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Estudio Metódico del Pentateuco Kardeciano Português   Inglês

Año 5 244 – 22 de Enero de 2012 

ASTOLFO O. DE OLIVEIRA FILHO                    
aoofilho@gmail.com
                                      
Londrina,
Paraná (Brasil)  
Traducción
Maria Reyna - mreyna.morante@gmail.com
 

 

El Libro de los Espíritus

Allan Kardec

(Parte 36)

Continuamos con el Estudio Metódico del Pentateuco Kardeciano, que focalizará las cinco principales obras de la Doctrina Espírita, en el orden en que fueron inicialmente publicadas por Allan Kardec, el Codificador del Espiritismo.

Las respuestas a las preguntas presentadas, fundamentadas en la 76ª edición publicada por la FEB, basadas en la traducción de Guillon Ribeiro, se encuentran al final del texto.

Preguntas para debatir

A. ¿Puede el hombre, él solo, vencer las malas inclinaciones que lo dominan?

B. ¿Cuál de todos los vicios es el que más aflige a la Humanidad?

C. ¿Qué se necesita hacer para destruir el egoísmo?

D. Según el Espiritismo, ¿qué es un hombre de bien?

E. ¿Cuál es el medio práctico más eficaz que el hombre tiene para mejorar en esta vida y resistir a la atracción del mal?

Texto para la lectura

553. Muchas personas dicen: Quiero, pero la voluntad sólo está en sus labios. Quieren pero están muy satisfechas de que no suceda lo que quieren. Cuando el hombre cree que no puede vencer sus pasiones, es porque su Espíritu se complace en ellas como consecuencia de su inferioridad. Aquél que trata de reprimirlas comprende su naturaleza espiritual. Vencerlas significa para él una victoria del Espíritu sobre la materia.  (L.E., 911)

554. El medio más eficaz de combatir el predominio de la naturaleza corporal en uno mismo, es practicar la abnegación. (L.E., 912)

555. A medida que los hombres se instruyen sobre las cosas espirituales, dan menos valor a las cosas materiales. Además, para extirpar el egoísmo completamente del corazón humano, es necesario que se reformen las instituciones humanas que lo mantienen y fomentan. Esto depende de la educación. (L.E., 914)

556. El egoísmo crece con la civilización y parece que ésta lo estimula y mantiene. Cuanto mayor es el mal, más horrible se vuelve. Era necesario que el egoísmo produjese mucho mal para que se comprendiese la necesidad de extirparlo. Cuando los hombres se hayan despojado del egoísmo, vivirán como hermanos sin hacerse ningún mal y ayudándose recíprocamente, impulsados por el sentimiento mutuo de la solidaridad. Entonces, el fuerte será el apoyo y no el opresor del débil, y ya no se verán hombres a quienes les falte lo indispensable, porque todos practicarán la ley de justicia. Ese es el reino del bien, que los Espíritus están encargados de preparar. (L.E., 916)

Respuestas a las preguntas propuestas

A. ¿Puede el hombre, él solo, vencer las malas inclinaciones que lo dominan?

Sí, y a menudo, haciendo esfuerzos insignificantes. Lo que le falta es voluntad. (El Libro de los Espíritus, preguntas 909 a 912.)

B. ¿Cuál de todos los vicios es el que más aflige a la Humanidad?

El egoísmo. De él deriva todo el mal. Estudiemos todos los vicios y encontraremos que en el fondo de todos está la presencia del egoísmo. (Obra citada, preguntas 913 y 917.)

C. ¿Qué se necesita hacer para destruir el egoísmo?

El egoísmo se debilitará en proporción al predominio de la vida moral sobre la vida material y, sobre todo, con la comprensión que el Espiritismo nos permite de nuestro estado futuro. El egoísmo se basa en la importancia de la personalidad. Ahora bien, el Espiritismo bien comprendido nos muestra las cosas desde tan alto que el sentimiento de la personalidad desaparece, en cierto modo, ante la inmensidad. Destruyendo esa importancia, o por lo menos reduciéndola a sus legítimas proporciones, necesariamente combate el egoísmo, una tarea que compete a la educación; no esa educación que tiende a hacer hombres instruidos sino la que tiende a hacer hombres de bien. La educación convenientemente entendida, constituye la llave del progreso moral. Cuando se conozca el arte de manejar los caracteres, así como se conoce el arte de manejar las inteligencias, se logrará corregirlos, del mismo modo que se enderezan las plantan nuevas. Pero ese arte exige mucho tacto, mucha experiencia y profunda observación. (Obra citada, preguntas 914 a 917.)

D. Según el Espiritismo, ¿qué es un hombre de bien?

El hombre de bien es el que practica la ley de justicia, amor y caridad, en su mayor pureza. Si interroga su propia conciencia sobre los actos que realizó, se preguntará si no trasgredió esa ley, si no hizo mal, si hizo todo el bien que pudo, si nadie tiene motivos para quejarse de él, en fin, si hizo a los demás lo que hubiera querido que hiciesen por él. Poseído del sentimiento de caridad y de amor al prójimo, hace el bien por el bien, sin esperar ninguna retribución, y sacrifica sus intereses en favor de la justicia. Es bueno, humanitario y benévolo para con todos, porque ve hermanos en todos los hombres, sin distinción de razas ni creencias. Si Dios le otorgó el poder y la riqueza, considera esas cosas como un depósito, que debe usar para el bien. No se envanece de ellas, porque sabe que Dios, que se las dio, también las puede quitar. Si el orden social colocó bajo su dependencia a otros hombres, los trata con bondad y complacencia, porque son sus iguales ante Dios. Usa su autoridad para elevarles la moral y no para aplastarlos con su orgullo. Es indulgente con las debilidades ajenas, porque sabe que también necesita de la indulgencia de los demás y recuerda las palabras de Cristo: Arroje la primera piedra aquél que esté libre de pecado. No es vengativo. A ejemplo de Jesús, perdona las ofensas, y recuerda sólo los beneficios, porque sabe que se le perdonará tal como él haya perdonado. Respeta, en fin, en sus semejantes todos los derechos que las leyes de la Naturaleza le conceden, como quisiera que los mismos derechos le sean respetados. (Obra citada, pregunta 918.)

E. ¿Cuál es el medio práctico más eficaz que el hombre tiene para mejorar en esta vida y resistir a la atracción del mal?

Un sabio de la antigüedad os lo dijo: Conócete a ti mismo. El conocimiento de sí mismo es la llave del progreso espiritual. Pero alguien preguntará: ¿Cómo juzgarse a sí mismo? ¿No está allí la ilusión del amor propio para atenuar las faltas y hacer que las disculpemos? El avaro se considera sólo un ahorrador y previsor; el orgulloso juzga que en él sólo hay dignidad. Esto es real, pero existe un medio de verificación que no puede engañarnos. Cuando estuviéramos indecisos sobre el valor de alguna de nuestras acciones, pensemos cómo la calificaríamos si la realizara otra persona. Si la censuramos en otra persona, no podrá ser legítima cuando fuéramos su autor, pues Dios no usa dos medidas para aplicar su justicia. Tratemos también de saber lo que nuestros semejantes piensan de ella, y no despreciemos la opinión de nuestros enemigos, porque ellos no tienen ningún interés en enmascarar la verdad y Dios muchas veces los coloca a nuestro lado como un espejo, a fin de que seamos advertidos con más franqueza de lo que haría un amigo. Por lo tanto, escudriñe en su conciencia aquél que sienta el deseo serio de mejorar, a fin de extirpar de ella las malas inclinaciones, como arranca de su jardín las malas hierbas; que haga el balance moral cada día, tal como lo hace el comerciante para evaluar sus pérdidas y sus ganancias. Si puede decir que su día fue bueno, podrá dormir en paz y esperar sin recelo el despertar en la otra vida. (Obra citada, preguntas 919 y 919-a.)

 

 


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