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Año 11 - N° 515 - 7 de Mayo de 2017
Traducción
Elza Ferreira Navarro - mr.navarro@uol.com.br
 

 
 

La transición planetaria
y sus condicionantes


“Por ahora, sin embargo, lo que yo quiero frisar es qué si allá, en las regiones más sombrías de la espiritualidad, preponderan tales instrumentos (tempestades) para el restablecimiento del equilibrio donde brotan entidades contrarias al bien como vimos, ¿no sería, por lo tanto, concebible haber algo semejante en nuestra esfera?”(Anselmo Ferreira Vasconcelos, autor del especial “¿Las tempestades eléctricas ayudan a mejorar la psicosfera?, uno de los relieves de esta edición.)

Emmanuel y André Luiz hablan en sus obras de las tempestades como recurso para depurar las energías miasmáticas de las formas-pensamientos que intoxican el ambiente, como también purificar el medio ambiente saturado de bacterias y otros morbos suspensos en el aire.

“Creo que esas tempestades, debido al volumen, intensidad, y mortandad que tienen causado, deben estar unidas a otros aspectos de naturaleza eminentemente espiritual. Mi hipótesis reside en el hecho de que en el plan espiritual, particularmente en las zonas umbralinas, son usados recursos semejantes para ablandar el acúmulo de contenido vibratorio negativo.”(Anselmo Ferreira Vasconcelos, en el artículo mencionado).

No existen dudas de que la obra de André Luiz, en especial, corrobora tal idea. Para que abordemos las propiedades magnéticas y eléctricas de los rayos, necesitamos, por falta de conocimiento, de concurso de especialistas que puedan proveernos elementos capaces de elucidar el aspecto material del fenómeno.

“Al fin y al cabo, el material mental de la humanidad actualmente encarnada está lejos de expresar claridad, lucidez y pureza. Si tuviésemos la capacidad de ver nuestras formas-pensamientos quedaríamos escandalizados con aquello que esparcimos en el ambiente espiritual. Los tiempos presentes han sido extremamente duros para la humanidady no hay razón para creer que serán minimizados tan pronto. Estamos en pleno proceso de transición planetaria.” (Anselmo Ferreira Vasconcelos).

Se habla mucho en transición planetaria como si ese proceso estuviese cerca de concretizarse. Los que piensan así parece que no leen periódicos ni ven los noticiarios transmitidos por la tele.

La situación social, espiritual y moral de los habitantes de nuestro globo nos revela que, infelizmente, estamos muy lejos de la conclusión de un proceso cuya evolución es normalmente lenta y, exactamente por eso, deberá exigir, si realmente iniciado, por lo menos 1.000 años.

“Así siendo, conjeturo que las tempestades eléctricas en nuestra dimensión pueden tener la función de ayudar – a pesar de los daños materiales que ocasionan y de las vidas que siegan - en la eliminación de las emanaciones mentales viciadas, descontroladas y enfermas que emitimos diariamente. Si la tesis esté correcta, ellas serían instrumentos depurativos debidamente accionados por la espiritualidad para auxiliar en la profilaxis de la psicosfera cuando ésta alcanza sitios elevados de inestabilidad. Creo aún que sin tal recurso probablemente no conseguiríamos sobrevivir, tamaña la opresión que sentiríamos en el íntimo de nuestras almas. Dejo absolutamente claro, finalmente, que en ese texto sólo discuto posibilidades e hipótesis a ser confirmadas o no por nuestras luminarias.” (Anselmo Ferreira Vasconcelos) 

El articulista tiene razón. Esas conjeturas no pasan, realmente, de conjeturas, aunque sepamos que los fenómenos atmosféricos no ocurren aleatoriamente, sin el control o la participación de los agentes espirituales de eso incumbidos.

Es importante, sin embargo, acordarnos que el progreso de un planeta es resultado directo del progreso espiritual de sus habitantes, y no el contrario.

Es por eso que ni mismo Jesús se atrevió a establecer una fecha cuando, al referirse exactamente a la transición de nuestro orbe, dijo que solamente el Padre, más nadie, sabría decir cuando tales cosas se darán.



 


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