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Editorial Português   Inglês    
Año 5 246 – 5 de Febrero de 2012  


 

Traducción
Elza F. Navarro - mr.navarro@uol.com.br
 

 

Según la doctrina espirita, no basta no hacer el mal


Una de las cuestiones más interesantes examinadas por la doctrina espirita dice respecto a nuestra responsabilidad cuanto a lo que hacemos o dejamos de hacer en nuestro pasaje por el planeta.

El pensamiento corriente, común a diversas doctrinas religiosas, es que el hombre será castigado por el mal que hubiera practicado. Si lograr escapar a la justicia de los hombres, con certeza no escapará a la justicia divina. De esa manera, aunque se ignore como se dará tal punición, la idea general es que él prestará cuentas de los males cometidos.

Ese pensamiento no contraria las enseñanzas que los inmortales nos trajeron. De hecho, a la justicia divina nadie escapa. Pero las diferentes vertientes religiosas se olvidan de decir que seremos responsabilizados también por el bien que dejamos de hacer, como nos es claramente enseñado en la doctrina espirita.

El hecho no pasó desapercibido en las enseñanzas de Jesús. 

La parábola “Lázaro y el rico” narrada por Jesús – consonante el Evangelio de Lucas,16:19-26 – dice que había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino fina calidad y vivía todos los días regalado y espléndidamente. A la puerta de su manzana comparecía siempre un cierto mendigo, llamado Lázaro, que yacía lleno de llagas y allí venía en busca de alimento. Un día el mendigo murió, y fue llevado por los ángeles para el seno de Abrahán; poco después murió también el rico, que se vio, sin embargo, colocado en el infierno, en cuanto Lázaro disfrutaba una buena situación, en el seno de Abrahán. Cuando llamado por el rico, que ardía en sed y pedía que Lázaro al menos refrescase su lengua, Abrahán fue perentorio: “Hijo, te acuerdas de que recibisteis tus bienes en tu vida, y Lázaro solamente males; y ahora éste es consolado y tú atormentado. Y, además de eso, está puesto un gran abismo entre nosotros y vosotros, de suerte que los que quisiesen pasar de aquí para vosotros no podrían, ni tampoco los de allá pasar para acá”.         

Notemos que la parábola no dice que el rico hubiera cometido algún delito; sólo informa que él jamás diera atención a Lázaro y, además de eso, disfrutara, de manera egoísta, los bienes que recibiera en vida.

El asunto es tratado de manera objetiva en diversas cuestiones que componen El Libro de los Espíritus, de Kardec, la principal obra de la doctrina espirita.

He aquí, en resumen, lo que ese libro nos enseña:

  • Cada individuo será punido no sólo por el mal que haya hecho, pero también por el mal a que tenga dado lugar ( LE, 639)
     

  • Aquel que no practica el mal, pero se aprovecha del mal practicado por otros, es tan culpable cuanto el otro  (LE, 640) 
     

  • No basta que el hombre no practique el mal; le cumple hacer el bien en el límite de sus fuerzas, por cuanto responderá por todo mal que haya resultado de no haber practicado el bien (LE, 642)
     

  • El Espíritu sufre por todo el mal que practicó, o de que  fue causa voluntaria; por todo el bien que hubiera podido hacer y no hizo y por todo el mal que ocurra de no haber hecho el bien (LE, 975).

La perfecta comprensión de cómo funciona la justicia divina constituye el primer paso para que el individuo reforme su programa de vida, tenga conciencia de que su papel en este mundo exige acción, participación y solidaridad, que fueron exactamente lo que faltó al rico enfocado en la parábola narrada por Jesús.



 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita