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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 2 – 96 – 1º de Marzo del 2009

 
                                                            
Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org

 

La niña malcriada

 
 

Anita era una niña muy malcriada.

Por cualquier motivo se irritaba, se tiraba al suelo gritando, golpeando con los pies.

Rasgaba todos los libros y revistas que poseía, rompía los juguetes caros que ganaba como regalos de los padres y peleaba siempre con los pocos amiguitos que aun tenía.

Resultado: en poco tiempo se quedó sola. Se volvió una niña tan desagradable que nadie quería jugar más con ella.

Sus padres, cariñosos y pacientes, le decían con blandura:

- ¡No hagas eso, Anita!

- ¡No rompas la muñeca que es tan bonita!

- ¡No rasgues el libro que tiene una historia tan interesante!

- ¡No golpees a tus amiguitos!

¡Pero, que! No servía aconsejar.

Después Anita se ponía a berrear que quería otros juguetes, libros y revistas nuevas, y no paraba de gritar mientras no le satisficiesen sus gustos.

Su madre, muy bondadosa, ya estaba desanimada. No sabía como obrar.

Anita era su única hija y la crió con exceso de cariño, atendiéndole los menores caprichos. Ahora quería volver atrás y no lo conseguía.

Desesperada, elevaba los ojos en oración, suplicando a Dios que la ayudase, mostrándole cómo obrar, inspirándole qué actitud tomar. Ya no sabía qué hacer más. No servían consejos y orientaciones. Anita no cambiaba.

Cierto día Anita había sido excesivamente maleducada. Su madre, en lágrimas, oró con especial fervor suplicando la ayuda del Padre Celestial.

En aquella noche, Anita se durmió.

Durmió y soñó.

Soñó que se encontraba en su propia casa. Vio su cuerpo adormecido, sin saber explicar lo que estaba ocurriendo.

Se sintió más ligera y “volando” dentro del cuarto. Al principio lo encontró gracioso y se divirtió con la situación.

Después, sin embargo, vio entrar en el cuarto a unos seres extraños que querían pelear con ella. La acusaban de ser mala, egoísta y prepotente.

Mirándolos bien, comenzó a reconocer a aquellas figuras. Eran personajes de los libros y revistas que rasgaba. Estaban enfadados porque habían perdido su casa. Con la destrucción de los libros y revistas no tenían dónde estar.

Anita, asustada, procuraba defenderse, gritando socorro, pero nadie apareció para ayudarla.

Intentó salir del cuarto, huyendo por la puerta abierta, pero en ese instante aparecieron sus juguetes avanzando en su dirección. Todos estropeados, faltándoles piezas, la muñeca con la pierna rota, el carrito sin ruedas, el perrito sin orejas… ¡En fin, todos en pedazos!

Aterrorizada, vio a sus amiguitos que veían la escena por la ventana. Grito socorro, suplicó ayuda, pero ellos se reían de sus apuros.

Grito para su madre y su padre, pero parece que no oían su pedido de ayuda.

Después de mucho gritar, se acordó de que su madre la enseñó a orar.

Entonces, con lágrimas suplicó:

- ¡Jesús,ayúdame! No sabía cuanto mal estaba haciendo. ¡Quiero mejorarme!

En ese instante sintió que caía en un agujero muy hondo y despertó en su cama. La madre, aprensiva, estaba a su lado mirándola preocupada.

- ¿Qué paso, hija mía? ¡Tú estabas teniendo un sueño tan agitado!

Anita se abrazó a la madre diciéndole, llorando:

- ¡Ah! ¡Mamá, si tú supieras! Tuve una terrible pesadilla. Pero me sirvió de lección. Prometo ser diferente de hoy en adelante.

Y realmente, a partir de ese día, para sorpresa general, Anita se volvió una niña dócil, buena y obediente. Pasó a cuidar de sus libros, revistas y juguetes con cariño, y nunca más peleó con sus amiguitos ni faltó el respeto a ninguna persona.

                                                                  Tía Célia 
 

 



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Revista Semanal de Divulgación Espirita