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Año 11 - N° 512 - 16 de Abril de 2017
RICARDO BAESSO DE OLIVEIRA
kargabrl@uol.com.br
Juiz de Fora, MG (Brasil)
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 
 

Ricardo Baesso de Oliveira

El cumplimiento
de la Ley


Allan Kardec estableció que muchos acontecimientos que se verifican en nuestras vidas fueron anteriormente previstos, aunque sea posible, hasta cierto punto, el cambio de ruta y la alteración de compromisos reencarnatorios. Eventos como el lugar de nacimiento, boda, hijos, profesión, grandes dolores,como enfermedades congénitas y otras, además del género de muerte y de la época aproximada de la desencarnación frecuentemente fueron previamente escogidos, conocidos, esperados o previstos por los patronos de la evolución terrestre. Encontramos en la obra kardecista citas esclarecedoras:

 

Los espíritus cuya similitud de gustos, identidad de progresso moral y afectos llevan a reunirse, forman familias (ESSE, cap. XIV, ítem 09)

 

¿A qué se deben las vocaciones de ciertas personas y su voluntad de seguir una carrera en vez de otra? – Me parece que podéis responder por vosotros mismos a esta cuestión. ¿No es consecuencia de todo lo que dijimos sobre la elección de las pruebas y sobre el progreso realizado en una existencia anterior? (LE, ítem 270)

 

No rechaceis al hijo que en el brazo repele la madre, ni aquel que os paga con la ingratitud: no fue el acaso que lo hizo así y que se lo envió. (ESE, cap. XIV, ítem 09)

 

El nacimiento en tal o tal familia no es un efecto del acaso, pero depende muchas veces de la elección hecha por el Espíritu (Lo que es el Espiritismo, cap. III, ítem 122).

 

Solamente los grandes dolores, los acontecimientos importantes y capaces de influir en tu evolución moral son previstos (LE, ítem 859-a)

 

Es en la muerte que el hombre es sometido, de una manera absoluta, la inexorable ley de la fatalidad, porque él no puede huir al decreto que fija el término de su existencia, ni al género de muerte que debe interrumpirle el curso. (LE, ítem 872)

 

Las situaciones de naturaleza cármica relacionadas anteriormente, y muchas otras, van a verificarse en el transcurso de necesidades evolutivas de la entidad reencarnante, relacionadas con la naturaleza de faltas cometidas, con imperfecciones que necesita depurar, con afectos que necesita rehacer o con conocimientos que desea acumular. En suma: vivir determinada experiencia para el crecimiento espiritual. Deducimos con Kardec:

 

El Espíritu puede querer nacer entre gente de mala vida para luchar contra el instinto de vandalismo (LE, ítem 260).

 

Unos pueden imponerse una vida de miserias y privaciones, para intentar soportarla con coraje; otros experimentar las tentaciones de la fortuna y del poder (LE, ítem 264).

 

Renacer en el mismo medio en que vivió, y encontrarse en relación con las mismas personas, a fin de reparar el mal que les haya hecho (ESE, cap. V, ítem 11).

 

Vivir entre pueblos atrasados para hacer avanzarlos más deprisa (LE, ítem 273).

 

Vivir la experiencia

 

Kardec estabelece, de forma precisa, el objetivo fundamental de la reencarnación en el ítem 634 de El Libro de los Espíritus

[...] Si no existieran montañas, no comprendería el hombre que se puede subir y descender; si no existieran rocas, no comprendería que hay cuerpos duros. Es preciso que el Espíritu adquiera experiencia; es preciso, por lo tanto, que conozca el bien y el mal. He ahí por qué se une al cuerpo. 

Evolucionar es, sobre cierto aspecto, como aprender a andar en bicicleta. ¿Quién desea hacerlo se inscribe en un curso o compra el manual “Como andar en bicicleta”? ¡No! El aprendiz sube en la bicicleta e intenta andar. Caerá algunas veces, hasta que su cerebro, “domando” los circuitos relacionados al equilibrio, automatice el processo y aprenda a andar sin caer.


¡Sólo se evoluciona viviendo la experiencia! Podemos no condolernos con alguien que pierde un ente querido; intentar, incluso, colocarnos en el lugar de él, pero vivir la realidad de la pérdida es posible solamente a aquel que pierde de verdad. Imaginar el dolor de una hérnia de disco es algo que nuestra mente puede intentar, pero sólo quién la tenga sabe de verdad lo que significa.


La reencarnación, entonces, nos permite vivir experiencias diferentes, que son siempre experiencias de crecimiento. La experiencia de la escasez y la experiencia de la abundancia, del desafío profesional y de la perseverancia, de la frustración afectiva, de la enfermedad crónica y de la limitación de uno de los sentidos. Son muchas las experiencias donde se inserta la individualidad reencarnante: la soledad, la belleza, la fealdad, el desempleo, el desastre financiero, la genética desfavorable de las adicciones sociales y de la dependencia química, el ambiente pernicioso, el mal ejemplo de los padres etc.

 

¿Cómo se dan los hechos?

 

Los noticiários informan:


Un actor famoso muere ahogado.

Cae el avión y mueren decenas de atletas.

La gestante contrae “zica” y el hijito nace con grave deficiencia intelectual.

Una adolescente “coge” el Dengue y muere de hemorragia generalizada.

El trabajador rural es picado por una cascabel y muere de insuficiencia renal.


Comprender como ocurren los hechos cármicos es, muchas veces, extremadamente difícil, pero podemos reflexionar sobre eso e intentemos, por lo menos en parte, entender el mecanismo responsable por el cumplimiento de la ley de causa y efecto. Léon Denis, en Después de la muerte, coloca que las leyes inflexibles de la naturaleza, o antes, los efectos resultantes del pasado, deciden la reencarnación. El Espíritu inferior, ignorante de esas leyes, poco cuidadoso de su futuro, sufre maquinalmente su suerte y viene a tomar su lugar en la Tierra bajo el impulso de una fuerza que ni aún busca conocer. André Luiz, por su parte, es también explícito al afirmar, en el libro Entre la Tierra y el cielo, cap. 28, que la ley de causa y efecto se ejecuta sin necesidad de vigilancia de nuestra parte. Añade André Luiz, en Obreros de la vida eterna, cap. XI:

 

 [...] reencarnaciones y desencarnaciones, de modo general, obedecen simplemente a la ley. Hay principios biogenéticos orientando el mundo de las formas vivas en la ocasión del renacimento físico [...]


Por lo expuesto, podemos exponer que estamos todos nosotros incluidos en un automatismo físico-psíquico regido por el orden natural, que registra, evalúa y responde a todos nuestros actos. Actitudes saludables, útiles y nobles nos colocan en una reacción de causalidad promotora de bienestar. Al contrario, actitudes enfermizas, personalistas y que interfieren negativamente en el bienestar de los otros atraen para nosotros, como recurso educativo de la ley, situaciones de angustia y sufrimiento. ¿Pero cómo se da eso? Presentamos como hipótesis de trabajo tres posibles mecanismos.

 

Mecanismo I: la zona de remordimiento

 

Cuando Jesús dijo, según Juan 8,34, que quién comete el pecado es esclavo del pecado buscó demostrar que nuestros errores caminan con nosotros, impresos que quedan en nuestra mente, hasta que nos liberemos de ellos. André Luiz se valió, en el libro Evolución en dos mundos, parte II, cap. XIX, de la expresión “zona de remordimiento”. Comenta André que, de modo general, la etiologia de las molestias crónicas, que afligen el cuerpo físico y lo dilaceran, guarda en el cuerpo espiritual sus causas profundas. El registro de esa o de aquella falta grave crea en la mente un estado anómalo que él clasifica como “zona de remordimiento”, en torno a la cual la onda viva y continua del pensamiento pasa a enredarse en circuito cerrado sobre sí misma, con reflejo permanente en la parte del vehículo físico conectado al recuerdo de las personas y circunstancias asociadas al error de nuestra autoría. Establecida la idea fija sobre ese “nódulo de fuerzas mentales desequilibradas”, es indispensable que acontecimientos reparadores se nos contrapongan al modo enfermizo de ser, para que nos sintamos exonerados de ese o de aquel fardo íntimo, o exactamente redimidos ante la Ley. Añade el autor que esas enquistaciones de energías profundas, en el interior de nuestra alma, expresan las llamadas deudas cármicas, por afiliarses la causas infelizes que nosotros mismos plasmamos en la senda del destino, y que son perfectamente transferibles de una existencia para otra. Así, prosigue el autor, el remordimiento provoca distonias diversas en nuestras fuerzas recónditas, desarticulando las sinergias del cuerpo espiritual, creando predisposiciones mórbidas para esa o aquella enfermedad.


Algunos hechos cármicos pueden ser explicados por el mecanismo expuesto. Veamos un ejemplo: determinado Espíritu se comprometió, en existencias pasadas, con el abuso de bebidas alcohólicas y cometió fallos morales en virtud de esa adicción, perjudicando a muchas personas. Él podrá reencarnar entonces com marcas en las áreas del periespíritu que son responsables por la vitalización del aparato digestivo. Esas marcas estarán creando una predisposición a la aparición de enfermedades, como la gastritis crónica o disfunciones hepáticas. Así, el Espíritu reencarna con “puntos débiles” en su periespíritu, que determinan los órganos que estarán más predispuestos a enfermar. Si el Espíritu va a enfermar, o no eso puede depender, naturalmente, del estilo de vida y de la conducta moral que adoptara.
 

El concepto equivalente puede ser aplicado a la génesis de ciertos trastornos mentales, pues el cerebro es un órgano como otro cualquiera. Así, si en el pasado, el Espíritu adquirió débitos en virtud del mal uso de sus atributos intelecto morales, puede crear marcas cármicas en su periespíritu en la región correspondiente al cerebro. Al reencarnar, traerá consigo tendencias a desequilibrios químicos en sus neurotransmisores cerebrales. Si ese desequilibrio neuroquímico se verifica, la Individualidade reencarnada podrá venir a padecer de enfermedades dichas “mentales” (que en verdad son cerebrales), como la depresión, lo transtorno obsesivo-compulsivo, las fobias, a esquizofrenia etc. Obviamente que más allá dos fatores cármicos precisan ser considerados los fatores actuales, muchas vezes tan o más importantes que los fatores pasados.

 

Mecanismo II: sugestión pos-hipnótica

 

En la Revista Espírita de marzo de 1858, Kardec se reporta a una carta recibida de uno de sus lectores, que dice lo siguiente:

 

 “El mes de septiembre último, una embarcación ligera, haciendo la travesia de Dunquerque a Ostende, fue sorprendida por la noche por el mal tiempo; el barco volcó y, de las ocho personas que allá estaban cuatro perecieron; las otras cuatro, en el número de las cuales me encontraba, consiguieron mantenerse sobre la quilla. Quedamos la noche entera en esa horrible posición, sin otra perspectiva sino esperar la muerte, que nos parecía inevitable y de la cual ya experimentábamos todas las angustias. Al romper del día, teniendo el viento empujándonos para la costa, pudimos ganar la tierra a nado. ¿Por qué en ese peligro, igual para todos, sólo cuatro personas sucumbieron? Notad que, a mi respecto, es la sexta o séptima vez que escapo de un peligro tan inminente y más o menos en las mismas circunstancias. Soy llevado realmente a creer que una mano invisible me protege. ¿Qué hice para merecer eso? No sé bien; soy alguien sin importancia y sin utilidad en este mundo y no me vanglorio de valer más que los otros; lejos de eso: entre las víctimas del accidente había un digno eclesiástico, modelo de virtudes evangélicas, y una venerable hermana de San Vicente de Paul, que iban a cumplir una santa misión de caridad cristiana. La fatalidad parece desempeñar un gran papel en mi destino. ¿Los Espíritus no estarían allí para alguna cosa? ¿Sería posible obtener de ellos una explicación a ese respecto, preguntándoles, por ejemplo, si son ellos que los provocan o alejan los peligros que nos amenazan?”

           

Conforme el deseo de su correspondiente, Kardec dirigió algunas preguntas al Espíritu San Luis. Destacamos algunas de ellas:

 

¿Cuando un peligro inminente amenaza a alguien, es un Espíritu quién dirige el peligro, y cuándo de él escapa, es un otro Espíritu que lo aleja?


R.: Cuando un Espíritu se encarna, escoge una prueba; eligiéndola, se establece una especie de destino que no puede más conjurar, una vez que a él está sometido; hablo de las pruebas físicas. Conservando su libre-albedrío sobre el bien y el mal, el Espíritu es siempre señor de soportar o de repeler la prueba [...] 

 

¿La fatalidad que parece presidir a los destinos materiales de nuestra vida también es resultante de nuestro libre albedrío?
 

R.: Tú aún escogiste tu prueba. Mientras más ruda ella sea y mejor a soportas, tanto más te elevarás. Los que pasan la vida en la abundancia y en la ventura humana son Espíritus pusilánimes, que permanecen estacionarios. Así, el número de los desafortunados es muy superior al de los felices de este mundo, atento que los Espíritus, en su mayoría, buscan las pruebas que les sean más provechosas. Ellos ven perfectamente bien la futilidad de vuestras grandezas y gozos. Añade que la más dichosa existencia es siempre agitada, siempre perturbada, aún cuando hubiera ausencia del dolor.

        

Comprendemos perfectamente esa doctrina, pero eso no nos explica si ciertos Espíritus ejercen una acción directa sobre la causa material del accidente. Supongamos que un puente se desmorone en el momento en que un hombre pasa sobre ella. ¿Quién impulsó al hombre a pasar por ese puente?
 

R.: Cuando un hombre pasa sobre un puente que debe caer, no es un Espíritu que lo lleva a pasar allí, es el instinto de su destino que lo conduce a ello.

 

¿Pueden los Espíritus advertirnos directamente de un peligro? He ahí un hecho que parece confirmarlo: Una mujer salió de casa y seguía por el bulevar. Una voz íntima le dice: Va aunque; vuelve para tu casa. Ella duda. La misma voz se hace oír varias veces; entonces ella vuelve; pero, pensando mejor, se dice a sí misma: ¿Qué voy a hacer em mí casa? Acabo de salir de allá; a buen seguro es efecto de mi imaginación. Entonces, continúa su camino. Algunos pasos más adelante, una viga que quitaban de una casa le alcanza la cabeza y la derrumba, inconsciente. ¿Qué voz era aquella? ¿No era un presentimiento de lo que iba a ocurrir a esa mujer?
 

R.: La voz del instinto; ningún presentimiento, de hecho, presenta tales carácteres: son siempre libres.

 

¿Qué entendeis por voz del instinto?
 

R.: Entiendo que, antes de encarnar, el Espíritu tiene conocimiento de todas las fases de su existencia; cuando estas fases tienen un carácter fundamental, conserva él una especie de impresión en su foro íntimo y tal impresión, despertando cuando el momento se aproxima, se hace presentimiento.

 

Esa voz del destino, o sea, algo que despierta cuando el momento se aproxima y que San Luís se vale para explicar los presentimientos, puede ser utilizada también para explicar ciertos hechos que se dan en nuestra vida, y que no tienen una explicación lógica. Así piensa Ernesto Bozzano. Bozzano cree que esos hechos pueden ser explicados a través del fenómeno de la sugerencia post-hipnótica. Veamos a través de un ejemplo en que consiste la sugerencia post-hipnótica: Un operador se dirigió al paciente hipnotizado del siguiente modo: “Diez minutos después despierta, usted sentirá un deseo ardiente de abrir su paraguas, independiente del tiempo (si sol o lluvia) e inmediatamente a continuación lo cerrara. Usted no sabrá que yo le determiné eso. Lo hará simplemente, sin ningún motivo lógico”. El paciente es despertado y en el tiempo previsto hace exactamente lo que le fue determinado, sin darse cuenta del motivo de por qué hizo lo que hizo. Según esa hipótesis, Bozzano cree que el Espíritu reencarnado busca inconscientemente las experiencias necesarias a su perfeccionamiento, a partir de sugerencias autoconstruídas en su mente y relacionadas a las pruebas y expiaciones que debe vivir. Veamos una situación práctica: Una individualidad se comprometió negativamente a través del uso de las manos. La actitud equivocada imprime en su mente la falta cometida. La necesidad de pacificar la conciencia culpable funciona como la sugerencia post-hipnótica. La entidad citada reencarna, olvidando transitoriamente el pasado, pero trae consigo la sugerencia previamente inscrita en sí misma. Cierto día, en visita a una carpintería, ella se distrae y coloca, sin darse cuenta de eso, una de las manos en una afilada cuchilla de corte, sufriendo uma grave lesión, con pérdida de algunos dedos o de toda la mano. Se cumple así, la ley de causa y efecto, a través de un automatismo físico-psíquico regido por el orden natural. Escribió Bozzano en Fenómenos premonitórios:
 

Si la existencia terrestre no representa sino un anillo de una cadena indefinida de vidas sucesivas, y si el espíritu, en la hora de su reencarnación, preestablece, él mismo – con el objetivo de una expiación, de prueba, de perfeccionamiento espiritual – los acontecimientos principales a los cuales él deberá someterse en su nueva existencia encarnada; si estos acontecimientos se borran de su memoria fisiológica en su entrada en la vida, permanecen, sin embargo, registrado en su subconsciencia, de donde emergen, un día, ellos se realizan por un proceso análogo a aquel por el cual se destacan las sugerencias post-hipnótica.

 

Mecanismo III: intervención del más allá

 

Hechos ocurren en nuestra vida donde parece obvia la actuación de entidades desencarnadas, para el bien como para mal. Kardec admitió eso en varios ítems de El Libro de los Espíritus:

 

Un hombre debe perecer; sube entonces a una escalera, ésta se quiebra y él muere. Fueron los Espíritus que hicieron quebrar la escalera, para que se cumpla el destino de ese hombre?  - En el ejemplo que citas, la escalera se quiebra porque está estropeada o no era bastante fuerte para soportar el peso del hombre; si estuviera en el destino de ese hombre morir de esa manera, ellos le inspirarían el pensamiento de subir en la escalera que debería quebrarse con su peso. (Ítem 526)

 

Un hombre debe morir por un rayo; se esconde debajo de un árbol, el rayo estalla y él muere. ¿Los Espíritus podrían haber provocado el rayo, dirigiéndolo sobre él? - El rayo estalló sobre aquel árbol, y en aquel, momento, porque el hecho estaba en las leyes de la Naturaleza. No fue dirigido para el árbol porque el hombre allá se encontraba, pero al hombre fue dada la inspiración de refugiarse en un árbol, sobre el cual él debería estallar. (Ítem 527)

 

¿Un hombre mal intencionado dispara un tiro contra otro, pero el proyetil pasa sólo de cerca, sin alcanzarlo. Un Espíritu benefactor puede haber desviado el tiro? - Si el individuo no debe ser alcanzado, el Espíritu benefactor le inspirará el pensamiento de desviarse, o aún podrá ofuscar a su enemigo, de manera a perturbar la puntería... (ítem 528)

 

El tema es complejo y está abierto a nuevas ideas. Esperamos que otros colaboradores se dispongan a examinarlo.




 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita