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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 10 - N° 498 - 8 de Enero de 2017

Traducción
Carmen Morante - carmen.morante9512@gmail.com
 

 

El pedazo de mármol

 

Cierta vez, un artesano se sumergió en una laguna y en el fondo descubrió que las paredes estaban hechas por un lindo mármol colorido. Regresó a la superficie y, ayudándose con una herramienta, retiró un pedazo del lindo mármol.

Después, encantado con su pedazo de mármol, decidió hacer una pieza muy bonita. Sin embargo, el mármol sufría al ver que el buril, instrumento con punta de acero para cortar la piedra, lo lastimaba arrancándole los pedazos, mientras él gritaba de miedo y de dolor.

El hombre que lo hacía sufrir, ante los cambios que hacía en el mármol, no se daba cuenta del dolor que sentía la piedra; y el pedazo de mármol, desesperado, clamaba contra el destino mismo, hablando con Dios, Padre de todas las criaturas:

- Oh, ¿cómo puede permitir, Señor, que este hombre me rompa las carnes para usarme como pieza artística, para exponerme delante de todos, como si yo no fuera nada?...

Y el Señor le respondió:
 

- Mi querido pedazo de mármol, eres muy bello para quedarte olvidado en algún lugar cerrado, donde tus cualidades queden desconocidas al mundo.

- Pero, Señor, ¡yo sufro horriblemente! ¡Este hombre no tiene piedad de mí!... ¡Rompe mis carnes como si yo fuera una piedra común! Estoy sufriendo. ¿Nadie va a defenderme, a ayudarme a librarme de este malvado que no piensa en mi

sufrimiento?

El Padre acarició sus largas barbas blancas, pensativo, y después sonrió:

- ¡Hijo amado! El dolor es siempre una bendición que nos lleva a comprender la necesidad de ser tallados que todos tenemos. A través del sufrimiento mis hijos aprenden a valorar mejor la vida.

- ¡Ah!... Pero ¿qué es ser tallado, Padre Amado?

El Padre sonrió ante la pregunta del hijo y explicó:

- Querido hijo mío, el artista usa el buril para dejar la piedra más bella a través del sufrimiento y del dolor. ¡Así, cuando el artista termina su trabajo, la piedra estará muy diferente de lo que era antes y será admirada por todos!...

- ¿Quiere decir que el sufrimiento me hará mejor, Señor?

- Sin duda, hijo mío. El sufrimiento y el dolor son nuestros amigos, volviéndonos mejores y más bellos ante la experiencia a la que el artista nos invita.

El pequeño bloque de mármol, ante esas palabras, suspiró profundo, conformándose ante el sufrimiento.

- Si es así, gracias, Padre mío. No voy a reclamar más ante el buril.

De ese modo, el pedazo de mármol, que era áspero y tosco, a pesar de su belleza, aceptó las determinaciones de Dios y, bajando la cabeza, permaneció callado ante las lágrimas que el dolor dejaba caer, sin reclamar más.

El Padre se fue, y el pequeño pedazo de mármol aceptó su destino sin reclamar.

Ante el sufrimiento, apenas dejaba que las lágrimas corrieran por su cuerpo, limpiándolo, ahora seguro de que merecía el dolor para volverse mejor.

Por muchos días, el artista cortó, tirándole pequeños pedazos que lo afeaban, para darle formas más bellas; después lo perfeccionó, quitándole los bordes. En seguida, usando una lija de metal, alisó toda la pieza.

Después de terminar su trabajo, el artista lavó la pieza, dejándola limpia y brillante.

Quien pasara por allí, no podía dejar de admirar la bella pieza en que se había convertido aquel pedazo de mármol. Al ver la admiración que causaba en todos los que pasaban por el taller del artista, ¡el mármol se sentía feliz, pero curioso!

- ¿Cómo estaría? – pensaba el pedazo de mármol.

Hasta que, al ser llevado a una sala más grande y más bella, donde estaban las otras piezas que el artista había creado, deseó ver cómo había quedado después de tanto trabajo y sufrimiento.

El artista miró a su alrededor, buscando el mejor lugar para colocar su obra maestra y, al encontrar un lugar que juzgó perfecto para exponerlo, llevó su nueva pieza de arte hacia allá.

En un lugar, muy visible para quien entrara en la tienda, el artista colocó su creación más reciente. Después, se alejó y se quedó mirando por un largo rato, viendo lo bella y bien colocada que estaba en la sala para que todos los que entraran pudieran verla.

Pero la nueva pieza, curiosa, no sabía cómo había quedado después de preparada.

De repente, miró a un lado y se quedó encantado con lo que vio:
 

- ¡Qué maravilla! – exclamó.

El artista, que estaba cerca y lo examinaba, sonrió y dijo:

- ¿Te gustó lo que viste, mi pequeño pedazo de mármol?

- ¡Sí, es maravilloso, mi señor! ¿Pero quién es ese que está ahí delante de mí?

El artista sonrió y dijo:

- ¿Pues no te reconoces en ese lindo trabajo?

- ¿Yo?... - ¿Está seguro, señor?

- Sin duda, mi pequeño mármol. Eres la más bella pieza que jamás podría crear.

Entonces, el bello trabajo sonrió y, encantado por su propia imagen, dijo:

- ¡Gracias a Dios! Me siento muy feliz por todo el sufrimiento que pasé durante este tiempo. Mis lágrimas fueron bien aprovechadas, dándome una apariencia bella y elegante. Muchas gracias, artista mío. ¡Te estaré siempre agradecido por haberme hecho tan bello! Jamás reclamaré por los dolores y sufrimientos por los que pasé.  

MEIMEI 

(Mensaje psicografiado en Rolândia-PR el día 29/08/2016.)


                                                   
 



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Revista Semanal de Divulgación Espirita