WEB

BUSCA NO SITE

Edição Atual
Capa desta edição
Edições Anteriores
Adicionar
aos Favoritos
Defina como sua Página Inicial
Biblioteca Virtual
 
Biografias
 
Filmes
Livros Espíritas em Português Libros Espíritas en Español  Spiritist Books in English    
Mensagens na voz
de Chico Xavier
Programação da
TV Espírita on-line
Jornal
O Imortal
Estudos
Espíritas
Vocabulário
Espírita
Efemérides
do Espiritismo
Esperanto
sem mestre
Divaldo Franco
Site oficial
Raul Teixeira
Site oficial
Conselho
Espírita
Internacional
Federação
Espírita
Brasileira
Federação
Espírita
do Paraná
Associação de
Magistrados
Espíritas
Associação
Médico-Espírita
do Brasil
Associação de
Psicólogos
Espíritas
Cruzada dos
Militares
Espíritas
Outros
Links de sites
Espíritas
Esclareça
suas dúvidas
Quem somos
Fale Conosco
 
 
Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 3 105 – 3 de Mayo del 2009

 
                                                            
Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org

 

El susto

 
 

Rafael era un niño muy nervioso. De esos que no paran un minuto.

Desde pequeño daba mucho trabajo a los padres, que vivían teniendo que protegerlo a cada instante.

Siendo así, con todos los cuidados, Rafael cumplió ocho años y ya se había roto la pierna dos veces, salido el hueso del brazo, herida la cabeza dos veces llevando varios puntos. Eso sin contar las caídas, los arañazos y los sustos.

¡Uf! ¡Cuidar de Rafael no era tarea fácil!
 

Siempre tenía a alguien gritando:  

- ¡Cuidado, Rafael!

La madre le recomendaba con cariño:

- ¡Hijo mío, no corras tanto!

- ¡Mira para el agujero!

- ¡No atravieses la calle! ¡Mira la señal roja!

¡Pero qué! Rafael siempre apresurado, no prestaba atención.

Un día volviendo de la escuela, Rafael vio a un amigo del otro lado de la calle y no lo pensó. Corrió para encontrarlo. La madre, que caminaba a su lado, no consiguió detenerlo. Sólo consiguió gritar.

- ¡No, Rafel!... ¡Mira el coche!

Sin embargo, no dio tiempo. El vehículo consiguió frenar a tiempo. El conductor, asustado al ver al niño atravesar la calle corriendo, aun desvió el coche, tirando a Rafael al suelo.

Fue aquel desorden. Alguien llamó a la

ambulancia, que llevó al niño para el hospital.

Rafael permanecía dormido. Se golpeó la cabeza en el asfalto y estaba inconsciente.

Felizmente no ocurrió nada grave.

Mientras, Rafael notó que estaba en un lugar diferente. Miró alrededor y lo vio todo bonito.

En ese momento se aproximó un jovencito todo reluciente. Serio, miró para Rafael y le dijo:

- Por poco tú no conseguiste volver más pronto.

- ¿Yo? ¿Volver para donde?

- ¡Para el mundo espiritual! ¿No es eso lo que has intentado siempre? – pregunto el jovencito.
 

El niño respondió, aterrorizado:  

- ¡No!... ¡No quiero dejar a mi familia, la escuela, mis amigos, mi cuerpo!

Sereno, el muchacho consideró:

- Entonces, ten más cuidado, Rafael. Cuida bien tu cuerpo, protégelo de peligros. El es un gran amigo que tú tienes y también tu mayor tesoro en esta vida. Evita volver más pronto porque la responsabilidad será tuya.

En ese momento, Rafael despertó en el hospital.

Pronto vio las caras preocupadas del padre y de la madre. Felices por verlo despierto, ellos lloraban.

- ¡No lloréis! – dijo él – Os prometo que, de ahora en adelante, tendré más cuidado.

Y contó a los padres la conversación que tuvo con el muchacho luminoso, y ellos entendieron lo que había ocurrido con Rafael mientras estada dormido.

Era la respuesta del Señor a sus oraciones. Juntos, elevaron el pensamiento en oración, agradeciendo a Dios.

A partir de ese día, Rafael se transformó en otro niño.

Continuaba siendo un niño, saltaba, jugaba a la pelota y se divertía como cualquier otro niño de su edad, sin embargo tenía más cuidado y respeto por su cuerpo y por su vida.

                                                                  Tía Célia 

 
 



O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita