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Año 5 - N° 208 – 8 de Mayo de 2011


 

Traducción
Elza F. Navarro - mr.navarro@uol.com.br
 

 

¿El amor materno es un mito?


 
Teniendo por título L´Amour En Plus, causó gran perplejidad en todo el mundo el libro lanzado en 1980 en la ciudad de París, por la profesora Elisabeth Badinter, que, después de efectuar extensa encuesta, lanzó la idea de que el instinto materno es un mito y no existe una conducta materna universal y necesaria. 

En la obra, la autora constata la extrema variabilidad de ese sentimiento, según la cultura, las ambiciones o las frustraciones de la madre, y concluye, por fin, que el amor materno es no más que un sentimiento humano como otro y, de esta manera, incierto, frágil e imperfecto. 

En Brasil, publicado por Nova Fronteira, el libro recibió el título de Un Amor Conquistado: El Mito del Amor Materno, con traducción de Waltensir Dutra. 

Un episodio reciente enseñado varias veces por la TV brasileña, en que una madre camina hasta un cubo de basura y deja allí su nene recién nacido, parece dar la razón a Elisabeth Badinter, porque, en realidad, como ella menciona en su libro, hay madres que no revelan ningún sentimiento de amor por sus hijos, a punto de hasta mismo impedir que nazcan, como ocurre en los millones de abortos que se registran anualmente en nuestro país – un país en que la gran mayoría de la población se dice cristiana.   

¿Será el amor materno un mito? 

La doctrina espirita nos dice que no y, cuando se trata del asunto, nos enseña cosa distinta.

Veamos lo que dice la cuestión 890 d´El Libro de los Espíritus: 

- ¿Será una virtud el amor materno, o un sentimiento instintivo, común a los hombres y a los animales? 

“Una y otra cosa. La Naturaleza dio a la madre el amor a sus hijos en el interés de la conservación de ellos. En el animal, sin embargo, ese amor se limita a las necesidades materiales; cesa cuando desnecesario se tornan los cuidados. En el hombre, persiste por la vida entera y comporta una devoción y una abnegación que son virtudes. Sobrevive mismo a la muerte y acompaña el hijo hasta más allá de la tumba. Como podéis ver hay en él cosa diversa de lo que hay en el amor del animal.”  

La experiencia humana nos ofrece muchos ejemplos de la propiedad y del acierto de esa respuesta y eso se queda aún más nítido para los que actúan en sesiones espiritas de asistencia a los desencarnados. Invariablemente, aunque estén desencarnadas, son las madres que en la mayoría de los casos socorren las criaturas que sufren y piden socorro después que hubieran dejado el plan en que vivimos. 

¿Cómo explicar entonces, los casos que subsidiaron las encuestas de Elisabeth Badinter y el episodio que recién vimos por la TV? 

Esa cuestión no fue ignorada por Allan Kardec. Ved lo que nos dice la cuestión 891 de la principal obra de la doctrina espirita: 

- Estando en la Naturaleza el amor materno, ¿cómo hay madres que odian a los hijos y, no raro, desde la niñez de éstos? 

“A veces, es una prueba que el Espíritu del hijo escogió, o una expiación, si ocurrió de tener sido un padre malo, o una madre perversa, o un malo hijo, en otra existencia. En todos los casos, la madre mala es una persona animada por un malo Espíritu que busca crear incómodos al hijo, a fin de que sucumba en la prueba que buscó. Pero la violación de las leyes de la Naturaleza no se quedará impune y el Espíritu del hijo será recompensado por los obstáculos de que haya triunfado.”    

Se averigua que el hecho apuntado es tan solamente una excepción a la regla general donde el amor maternal se encuentra generalmente presente. Se trata de una ocurrencia excepcional por exigencia de una de las leyes que rigen la vida – la ley de causa y efecto -, expresada por Jesús en una frase sencilla y conocida: “La siembra es libre, pero la cosecha es compulsoria”.   

Que estas consideraciones sean recibidas por todas las madres que nos leen como un modesto homenaje a esas criaturas admirables a quien Dios confía sus hijos por creer que ellas darán cuenta de la tarea.



 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita