums, ítem 56)

B. ¿Cuál es la causa de la duda de los hombres sobre las manifestaciones de los Espíritus?

Una causa que contribuye a fortalecer la duda, en una época tan positiva como la nuestra en que se exige cuenta de todo, en que se quiere saber el porqué y el cómo de cada cosa, es la ignorancia de la naturaleza de los Espíritus y de los medios por los cuales pueden manifestarse. Adquirido ese conocimiento, el hecho de las manifestaciones nada tiene de sorprendente, y entra así en el orden de los hechos naturales. De hecho, la idea que nos hacemos de los Espíritus vuelve incomprensible a primera vista, el fenómeno de las manifestaciones. Estas sólo pueden producirse por la acción del Espíritu sobre la materia. Pero si creen que el Espíritu es la ausencia de toda materia, preguntan con relativa razón, cómo puede obrar materialmente. Ahora bien, ahí está el error, porque el Espíritu no es una abstracción, es un Ser definido, limitado y circunscrito. (Obra citada, ítems 52 y 53.)

C. ¿Qué le ocurre al hombre después de la muerte física?

En el momento en que dejan la vida corpórea, los individuos están en un estado de turbación; todo es confuso a su alrededor; ven su cuerpo perfecto o mutilado según el género de su muerte; por otro lado, ven y se sienten vivos; algo les dice que ese cuerpo era el de ellos y no comprenden que estén separados de él. Continúan viéndose con su forma primitiva y esta visión produce en algunos, durante cierto tiempo, una singular ilusión: la de creerse todavía encarnados; les falta la experiencia de su nuevo estado para convencerse de la realidad. Pasado ese primer momento de turbación, el cuerpo se vuelve para ellos un vestido viejo del cual se despojaron y del que no sienten nostalgia; se sienten más ligeros y como liberados de una carga; ya no experimentan dolores físicos y son muy felices de poder elevarse, atravesar el espacio, tal como lo hicieron muchas veces en sus sueños. Sin embargo, a pesar de la ausencia del cuerpo, confirman su personalidad; tienen una forma que no les molesta; tienen en fin, la conciencia de su yo y de su individualidad. (Obra citada, ítem 53.)

D. ¿Qué es el hombre?

Numerosas observaciones y hechos irrecusables nos condujeron a la conclusión de que hay en el hombre tres elementos: 1º, el alma o Espíritu, principio inteligente en el cual reside el sentido moral; 2º, el cuerpo, envoltura grosera, material, que le reviste temporalmente para que pueda desempeñar ciertos encargos providenciales; 3º, el periespíritu, envoltura fluídica, semimaterial, que sirve de vínculo entre el alma y el cuerpo. La muerte es la destrucción, o mejor dicho, la disgregación de la envoltura grosera que el alma abandona. La otra envoltura se libera y sigue al alma, que de esta manera percibe tener siempre una envoltura: el periespíritu. (Obra citada, ítem 54.)

 

 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita