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Año 10 - N° 491 - 13 de Noviembre de 2016
ROGÉRIO COELHO 
rcoelho47@yahoo.com.br 
     
Muriaé, MG (Brasil) 
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org
 
 

Rogério Coelho

Espiritismo & Evolución

El gran objetivo de la evolución es
ascender espiritualmente


 “El Espiritismo nos lleva a aprender a vivir las dimensiones
Humanas con equilibrio y seguridad, sin conflictos
Com la conciencia de nuestra naturaleza espiritual.”
-
Adenáuer Novaes1

La vivencia lúcida del Espiritismo nos induce a desembocar en el delta del autoconocimiento, que, por su parte, enseña la acción que fomenta nuestra evolución, como si fuera una reacción en cadena...

Para que podamos demostrar, y más bien comprender ésta cuestión, compulsemos las páginas finales del libro “Psicología y Espiritualidad”, donde el compañero Adenáuer Novaes desarrolla el tema con mucha propiedad:

(...) El ser humano debe cada vez más hacer holístico su conocimiento sobre la vida, es decir, buscar ampliar su visión sobre el mundo, acumulando el saber ya alcanzado. Cada día debe percibir cada vez más cómo las leyes espirituales se procesan, con el objetivo de vivir bien en sociedad...

El gran objetivo de la evolución es ascender espiritualmente y eso se da por las adquisiciones de los paradigmas de las Leyes de Dios y de la capacidad de distinguir emociones en sí mismo, cuando estas ocurren.  Ese conocimiento implica en saber y en vivir, en conocer y prácticar las Leyes de Dios, a través del amor a la vida. Se conocen las leyes por la convivencia y participación social, pero conocer no es saber, tanto como gustarle a alguien no es amar. Es preciso aprender a usar las Leyes de Dios, como también a distinguir sentimientos.

El impacto de una nueva encarnación, el contacto con el mismo o un nuevo grupo familiar, la constitución de nuevas relaciones, la reconstrucción de una nueva identidad social, las transformaciones sociales, las presiones internas de las memorias de vidas pasadas, los desafíos de las pruebas y expiaciones, así como la necesidad de progresar, llevan al Espíritu a tomar actitudes y a comportamientos cada vez más complejos, estableciéndose, en su resumen, lo que llamamos como personalidad integral.   Ella es el conjunto constituido de su esencia individual y de las reacciones a esas motivaciones.   Por una de ellas sólo no se puede reconocer el nivel de evolución en que se encuentra el Espíritu.

El Espiritismo nos permite conocer las Leyes de Dios

Un comportamiento no es suficiente para revelar una personalidad. Cada encarnación él va aprendiendo algo más acerca de las leyes de Dios, siéndole siempre una sorpresa volver al cuerpo físico, y su pasado reencarnatorio, entonces inconsciente, será como un propulsor latente, recordándole a todo momento su potencial ya acumulado. Vivirá movido por él, por los estímulos externos, por el progreso inevitable y por su voluntad interna.  Las pruebas y expiaciones porque tenga que pase estarán presentes a dinamizar su vida, no permitiéndole traspasar una frontera sin el debido saber.

(...) Cuando afirmamos que el Espiritismo nos permite conocer las Leyes de Dios, es preciso que entendamos que ley es un proceso por el cual lo que es desconocido se realiza, es decir, todo lo que ocurre se da dentro de los límites de leyes. Las leyes de Dios, o leyes espirituales, dan sentido a la vida. Leyes son procesos de creación y de materialización de la propia vida.  Podemos decir que las Leyes de Dios, lejos de ser sólo morales, son leyes generales o espirituales, en un sentido más amplio, en las cuales la vida ocurre.

(...) El Espiritismo no es una camisa de fuerza para el comportamiento humano. Por ser un saber que libera, debe llevar a la felicidad y no al destierro. Las prohibiciones no pertenecen a sus principios, sin embargo, asumir conscientemente responsabilidades por los propios actos representa norma de conducta espírita. El ser humano, en su camino evolutivo, debe tener derecho a elecciones, debiendo buscar aquello que le conviene en consonancia con su momento de vida. Las directrices básicas pueden ser encontradas en el Evangelio de Cristo.

(...) Conocerse es un proceso que tiene el límite de la capacidad de la conciencia en retener el contenido a ser conocido. La conciencia es limitada, pues excluye, divide, discrimina, concentra y focaliza... Nuestra vida consciente no es capaz de percibir todo acerca del Espíritu.

¿Si el Espiritismo vale para más allá, valdrá también para este lado de aquí?

Llegará el momento, en que la conciencia que ya se expandió al límite de su capacidad, necesitará transcender y buscar cambios y transformaciones fundamentales para el propio desarrollo psíquico. Aún no conocemos el funcionamiento psíquico lo suficiente para entender los procesos cuando el Espíritu está liberado del cuerpo y en niveles evolutivos superiores, sin embargo, es preciso entender que por juzgar a partir del paradigma encarnado, sin similaridad para la necesaria comprensión real, no conseguimos penetrar en su totalidad.

Nuestras elecciones en la vida son también, y principalmente, consecuencia de la visión de mundo que tenemos. Mientras más ampliamos nuestra percepción de la realidad, más opciones de aprendizaje vislumbramos. El desconocimiento de la personalidad integral, del Espíritu en su totalidad, acarrea dificultades en el proceso evolutivo, creando barreras, provocando el prolongamento de situaciones y, a veces dolorosas...

(...) Aunque el Espiritismo sea una doctrina eminentemente consoladora de alcance moral, le cabe también el carácter de completar la felicidad del ser humano, no sólo en la vida futura, como Espíritu desencarnado, sino también aún encarnado. Hablar de felicidad en la Tierra no excluye la conciencia de su relatividad y de la pequeñez de la vida material en relación a la espiritual.  Pero, si el Espiritismo vale para el más allá debe valer también para el de este lado.

Vivir el Espiritismo no se trata sólo de exercitar prácticas doctrinarias, aunque puedan ellas ser imprescindibles.  Ese ejercicio sirve como profilaxis y como aprendizaje, sin embargo es necesario incorporar Verdades eternas que deben ser utilizadas en la convivencia social, en los diversos papeles de la vida.

No siempre es clara al Espírita la percepción de su verdadero camino. Muchas veces él confunde el suyo con el de misioneros, espíritus de alto nivel, que trillan su propio destino, viviendo un proceso personal que no debe ser imitado. Imitar el camino del otro es distanciarse del suyo propio.

Somos embriones del amor de Dios...

Ciertamente que el Espiritismo conseguirá llevar al ser humano al estado de felicidad que él anhela, no sólo después de la muerte, sino aún cuando está encarnado, por intermédio de las transformaciones liberadoras que enseña. Ese tal vez sea el gran trunfo para una doctrina que se propone la regeneración de la humanidad.

El Espiritismo nos enseña a cultivar la semilla del Bien en nosotros mismos y en nuestro prójimo, no sólo como norma de conducta religiosa, sino como princípio de vida.   La vida nos presenta procesos que pueden fortalecer ese principio interno. Nos enseña a donar energía a la vida; a donar con desapego las cosas: un objeto, una palabra o una oración; a ser siempre agradecidos, primero a las personas y después a la propia vida. De esa forma crecemos y hacemos que los otros crezcan. Nos muestra que ser agradecido no implica sólo en el gesto de manifestar retribución, sino ser gratos también sin que el outro lo sepa. Nos lleva al descubrimientos de la importancia de la empatia y de la amorosidad para con las personas.

Somos embriones del amor de Dios, creados para desarrollar nuestras potencialidades y para, conociendo Sus Leyes, ampliarlas y construir un mundo mejor. El Espiritismo vivido posibilita que, un día, alcancemos eso.  Él nos enseja el conocimiento y el descubrimiento de la naturaleza esencial, singular, única e indescifrable del Espíritu. Con él comenzamos a penetrar en los intricados mecanismos de la “psique” humana y de la esencia divina que se constituye el Espíritu. Él abre camino para las ciencias del alma y para descifrar los códigos que estructuran la vida; él permite que nuestra mente se libere de la cascara del cuerpo físico, haciendo aparecer el fruto espiritual, librándonos de los prejuicios y miedos que retrasan nuestra marcha ascensional.

El Espiritismo es una especie de telescópio con la cual se puede observar más allá de las nubes del cuerpo, la vida verdadera y exuberante del Espíritu. Él nos posibilita que alcancemos la condición de seres evolucionados y preparados para nuestro futuro y eleva al ser humano de la categoría de simple animal dotado de razón para la condición de Espíritu, señor de las emociones.

El Espiritismo permite que nos conozcamos como Espíritus Inmortales

El ser humano evolucionado es aquel que descubrió su singularidade y trabaja en favor de los objetivos de Dios.

(...) Bien comprendido, el Espiritismo nos permite salir de la fantasia de que la transformación personal es mágica o deberá ser proporcionada instantáneamente por una Entidad espiritual.  Nos retira de la condición de niños inmaduros para adultos conscientes de nuestras responsabilidades para con nosotros y para con el mundo. Él nos enseña a no hacernos simples seguidores de líderes carismáticos y alienados del proceso personal de crecimiento espiritual. No se apoya en personas, ídolos, o en ideas cuya autoridad no se confirma por la Universalidad. Es una doctrina dinámica que se permite releer cada época de la humanidad [sin prejuicio de su estructura doctrinaria, cuyos puntos básicos están monoliticamente firmados en el Pentateuco Kardecista].

Nos enseña a humanizarnos antes o al tiempo que buscamos espiritualizarnos, para que no vengamos a dar pasos tan largos que nuestras piernas no puedan alcanzar; nos coloca en condiciones de poder identificar nuestros errores con seriedad y responsabilidad y a transcender la dialéctica maniqueísta bien/mal, alcanzando la conciencia de las propias acciones con equilibrio, asumiendo las consecuencias naturales de ella derivadas. Auxilia a eliminar las culpas concienciándonos del valor personal de crecer con el propio pasado sin prendernos a sus amarras, sin embargo asumiendo los equívocos cometidos”.

Finalmente, el Espiritismo permite que nos conozcamos – holisticamente – como Espíritus Inmortales que somos y revela la Verdad cuyo conocimiento nos libera de la celda estanque de la ignorancia y del egoísmo, donde vivimos por siglos incontables, y según Emmanuel, allá continuaríamos viviendo si la misericórdia divina no nos hubiese enviado a Jesús y Kardec para rescatarnos.
 

[1] NOVAES, Adenáuer Marcos F. de. Psicologia e Espiritualidade. 3ed.  Salvador: Lar Harmonia, 2003. p. 152-176.                              


 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita