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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 10 - N° 500 - 22 de Enero de 2017

Traducción
Carmen Morante - carmen.morante9512@gmail.com
 

 

Un almuerzo fraterno
y diferente

Nino, de ocho años de edad, era un buen niño que se preocupaba cuando veía a las personas extendiendo la mano en las calles, suplicando por una moneda, un pan o un plato de comida. Un día, la familia conversaba después de comer, cuando el padre de Nino recordó:

- El Evangelio de Jesús nos invita a ayudar a los más necesitados. Y que, al dar una fiesta, debemos invitar no a los que puedan retribuirnos más tarde, sino a aquellos que no tienen nada.

El niño se quedó pensativo y, después de un almuerzo rápido, dio un beso a sus padres y se fue a dormir. Esa noche, Nino no pensó en otra cosa.

Al día siguiente, un lindo sábado, él ya no tenía clases. ¡Estaba en vacaciones! Entonces,  salió a la calle, con una pelota bajo el brazo, buscando a sus amigos. Encontró una familia que estaba mendigando en la calle. Se acordó de la lección de Jesús, que había leído el día anterior.

Poco después, Nino se olvidó del asunto al ver a unos amigos que llegaban a la plaza. Corrió hacia ellos y comenzaron a jugar al fútbol. Cuando terminaron el juego, Nino dijo:

- Joel, ¿vamos a jugar a mi casa?

- Me gustaría mucho, Nino, pero tengo que ayudar a mi mamá. No tenemos nada en casa y ella salió a las calles a pedir limosna – dijo Joel, muy triste.

Nino se quedó sin habla, y Joel, moviendo la ma-

no, se despidió de él. Volviendo a casa, Nino que ya tenía hambre pues casi era la hora de almuerzo, seguía pensativo:

“¡En nuestra casa sobra tanta comida! Nunca pasamos hambre y el refrigerador está lleno de cosas buenas. ¡Que difícil debe ser no tener nada para comer!”

Entonces, Nino tuvo una idea y su rostro se iluminó de alegría. Corrió detrás de Joel, que no vivía lejos y le invitó:

- Joel, ven a almorzar a mi casa con tu familia.

- ¿Tu mamá sabe esto? – preguntó el niño.

- No lo sabe, pero no importa. Siempre sobra mucha comida en nuestra casa, puedes creerlo.

- Si es así, te lo agradezco, Nino, porque en nuestra casa nunca tenemos nada para comer, solo cuando lo conseguimos. ¡Voy a avisar a mis papás!

Nino sonrió y movió la mano, despidiéndose. Corrió por la plaza y se encontró con viejitos, mujeres y niños, sentados en la calle, con las manos extendidas, esperando conseguir una moneda, o un pedazo de pan, o una fruta. Nino los invitó a todos ellos a ir a su casa, explicándoles cómo llegar.

Pronto, el frente a la casa de Nino estaba lleno de gente que esperaba algo. Nino llegó, sonrió feliz al ver a las personas, y entró para avisar a su mamá:

- ¡Mamá! ¡Invité a algunas personas a almorzar en casa hoy!

- ¿Cómo así? – preguntó la mamá.

- ¡Es que ellos no tienen nada para comer, mamá, y me quedé con pena!

La mamá fue al balcón y se llevó un susto al ver a tanta gente. Después, ante la esperanza y la sonrisa en sus rostros, se llenó de coraje para enfrentar la situación. Tenía bastante frejol cocido en el congelador, y el arroz era fácil de hacer, además de carne lista y también congelada. Entonces, solo tendría que descongelar. Y todavía faltaría una ensaladita de lechuga con tomate.

Luego, todos fueron invitados a entrar, y conducidos a una gran terraza que tenían al fondo. ¡Acomodados de la mejor manera posible, después de lavarse las manos en un fregadero, se sentaron, llenos de emoción!

¡Era la primera vez que recibían una

invitación para almorzar! Nino estaba muy feliz al ver a todos sentados, con los platos que la mamá iba trayendo y colocando al frente de cada uno. ¡La alegría de todos era contagiosa! La mamá, a ver a todos servidos, dijo:

- ¡Pueden comer! ¡Provecho!

- ¡Mamá! Creo que deberíamos hacer una oración, como siempre hacemos antes de comer, ¿no crees? – le recordó Nino.

- ¡Tienes razón, Nino! ¡Haz tú la oración, hijo mío, a quien debemos la alegría de recibir a todos nuestros amigos aquí en nuestra casa!

Y Nino, cerrando los ojos, oró:

- ¡Querido Jesús! En este día tan bendito que nos das, que tu amor se extienda a todos los que estamos aquí. ¡Que nada nos falte y que nuestros amigos puedan también sentir tu presencia y tu amor! ¡Gracias, Señor, por la comida que ahora vamos a comer!...  
 

MEIMEI

(Recibida por Célia X. de Camargo, el 28/11/2016.)

                                
  

 



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