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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 4  168 – 25 de Julio del 2010

 
                                                            
Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org

 

La mentira tiene las
patas cortas

 

Pedrito era un niño muy arrogante. Siempre que estaba quieto, su madre ya sabía que estaba planeando alguna cosa.

Además de travieso, Pedrito también era mentiroso.

Siempre que era sorprendido haciendo una de las suyas, inventaba las mayores mentiras para librarse de la reprensión. Dotado de bastante imaginación, Pedrito creaba historias para justificar lo que había ocurrido; generalmente echaba la culpa a Clarita, la hermana más mayor, adolescente.

Cierto día, Bilu, un bello perrito de pelo claro y grandes orejas marrones, entró en casa todo cubierto de manchas  oleosas  y  anaranjadas.  Sin  conformarse, el

animalito intentaba limpiarse, pasando desesperadamente la lengua por el cuerpo, pero sin resultado.

Cuando Julieta, la madre de Pedrito, vio el cachorro triste, deprimido y cansado, balanceó la cabeza, pensando: ¡Eso es arte de Pedrito!

Inmediatamente llamó al niño.

— ¡Pedrito! ¿Qué fue lo que tú hiciste a Bilu?

— ¿Yo? ¡Nada, mamá! ¿Qué ocurrió? — respondió él con la mayor tranquilidad.

— No mientas, hijo mío. Mira como está Bilu. ¡Desgraciado!

Y mostrando el perro al niño, preguntó:

— ¿Qué fue lo que pasó con él?

— No fui yo, mamá. ¡Fue Clarita que pasó aceite en el pelo de él! ¡Aquel que tú  usas para limpiar los muebles! — se justificó.

— No mientas, Pedrito. Tú hermana está en la casa de la abuela desde ayer, ¿lo olvidaste? Y ella no haría una cosa de esas.

El niño desvío los ojos, como siempre hacía cuando estaba mintiendo, y sugirió:

— Entonces creo que fue él mismo que lo cogió del armario.

— ¿Bilu?... ¿Como haría él eso? — preguntó la madre haciendo cara de quien no estaba creyéndoselo.

— Bien, creo que Bilu se subió en el banco, abrió la puerta del armario, quitó la tapa del cristal y se pasó el aceite en todo el cuerpo.

— ¿Es eso mismo lo que tú quieres que yo crea, Pedrito? — replicó la madre, muy seria, con las manos en la cintura.

El niño bajó la cabeza, avergonzado. Sabía que su historia no había colado.

— Está bien, mamá. Fui yo que pasé aceite por él. Quería ver a Bilu con los pelos brillantes y bronceados, ¡como Clarita hace cuando toma el sol!...

— Menos mal que decidiste decir la verdad, hijo mío. La mentira es una cosa muy fea. Quién miente queda desacreditado. Llega un momento en que nadie más confía en él. La verdad puede ser difícil en un primer momento, pero cuando la gente la enfrenta, el alivio es muy grande. Quién anda con la conciencia tranquila nada tiene que temer. ¿Entendiste?

Pedrito balanceó la cabeza, como estando de acuerdo.

— Y ahora, hijo mío, ¿que crees que debes hacer?

— Bien, tú siempre dices que cuando la gente se equivoca necesita reparar el mal que hizo.

— Eso mismo. Sólo que, dependiendo del error, no tenemos cómo notarlo en aquel momento. Por ejemplo: si tú hubieras pasado algún producto que causara daño a la salud de Bilu, ¡él podría quedar enfermo y tal vez muriese!

El niño, al que le gustaba mucho el perro, estaba a punto de llorar percibiendo el mal que le podría haber causado.

— Tú tienes razón. Voy a ser más responsable. Finalmente, ya tengo casi ocho años. ¿Cuál será mi castigo?

— No voy a darte castigo, hijo mío. Quiero que tú pienses y decidas lo que debes hacer.

— Gracias, mamá. Confía en mí. Voy a cuidar de Bilu.

Pedrito se alejó corriendo y, diez minutos después, la madre miró por la ventana y vio al niño en el patio dando un baño al perrito, que parecía mucho más feliz y satisfecho.               

Tras lavar, secar y peinar al cachorro con afecto, Pedrito lo llevó para que su madre lo viera. El niño estaba contento, con expresión compenetrada y más madura.

— A partir de hoy, mamá, voy a cuidar muy bien de mi amigo Bilu. Y prometo también que no voy a mentir más a ti o a cualquier otra persona.

                                                                  
 
                                                                   Tía Célia 


 



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Revista Semanal de Divulgación Espirita