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Año 3 127 – 4 de Octubre del 2009


 

Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org
 

La educación y su papel junto a los niños y a los jóvenes

 
 
Cairbar Schutel llevaba para su casa a los enfermos sin techo que llegaban a Matão (SP) y de ellos cuidaba con el amor y la dedicación que ya se hicieron conocidos de los espíritas.

Cuando, sin embargo, percibía que la persona no tendría condiciones de recuperarse de la enfermedad, él la preparaba para esa transición que tanta gente teme y que conocemos con el nombre de muerte.

La existencia de un Padre justo y misericordioso, la continuidad de la vida, la inmortalidad del alma, las vidas sucesivas, las condiciones de vida en el plano espiritual, he ahí temas que ciertamente el notable apóstol explicaba ante los ojos atentos y esperanzados de sus tutelados, preparándolos para esa etapa nueva que tiene inicio con la muerte del cuerpo.

El Codificador del Espiritismo se refirió cierta vez a ese asunto cuando explicó porqué debemos hablar de Espiritismo a los más viejos. Y dijo que la finalidad de tal conversación era exactamente hacer lo que Cairbar haría más tarde, y también, en la pequeñita ciudad de Matão. En el mismo texto, Kardec explicó también por qué debemos hablar de Espiritismo a los más jóvenes, afirmando que el objetivo de tratar del asunto con los niños es prepararlos para la vida y suministrarles subsidios importantes para que consigan cumplir en la Tierra lo que fue planeado en el plan espiritual.

El recuerdo de este asunto nos vino a la mente al leer el texto que Claudia Werdine escribió en la edición pasada a propósito de su encuentro con los jóvenes espíritas de Holanda.

Asistimos hoy, no sólo en Europa, sino ciertamente en el mundo todo, a una juventud aterrorizada, cuya desorientación transcurre de una serie de factores, de entre los cuales la cuestión de la educación tiene que ser puesta en primer lugar.

La vida, conforme una bella imagen usada por Emmanuel, puede ser comparada a una larga jornada. Lo que llamamos como juventud equivaldría a la salida de un barco, que va a enfrentar todas las intemperies y vicisitudes inherentes a un tardado viaje. La vejez correspondería a la llegada del barco al puerto.

¿Y la infancia? La infancia, conforme palabras usadas por Emmanuel, sería la fase de la preparación, en que marineros expertos cuidarían para que, cuando llegara el momento, los infantes tengan condiciones de conducir el barco hasta su destino.

Falta, evidentemente, a los padres del mundo en que vivimos un conocimiento más profundo acerca de estas cosas.

Es preciso que ellos entiendan que nuestros hijos son viejos conocidos que vuelven al escenario terrestre para dar continuidad a proyectos inacabados, notando los equívocos cometidos, reparando las tonterías practicadas y buscando edificar un mundo nuevo en que la felicidad de unos no dependa de la desgracia de los otros.

Sería importante también que ellos supieran porqué nacemos, porqué vivimos, cuál es el objetivo de nuestro estadio aquí, una vez que, conocedores de eso, podrían realizar con más eficiencia y talento el papel que les compete, como educadores que son de aquellos que Dios les confió en la presente existencia.

San Agustín (Espíritu), dirigiéndose a los hombres de la Tierra, pidió cierta vez que comprendiéramos que, cuando producimos un cuerpo, el alma que en él encarna viene del espacio para progresar, y que es preciso poner todo nuestro amor en aproximar a Dios esa alma. Esa es la misión que nos está confiada y cuya recompensa recibiremos, si fielmente la cumplimos.

Recordemos – adujo el mismo Espíritu – que a cada padre y a cada madre preguntará Dios: ¿Qué hiciste del hijo confiado a vuestra guardia? Si por culpa vuestra él se conservó atrasado, tendréis como castigo verlo entre los Espíritus sufridores, cuando de vosotros dependía que fuera dichoso. Entonces, vosotros mismos, asediados de remordimientos, pediréis os sea concedido notar vuestra falta; solicitareis, para vosotros y para él, otra encarnación en que lo cerquéis de mejores cuidados y en que él, lleno de reconocimiento, os retribuirá con su amor. (El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV, ítem 9.)


 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita