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Año 10 - N° 488 - 23 de Octubre de 2016
GIOVANA CAMPOS 
giovana@ccbeunet.br  
  
Santos, SP 
(Brasil)
 
Traducción:
Ricardo Morante - rmorante3@yahoo.com
  

 
Ana Paula Vecchi: 

“Nada sucede por casualidad; todo sucede para
nuestro bien”

Miembro de la Asociación Médico-Espírita de Goiania, nuestra entrevistada nos habla sobre las enfermedades
congénitas y sus causas

 

Muchos matrimonios sueñan con el esperado momento de tener un bebé, considerado el sueño dorado, el complemento del casamiento. La espera del nacimiento de un bebé está repleta de expectativas y deseos.

La gran mayoría de esas gestaciones transcurre sin

problemas hasta el final, con el acompañamiento prenatal, y toda la familia acoge al Espíritu que formará parte del reencuentro de antiguos compañeros de jornada, juntos nuevamente rumbo al arduo camino de la liberación espiritual, de la superación de nosotros mismos.

Sin embargo, algunos son sorprendidos al constatar que el recién llegado de los planos espirituales tiene un problema de salud. Entonces, ¿cómo actuar?

La médico reumatóloga infantil Ana Paula Vecchim miembro de la Asociación Médico Espírita de Goiânia, nos habla sobre el tema en la siguiente entrevista:

¿Cuáles son las enfermedades congénitas más comunes hoy en día?

Todos los años entre 5 y 7.9 millones de niños nacen con anomalías congénitas, que pueden ser por malformación física o mental, o ambas. Se define como malformación genética la anomalía estructural presente en el nacimiento y, según los datos recientes de la OMS, 276,000 recién nacidos mueren todos los años en las primeras cuatro semanas de vida por enfermedades congénitas. Las anomalías cardíacas, de tipo neural y el síndrome de Down son las más comunes dentro de los defectos graves. Las enfermedades congénitas pueden ser de causa genética, infecciosa o ambiental. Significa que podemos heredar esas alteraciones o adquiridas durante la gestación después de una infección viral de la madre, por ejemplo, en caso de la sífilis, rubeola o toxoplasmosis congénita, o incluso por falta de suplementos vitamínicos en la gestante.

Dentro de las causas genéticas se destacan las alteraciones en el número y estructura de los cromosomas, como la trisomía del 21 (síndrome de Down), del 18, pero también los desplazamientos de genes expresadas por enfermedades incurables que afligen al niño desde su nacimiento, como la fibrosis cística, lo errores innatos del metabolismo y tantas otras. Esas alteraciones ocurren generalmente después de la fecundación en la fase de meiosis, durante la división celular.

Lo interesante es que esas anomalías no son las grandes responsables del óbito neonatal, en verdad son la minoría. Si observamos el gráfico de la OMS del 2013, veremos que más de la mitad de los recién nacidos mueren por parto prematuro y complicaciones durante el parto.

¿Esas enfermedades son pasibles de cura a mediano o largo plazo?

Depende de la gravedad y el tipo de lesión. Las lesiones estructurales como cardiopatía, mielomeningocele, pie zambo congénito, labio leporino, pueden ser operadas y revertidas con éxito. Otras alteraciones, como lesiones cerebrales y enfermedades del metabolismo, determinadas genéticamente, son irreversibles, pero muchas de ellas tienen tratamiento y control.

En casos más graves, ¿se puede afirmar que hay complicaciones derivadas de deudas espirituales?

Nosotros aprendemos con André Luiz, en el libro Evolución en Dos Mundos, que es el Espíritu inmortal quien determina con su sencilla presencia el emparejamiento de los cromosomas durante la división celular. A través de su magnetismo atrae o modifica los genes que necesita para la ejecución de su plan reencarnatorio con miras a su progreso espiritual. Por lo tanto, es el Espíritu quien imprime en las células del cuerpo el código genético que necesita, siendo siempre el resultado de las elecciones que haya hecho a lo largo de su trayectoria, felices e infelices, pero también de la importancia de la tarea que irá a desempeñar. Un gran humanista, benefactor de la sociedad, necesitará de una mayor atención en la formación de su material genético. En el libro Entre el Cielo y la Tierra, André Luiz explica que las enfermedades genéticas son siempre el “reflejo de la posición infeliz a la que nos conducimos en el pasado”, reclamándonos la reencarnación como un tratamiento, porque el cuerpo físico sería un carbón milagroso que absorbe los tóxicos que acumulamos en nuestro periespíritu. La reencarnación en el cuerpo enfermo es, en realidad, una gran bendición, una oportunidad de tratamiento intensivo para nosotros que tenemos la eternidad por delante, pero también de aprendizaje para la familia. Recuerdo a Camilo, autor espiritual del libro Memorias de un Suicida, que llora al ver al amigo, antiguo bohemio y culto, aunque homicida y suicida, reencarnado ciego, sordo, mutilado y huérfano en una casucha; pero es reprendido por el benefactor que le observa: “¿Por qué solo ves las ruinas? ¿Te olvidas que él es un Espíritu inmortal, cuyo destino será afinarse con los ritmos armoniosos de la ley del Bien y de la Justicia universales?” ”Debes recordar que esa encarnación es el tratamiento que conviene a casos muy graves como el de él, sublime cirugía que lo llevara muy pronto a la convalecencia…”

¿Cuál es su consejo para los padres de esos niños que nacen con esas enfermedades?

Nada sucede por casualidad y todo sucede para nuestro bien, aun cuando no podamos percibirlo de inmediato. Dios es Padre y no desampara a sus hijos. En los momentos más difíciles Su presencia es aún más real, solo basta que volvamos la mirada hacia lo alto y que confiemos en Él, porque igualmente Él confía en nosotros. Según Chico Xavier, en el libro Jesús en nosotros, “Los hijos excepcionales son confiados solamente a las grandes mujeres que tienen la capacidad de amar al infinito”. Jesús confió en usted, mi hermano, mi hermana, porque cree en su capacidad de superar sin medidas, de amar, de ser ejemplo, pero por encima de todo colocó ángeles para ayudarnos en esta tarea de amor.

¿En qué puede contribuir el Espiritismo, u otra mirada más humanizada, para el engrandecimiento de esas familias?

Entender que la vida no termina con la muerte del cuerpo físico, que las desarmonías del cuerpo son consecuencias de un reordenamiento del periespíritu, en un intento de armonizase con la Ley de Amor, y que no existe castigo, solo la Ley de Acción y Reacción, ayuda a comprender las enfermedades sin rebelión. La paciencia que procede de la fe, de la confianza en un Padre que gobierna el Universo con misericordia, es consecuencia natural de aquel que ora, trabaja, ama y espera con resignación, porque cree en una vida futura. Los libros espíritas, sobre todo los libros psicografiados por Chico Xavier, traen tantos ejemplos que nos enseñan y nos consuelan. Aliados a la oración, el pase, a la atención fraterna, se puede dar apoyo a las familias necesitadas. Todo pasa. Aprendamos con Alcíone, personaje central del libro Renuncia de Emmanuel, que entregaba a Jesús los problemas sin solución en la Tierra.



 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita

 

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