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Estudio Metódico del Pentateuco Kardeciano Português   Inglês

Año 5 251 – 11 de Marzo de 2012    

ASTOLFO O. DE OLIVEIRA FILHO                    
aoofilho@gmail.com
                                      
Londrina,
Paraná (Brasil)  
Traducción
Maria Reyna - mreyna.morante@gmail.com
 

 

El Libro de los Médiums 

Allan Kardec 

 (Parte 1)
 

Iniciamos hoy el estudio metódico de “El Libro de los Médiums”, de Allan Kardec, la segunda de las obras que componen el Pentateuco Kardeciano, cuya primera edición fue publicada en 1861. Las respuestas a las preguntas sugeridas para debatir se encuentran al final del texto. 

Preguntas para debatir 

A. ¿A partir de qué momento sucedieron los progresos del Espiritismo?

B. Para hablarle a alguien sobre el Espiritismo es necesario tener primero una base. ¿Cuál es esa base?

C. ¿Qué dice el Espiritismo acerca de lo sobrenatural y lo maravilloso?

D. ¿Cuántas clases de espíritas hay y cuáles son?

Texto para la lectura

1. La práctica del Espiritismo está rodeada de muchas dificultades y no siempre está exenta de los inconvenientes que sólo un estudio serio y completo puede evitar. (Introducción, pág. 6)

2. Causa mala impresión en las personas principiantes o mal preparadas el contacto con experiencias hechas con ligereza y sin conocimiento de causa. Tales experiencias tienen también el inconveniente de fortalecer una idea muy falsa del Mundo de los Espíritus y de dar cabida a burlas; he ahí por qué de esas reuniones rara vez los incrédulos  salen convertidos y poco dispuestos a ver un lado serio en el Espiritismo. (Introducción, pág. 6)

3. La duda concerniente a la existencia de los Espíritus tiene como causa principal la ignorancia de su verdadera naturaleza. (L.M., ítem 1)

4. La idea de la existencia del Espíritu está fundada, necesariamente, en la existencia de un principio inteligente fuera de la materia. Por consiguiente, tomamos como punto de partida la existencia, la supervivencia y la individualidad del alma, que el Espiritualismo demuestra teórica y dogmáticamente, y el Espiritismo comprueba de manera evidente. (Ítem 1)

5. Si admitimos la existencia y la individualidad del alma después de la muerte, es necesario admitir también: 1º - que ella es de naturaleza diferente a la del cuerpo; 2º - que ella goza de una conciencia de sí misma, puesto que le atribuimos la alegría o el sufrimiento. (Ítem 2)

6. Las almas encuentran su dicha o su desdicha en sí mismas; su suerte está subordinada a su estado moral. La reunión de almas simpáticas y buenas es una fuente de felicidad. Según su grado de purificación, penetran y entrevén cosas que se ocultan a las almas groseras. Las almas llegan al grado supremo mediante sus propios esfuerzos y después de una serie de pruebas; los ángeles son almas que han llegado al grado más alto, al que todos podemos alcanzar, mientras que los demonios son las almas de los malvados todavía no purificadas, pero que pueden llegar, como las otras, a la más alta cumbre de la perfección. (Ítem 2)

7. Estas almas que pueblan el espacio son precisamente lo que denominamos Espíritus; los Espíritus no son otra cosa que las almas de los hombres despojados de su envoltura corporal. No se puede, pues, negar la existencia de los Espíritus sin negar la existencia de las almas. (Ítem 2)

8. Encontramos en el fenómeno de las manifestaciones espíritas la prueba evidente de la existencia y supervivencia del alma. (Ítem 3)

9. En el hombre hay tres elementos: el Espíritu, el cuerpo y el periespíritu. El Espíritu es el ser principal, porque es el ser pensante y superviviente; el cuerpo es sólo un accesorio, una envoltura, una vestimenta que el Espíritu deja cuando se ha gastado; el periespíritu es una envoltura semimaterial, que une el Espíritu al cuerpo. Por la muerte, el Espíritu se despoja de la primera envoltura, pero no de la segunda. (Ítem 3)

10. La envoltura semimaterial, llamada periespíritu, que toma la forma humana, constituye para el Espíritu un cuerpo fluídico vaporoso que, aunque invisible para nosotros en su estado normal, posee algunas propiedades de la materia. (Ítem 3)

Respuestas a las preguntas propuestas

A. ¿A partir de qué momento sucedieron los progresos del Espiritismo?

El Espiritismo hizo grandes progresos desde que surgió, pero los hizo especialmente inmensos desde que entró en el camino filosófico, porque fue apreciado por personas esclarecidas. Hoy no es más un espectáculo; es una Doctrina de la cual ya no se ríen los que se burlaban de las mesas giratorias. Al esforzarnos por conducirlo y mantenerlo en este terreno, tenemos la convicción de conquistar para él más partidarios útiles que provocando, a tontas y a locas, manifestaciones de las cuales se podría abusar. Todos los días tenemos la prueba de esto por el número de adeptos conseguidos por la simple lectura de El Libro de los Espíritus. (El Libro de los Médiums, Introducción.)

B. Para hablarle a alguien sobre el Espiritismo es necesario tener primero una base. ¿Cuál es esa base?

Antes de entablar cualquier discusión espírita, es importante averiguar si el interlocutor admite la existencia del alma y la de Dios. Esa es la base de todo el edificio. Si le responde negativamente o con evasivas (“No sé; yo querría que fuese así, pero no estoy seguro”) a las preguntas: ¿Crees en Dios? ¿Crees tener un alma? ¿Crees en la supervivencia del alma después de la muerte?, sería totalmente inútil ir más lejos, porque tal intento sería lo mismo que demostrar las propiedades de la luz a un ciego. Ahora bien, las manifestaciones espíritas no son otra cosa que los efectos de las propiedades del alma. Si el individuo no admite la existencia de ésta, estaremos perdiendo el tiempo, a no ser que usemos otro orden de ideas. (L.M., ítem 4)  

C. ¿Qué dice el Espiritismo acerca de lo sobrenatural y lo maravilloso?

A los ojos de los que ven la materia como el único poder de la Naturaleza, todo lo que no puede ser explicado por las leyes de la materia es maravilloso o sobrenatural. Para ellos, maravilloso es sinónimo de superstición y sobrenatural es lo contrario a las leyes de la Naturaleza. El Espiritismo no acepta todos los hechos que son atribuidos a lo maravilloso y a lo sobrenatural. Lejos de eso, demuestra la imposibilidad de muchos de ellos y lo ridículo de ciertas creencias que son, propiamente hablando, el efecto de una superstición. Todos los fenómenos espíritas tienen por principio la existencia del alma, su supervivencia al cuerpo y sus manifestaciones. Estos fenómenos, basados en una ley de la Naturaleza, no tienen nada de maravilloso ni de sobrenatural, en el sentido vulgar de esas palabras. Los hechos verídicos son considerados sobrenaturales sólo porque quien así los califica no conoce su causa. Al determinar su causa, el Espiritismo los hace ingresar nuevamente en el dominio de los fenómenos naturales. (L.M., ítems 10, 13 y 14.) 

D. ¿Cuántas clases de espíritas hay y cuáles son?

Existen cuatro clases principales: 1ª) los espíritas experimentadores, que creen pura y simplemente en las manifestaciones y encuentran que el Espiritismo es una simple ciencia de observación; 2ª) los espíritas imperfectos, que también comprenden la parte filosófica de la Doctrina y admiran la moral que deviene de ella, pero no la practican. La influencia del Espiritismo sobre su carácter es insignificante o nula; no cambian en nada sus hábitos y conservan la avaricia, el orgullo, la envidia o los celos que los caracterizaban antes; 3ª) los verdaderos espíritas, o mejor dicho, los espíritas cristianos, que no se contentan con admirar la moral espírita, sino que la practican aceptando todas sus consecuencias. Convencidos de que la existencia terrena es una prueba pasajera, trabajan para sacar aprovecho de estos breves instantes para caminar por la senda del progreso, esforzándose en hacer el bien y reprimir sus malas inclinaciones. La caridad es, en todo, la norma de su conducta; 4ª) los espíritas exaltados, que aceptan fácilmente y sin reflexión todo lo que viene del plano espiritual. Exagerados en su creencia, revelan una confianza ciega y a veces pueril en las cosas del mundo invisible. Ellos son los menos indicados para convencer, porque de muy buena fe, son engañados ya sea por los Espíritus mistificadores o por las personas que explotan su credulidad.  (L.M., ítem 28) 

 

 

 


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