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Año 5 240 – 18 de Diciembre de 2011 
ASTOLFO O. DE OLIVEIRA FILHO           
aoofilho@gmail.com     
Londrina, Paraná (Brasil)
Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org

 


Astolfo O. de Oliveira Filho

Lo que es mistificación y cómo proceder para evitarla

Conforme señalamos en el libro 20 Lecciones sobre Mediumnidad, capítulo 14, obra publicada a finales de 2003 por la Editora Leopoldo Hacha, mistificación significa engaño, logro, burla, abuso de la credulidad de alguien.

La práctica espírita, como todos sabemos, no está libre de la mistificación, por cuanto aprendemos, con el estudio de la escala espírita, que existen Espíritus livianos, ignorantes, maliciosos, irreflexivos y burlones, que se meten en todo y a todo responden sin importarles  la verdad. "Les gusta causar pequeños disgustos y ligeras alegrías, de intrigar, de inducir malvadamente en error, por medio de mistificaciones y la sagacidad." (El Libro de los Espíritus, cuestión en el 103.)

Esos Espíritus pueden estar desencarnados o encarnados, lo que quiere decir que la mistificación puede ser proveniente del médium, lo que no es, sin embargo, muy común en el medio espírita serio.

Allan Kardec asevera que la mistificación es fácil de evitar. Basta, para eso – enseña el Codificador –, no exigir del Espiritismo sino lo que el puede y debe dar, que es la mejoría moral de la Humanidad. "Si vosotros no os alejáis de ahí, no serán jamás engañados", advirtió el Espíritu de Verdad, que en el mismo paso esclareció: "Los Espíritus vienen a instruirlos y guiarlos en el camino del bien y no en el camino de las honras y de la fortuna, o para servir sus mezquinas pasiones. Si no les pidieran jamás nada de fútil o fuera de sus atribuciones, no darían oportunidad alguna a los Espíritus engañadores; donde vosotros debéis concluir que quién es mistificado tiene sólo lo que merece." (El Libro de los Médiums, cap. XXVII, ítem 303, 1ª pregunta.)

En la misma obra y en el mismo ítem, el Espíritu de Verdad afirma que "Dios permite las mistificaciones para probar la perseverancia de los verdaderos adeptos y castigar a los que hacen del Espiritismo un objeto de divertimento". (L.M., cap. XXVII, ítem 303, 2ª pregunta.)

Animismo y mistificación son cosas diversas – La mistificación experimentada por un médium, explica Emmanuel, trae siempre una finalidad útil, que es la de alejarlo del amor-propio, de la pereza en el estudio de sus necesidades propias, de la vanidad personal o de los excesos de confianza en sí mismo, razón por la cual no ocurre a la comparecencia de sus mentores más elevados, que, solamente así, lo conducen a la vigilancia precisa y a la realizaciones de la humildad y de la prudencia en su mundo subjetivo. (El Consolador, pregunta 401.)

En ese sentido, teniendo perfecta noción de los percances que presenta la práctica mediúmnica, aquellos que renuncian al Espiritismo a causa de un simple desilusión, como el hecho de una mistificación, prueban sólo que no lo comprenden y que no lo toman en su parte seria. (El Libro de los Médiums, cap. XXVII, ítem 303, 2ª pregunta)

Actuando así, tales personas muestran que jamás fueron espíritas convencidos; son, en verdad, como hojas que el viento lleva con facilidad.    

Kardec, comentando el asunto, dice que uno de los medios más frecuentes que los Espíritus usan, para prendernos, es estimular nuestra ambición y nuestro interés por fortunas o facilidades materiales. Debemos, también, estar alertas en cuanto a las predicciones de fecha cierta y evitar cualquier providencia prescrita o sugerida por los Espíritus, cuando el objetivo no sea evidentemente racional. No nos dejemos deslumbrar por los nombres que toman los Espíritus para dar una apariencia de verdad a sus palabras y desconfiemos "de teorías y sistemas científicos arriesgados" y “de todo lo que aparte del objetivo moral de las manifestaciones". (El Libro de los Médiums, cap. XXVII, “Observación” de Kardec  puesta tras la 2ª pregunta del ítem 303.)

Es preciso, sin embargo, que no confundamos mistificación con animismo. El animismo es fenómeno producido por la propia alma del médium, que no siempre tiene conciencia de lo que ocurre. Sugerimos al lector que lea, acerca del tema animismo, el libro Médium: quién es, y quien no es, de Demetrio Pável Bastos, cap. XX y XXI, obra publicada por el Instituto María, de Juiz de Fora, MG.

La mistificación – como dijimos en el inicio de este artículo – presupone mentira, lisonja, fraude, y puede ocurrir, como vimos, con el conocimiento de los mentores espirituales, como se dio en la propia Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas cuando un Espíritu engañador usó el nombre de San Luis, dirigente espiritual de la Sociedad, estando este presente.

Nada, absolutamente nada, ocurre por casualidad. Quién se dedica a la mediumnidad debe, pues, mantenerse vigilante y no ignorar jamás la advertencia de Erasto contenida en el cap. XX, ítem 230, de El Libro de los Médiums: “Mejor será repeler diez verdades que admitir una única mentira, una sola teoría falsa”. “Las falsas comunicaciones, que de tiempo en tiempo él recibe – afirma Divaldo P. Franco –, son avisos para que no se considere infalible y no se envanezca.” (Moldeando el Tercer Milenio, de Fernando Worm, cap. 7, pág. 62.) 

Medios de evitar la mistificación – Además de las advertencias y recomendaciones ya referidas, Allan Kardec nos suministra seguras orientaciones acerca del tema en el cap. XXIV, ítem 268, de El Libro de los Médiums, del cual extraemos los informes siguientes:

a) entre los Espíritus, pocos hay que tienen un nombre conocido en la Tierra; por eso es que, en la mayoría de las veces, ellos ningún nombre declinan;

b) como los hombres, casi siempre, quieren saber el nombre del comunicante, para  satisfacerlos el Espíritu elevado puede tomar el de alguien que es reverenciado en la Tierra. No quiere eso decir que se trata, en ese caso, de una mistificación o un fraude. Sería sí, si lo hiciera para engañarnos, pero, cuando es para el bien, Dios permite que así procedan los Espíritus de la misma categoría, porque hay entre ellos solidaridad y analogía de pensamientos. Ocurre aunque muchas veces el Espíritu evocado no puede venir, y él envía entonces un mandatario, que lo representará en la reunión;

c) cuando Espíritus de bajo patrón moral adoptan nombres respetables para inducirnos al error, no es con el permiso de los Espíritus indebidamente nombrados que ellos proceden. Los engañadores serán castigados por esa falta. Quede seguro, sin embargo, que, si no fuéramos imperfectos, no tendríamos en torno de nosotros sino buenos Espíritus. Si somos engañados, sólo de nosotros mismos nos debemos quejar;

d) existen personas por las cuales los Espíritus superiores se interesan y, cuando ellos juzgan conveniente, las preservan de los ataques de la mentira. Contra esas personas los engañadores nada pueden. Los buenos Espíritus se interesan por los que usan de forma sensata la facultad de discernir y trabajan seriamente por mejorarse. Dan a esos sus preferencias y los secundan;

e) los Espíritus superiores ninguna otra señal tienen, para hacerse reconocer, además de la superioridad de sus ideas y de su lenguaje. Las señales materiales pueden ser fácilmente imitadas. Ya los Espíritus inferiores se traicionan de tantos modos, que sería preciso ser ciego para dejarse engañar. Los Espíritus sólo engañan a los que se dejan engañar;

f) hay personas que se dejan seducir por un lenguaje enfático, que aprecian más las palabras  que las ideas y que, muchas veces, toman ideas falsas y vulgares como sublimes. ¿Cómo pueden esas personas, que no están aptas para juzgar las obras de los hombres, juzgar las de los Espíritus?;

g) cuando las personas son bastante modestas para reconocer su incapacidad, no se fían sólo de sí; cuando, por orgullo, se juzgan más capaces de lo que lo son, traen consigo del estilo de la vanidad absurda que alimentan. Los mistificadores saben perfectamente a quién se dirigen. Hay personas simples y poco instruidas más difíciles de engañar que otras, que tienen finura y saber. Lisonjeándoles las pasiones, hacen ellos del hombre lo que quieren.

El día en que un Espíritu usurpó el nombre de San Luis

El día 11 de mayo de 1860, en sesión realizada en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas,  Allan Kardec dirigió algunas preguntas a San Luis, mentor espiritual de la Sociedad, las cuales se referían a un caso de visión ocurrido con el Sr. T... Las respuestas dadas por el dirigente espiritual de la Sociedad fueron, sin embargo, vagas e incoherentes, lo que indicaba, según el propio Codificador, “la evidente interferencia de un Espíritu engañador”. (Revista Espírita de 1860, p. 171.)

En la sesión siguiente, realizada el 18 de mayo, Kardec preguntó por qué San Luis había dejado, la semana anterior, que hablara en su nombre un Espíritu mistificador.

– San Luis estaba presente, pero no quiso hablar - informó uno de los Espíritus presentes.

– ¿Con que objetivo no quiso hablar? - indagó Kardec.

El propio San Luis entonces esclareció:

– Quedaste contrariado con lo que ocurrió, pero debes saber que nada ocurre sin motivo. A veces, hay cosas cuyo objetivo no comprendéis; que a la primera vista parecen malas, porque sois muy impacientes, pero cuya sabiduría más tarde reconocéis. Queda, pues, tranquilo, y no te inquietes por nada; nosotros sabemos distinguir a los que son sinceros y velamos por ellos. (Revista Espírita de 1860, p. 172.)

En la continuidad del diálogo entre Kardec y San Luis, el Codificador preguntó por qué es que, apelando a los buenos Espíritus y pidiéndoles el alejamiento de los impostores, aún así el llamamiento no es atendido.

San Luis explicó:

– Es atendido, no lo dudes. ¿Pero tienes la certeza de que el llamamiento venía del fondo del corazón de todos los asistentes, o que no haya alguien que por un pensamiento poco caritativo y malévolo, si no por el deseo, atraiga para el medio de vos los malos Espíritus?  

Concluyendo el esclarecimiento, San Luis reveló entonces a Kardec algo que jamás, con toda certeza, el Codificador imaginó pudiera ocurrir allí, donde un golpe más, según el dirigente espiritual de la Sociedad Espírita de París, “una sonrisa de sarcasmo podía ser visto en los labios de las personas que lo cercaban” en la intimidad misma de aquellas reuniones. (Revista Espírita de 1860, p. 173.)

– ¿Qué Espíritus piensas que traigan esas personas? - le indagó el mentor espiritual.

Y él mismo respondió:

– Espíritus que, como ellas, se ríen de las cosas más sagradas. (Revista Espírita de 1860, p. 173.)

La mistificación ocurrida en la sesión anterior buscaba, por lo tanto, a tales personas, que no se mostraban a la altura de los trabajos realizados por la Casa que el propio Codificador había fundado y dirigía.

Un caso de mistificación sin final feliz

Desencarnada en 1º de mayo de 1860 y evocada por el propio Codificador del Espiritismo, la médium escribiente Sra. Duret reveló a Kardec que, en sus actividades mediúmnicas, fue muchas veces engañada por los Espíritus y que hay pocos médiums que no lo sean más o menos. (Revista Espírita de 1860, p. 183.)

Tal hecho, explicó la Sra. Duret, depende mucho del médium y de aquel que interroga, pero es siempre posible, cuando se quiere, preservarse de los malos Espíritus. “Y la primera condición para eso es no atraerlos por la flaqueza o por los defectos.” (Obra citada, p. 184.)

Hallamos importante recordar la advertencia de la Sra. Duret como introducción al relato siguiente. En una respetable institución espírita de una importante ciudad brasileña se manifestó cierta vez, usando el lenguaje de un niño, un Espíritu.

Acogido con simpatía por el equipo mediúmnico, el Espíritu reveló que había preparado un regalo para el grupo: el relato de su propia historia, el cual podría más tarde, cuando concluyera, ser publicado en forma de libro.

A la semana siguiente, él volvió y dio inicio a su narración, que se alargó por varias semanas, valiéndose de la facultad de psicografia de uno de los médiums del grupo.

Terminada cada reunión, el capítulo transmitido en la noche era leído y después corregido y dactilografiado por el dirigente de los trabajos.

Algún tiempo después, cuando todos los del grupo mediúmnico estaban felices con el desarrollo de los acontecimientos, pasa por la ciudad un médium notable, de entera confianza del dirigente del grupo, el cual, invitado para asistir a una de las reuniones, allí comparece en la condición de mero visitante.  

La reunión se realiza normalmente, ocurren las manifestaciones psicofónicas de costumbre y, al final, el Espíritu da secuencia al dictado mediúmnico, valiéndose, como hubo hecho anteriormente, del mismo médium. Él, ciertamente, no se había dado cuenta de que había un visitante en el recinto, alguien dotado de videncia y poseedor de largo conocimiento de la práctica espírita.

Así, tan pronto el dictado tuvo inicio, el visitante dijo algo al oído del dirigente de la reunión informándolo de que aquel Espíritu no pasaba, en verdad, de un mistificador que estaba hace tiempo tomando el tiempo de las sesiones y que, íntimamente, se regocijaba con la credulidad de los integrantes de aquel grupo.

Evidente que, una vez descubierto, el propio Espíritu confirmó la farsa, concluyéndose en aquel mismo momento el dictado del supuesto libro.

El dirigente, con todo, olvidado de las lecciones de Kardec acerca de la mistificación y de sus finalidades, se alejó por varios años de las luchas espíritas, seguro de que había faltado al equipo por él dirigido una mayor protección de los llamados protectores y guías espirituales.



 


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O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita