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Año 10 - N° 470 - 19 de Junio de 2016
Traducción
Elza Ferreira Navarro - mr.navarro@uol.com.br
 

 
 

Puntos fundamentales en el servicio social espírita


No es la primera vez, y ciertamente no será la última, que esta revista examina el tema promoción social espírita, título del Especial escrito por Gebaldo José de Sousa, uno de los relieves de la presente edición.

Hay en las obras espíritas referencias innúmeras sobre la importancia de la llamada asistencia social, una de las actividades desarrolladas por las Casas Espíritas que mucho tienen contribuido para asegurar al Espiritismo el respeto que él adquirió junto a la sociedad exactamente por ese trabajo.

Hogares para huérfanos, albergues, guarderías, establecimientos para ancianos sin apoyo, trabajo de asistencia a niños y familias carentes y hasta mismo a los internos del sistema de la prisión – he aquí instituciones y actividades que, bajo el nombre espírita, son bastante conocidas en Brasil.

De los libros en que el tema ha sido tratado, como los que forman la llamada serie Nuestro Hogar, de autoría de André Luiz (Espíritu), extrajimos cinco puntos que nos parecen fundamentales cuando tratamos del servicio o de la asistencia social prestados a la luz del Espiritismo:

  • La práctica del bien es mero deber.

“El Evangelio de Jesús (le dijo a André Luiz aquélla que fue su madre terrena)  nos acuerda que hay una gran alegría en dar que en recibir. (…) Da siempre, hijo mío. Sobre todo, jamás olvides dar de ti mismo, en tolerancia constructiva, en amor fraternal y divina comprensión. La práctica del bien exterior es una enseñanza y un llamado, para que lleguemos a la práctica del bien interior. Jesús dio más de sí, para el engrandecimiento de los hombres, que todos los millonarios de la Tierra congregados en la tarea, sublime aunque, de la caridad material. No te avergüences de amparar los enfermos con llagas y esclarecer los locos que penetren las Cámaras de Rectificación (…). Trabaja, hijo mío, haciendo el bien. Siempre que puedas, olvida el entretenimiento y busca el servicio útil.” (Nuestro Hogar, cap. 36, pág. 198.)

  • El bien que hacemos jamás se queda olvidado.

“En los círculos inferiores, hijo mío (le dijo su madre), el plato de sopa al hambriento, el bálsamo al leproso, el gesto de amor al desilusionado, son tareas divinas que nunca quedarán sin ser acordadas en la Casa de Nuestro Padre.” (Obra citada, pág. 197.)   

  • No se concibe el trabajo de ayuda al prójimo sin el espíritu de fraternidad.

“Aún hace poco tiempo (le dijo Laura a André Luiz) oí un gran instructor en el Ministerio de la Elevación asegurar que, si pudiera, iría materializarse en las esferas carnales, a fin de decir a los religiosos, en general, que toda caridad, para ser divina, necesita apoyarse en la fraternidad.” (Nuestro Hogar, cap. 39, pág. 218.) 

  • El modelo de la obra socorrista en el mundo será siempre Jesús.

“Jesús (le dijo a André Luiz su amigo Vicente, que también fuera médico) no fue solamente el Maestro, fue Médico también. Dejó en el mundo el modelo de la cura para el Reino de Dios. Él proporcionaba socorro al cuerpo y ministraba fe para el alma. Nosotros, sin embargo, mi caro André, en muchos casos terrestres, ni siempre aliviamos el cuerpo y casi siempre matamos la fe.” (Los mensajeros, cap.13, pág. 74.)

  • Debemos dar el pan que alimente el cuerpo, sin olvidar la luz que ilumine el espíritu.

“En los orígenes del Cristianismo (le dijo Irene a André Luiz), la mayoría de los necesitados entraría en contacto con Jesús a través de la sopa humilde o del techo acogedor. Lavando leprosos, tratando locos, asistiendo huérfanos y ancianos desamparados, los continuadores del Cristo daban trabajo a sí propios, se dedicaban a los infelices, esclareciéndoles la mente, y ofrecían lecciones de substancial interés a los legos de la fe viva. Como no ignoran, estamos haciendo en el Espiritismo evangélico la recapitulación del Cristianismo.” (Trabajadores de la Vida Eterna, cap. XII, pág. 190.) 

A todos los que alegan que la simple asistencia social no resuelve el problema de la miseria, del hambre y de las desigualdades sociales, y por eso no confieren a esa actividad la importancia que ella merece, acordemos la siempre oportuna lección que Jesús nos transmitió y Mateo, el evangelista, registró:  

“Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se asentará en el trono de su gloria; y todas las naciones serán reunidas delante de él, y apartará unos de los otros, como el pastor aparta de los chivos las ovejas; y pondrá las ovejas a su derecha, pero los chivos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseéis por herencia el reino que os está preparado desde la fundación del mundo; porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era extranjero, y me hospedasteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermé, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y fuisteis verme.”  (Mateo, 25:31-36.) 

¿Es necesario, delante de tan expresivas recomendaciones, agregar algo más? 




 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita