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Ano 4 - N° 189 - 19 de Diciembre del 2010

LEONARDO MARMO MOREIRA       
leonardomarmo@gmail.com    
São José dos Campos, São Paulo (Brasil)

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org


Los seis estadios de la muerte y la vida en el mundo espiritual

La duración de estas fases es extremadamente variable, siendo que algunas de ellas pueden ser drásticamente reducidas o incluso suprimidas


Los estadios básicos enfrentados por el Espíritu desencarnado pueden ser divididos en seis fases/situaciones fundamentales: La Muerte propiamente dicha; La Desencarnación; El Socorro Espiritual; La adaptación al Mundo Espiritual; Las Realizaciones; y la preparación para la Nueva Reencarnación.

La muerte consiste en la suspensión biológica del organismo que permite la vida material del Espíritu, o sea, es la interrupción de la vigencia de las condiciones mínimas exigidas para que el cuerpo físico desarrolle sus manifestaciones fisiológicas imprescindibles a la manifestación de la vida.

La muerte del cuerpo físico puede ocurrir de forma brusca, cuando un accidente físico interrumpe la vida orgánica de un individuo mínimamente saludable, o de forma lenta y gradual, cuando la vejez o determinada enfermedad van desgastando, paso a paso, la vitalidad del organismo. En estos casos, sobre todo cuando es dicho popularmente que el individuo “murió de vejez” o simplemente “murió de viejo”, podemos deducir que ocurrió un agotamiento total del fluido vital que es una especie de combustible de la vida física. Además de eso, el fluido vital tiene participación fundamental en la constitución del llamado “cordón de plata” o “cordón plateado”, que es el hilo que une el periespíritu al cuerpo físico desde el momento de la concepción hasta la desencarnación.

A pesar de utilizar frecuentemente como sinónimos los términos muerte y desencarnación, en rigor, estos serían fenómenos distinguidos. De hecho, en nuestro nivel evolutivo, es rara la coincidencia temporal de las duraciones de ambos procesos. Para Espíritus que, como nosotros que vivimos en la Tierra, habitan planos de Pruebas y Expiaciones, es mucho más frecuente el proceso de muerte propiamente dicha sea concluido mucho antes de la llamada desencarnación.

La desencarnación sería la desvinculación de cualquier hilo entre el periespíritu y el cuerpo físico. André Luiz y el Hermano Jacob discurren con profundidad sobre el tema en sus obras “Obreros de la Vida Eterna” y “Volví”, respectivamente. El Hermano Jacob llega a afirmar que cuando fue “cortado” el llamado “cordón plateado” entre el cadáver y su periespíritu durante su velatorio, el impacto que él sintió fue tan intenso que él creyó que “estaba muriendo por segunda vez”. Vale adicionar que, según el Hermano Jacob (pseudónimo del ex-presidente de la Federación Espírita Brasileña, Frederico Figner), después de ese proceso de rotura del “cordón plateado”, el deterioro del cadáver se acentuó significativamente.

El pasaje depurador por el Umbral tiene relación con el nivel de materialidad excesiva de nuestro periespíritu

En casos de suicidios directos e indirectos, ese proceso es mucho más lento, pues, además de ser un atentado grave frente a las Leyes de Dios, el desencarnado aún posee exceso de fluido vital, una vez que está “muriendo” mucho antes de lo previsto. Esa abundancia de fluido vital (también conocido como “ectoplasma”, cuando es exteriorizado y/o materializado) fortalece la intensidad de interacción entre periespíritu y cuerpo físico, dejando el periespíritu o cuerpo espiritual excesivamente “materializado”, y dificultando demasiado el proceso de liberación del Espíritu en relación al cadáver. La disminución de fluido vital explica, de cierta forma, fenómenos comunes a enfermos terminales que, a pesar de nunca haber sido médiums ostensivos durante toda su vida física, comienzan a tener sueños verdaderamente espirituales, videncias claras, intuiciones más concretas. Más allá de la protección espiritual preparatoria para la muerte, la mayor libertad en términos de desdoblamiento periespiritual, en función del desligamiento lento y gradual del enfermo, ocurre debido a la más pequeña intensidad de interacción periespíritu/cuerpo físico asociada al agotamiento de los órganos fisiológicos y a la escasez de fluido vital. Esos procesos pueden ocurrir con elevada ostentación en el lecho de muerte, cuando, a pesar de estar aún encarnado, el Espíritu desencarnado acentúa su percepción espiritual. André Luiz comenta sobre ese asunto en un capítulo titulado “Mediumnidad en el Lecho de Muerte”, de la obra “En los Dominios de la Mediumnidad”. Además de eso, varios casos de “Experiencia de Casi-Muerte (EQM)” relatados por médicos y profesionales del área de salud totalmente desvinculados del Espiritismo han corroborado los análisis espíritas acerca de estos fenómenos de desenlace casi total del Espíritu encarnado.

El propio pasaje depurador por el Umbral, necesario para muchos de nosotros, tiene relación con el nivel de materialidad excesiva de nuestro periespíritu, en función de exceso de foco mental en cuestiones puramente materiales que muchos individuos mantienen durante sus existencias materiales. Tal adicción mental, asociada a otros estados enfermos del alma como conciencia de culpa, miedo, odio, resentimiento, apego a la materia, entre otros, aumenta el nivel de materialidad del periespíritu, haciéndolo más “denso”, más “grosero”, dejándolo, por consecuencia, más próximo al cuerpo material en sus necesidades y manifestaciones. En función de la afinidad espiritual que define las barreras vibratorias del mundo espiritual, Espíritus de evolución semejante acaban habitando las mismas regiones o regiones de nivel espiritual semejante.

El socorro o el rescate espiritual pueden simultáneamente ocurrir en los procesos de muerte y desencarnación

Mientras más materializado sea el periespíritu, más complejo, tardado y sufrido tiende a ser la elevación del patrón vibratorio del Espíritu recién desencarnado. Consecuentemente, más tardía tiende a ser la salida de ese Espíritu de un estado de perturbación espiritual ociosa y contraproducente en una región umbralina en dirección a una región de trabajo efectivo en el bien, como es el caso de las colonias espirituales como Nuestro Hogar, Campo de la Paz, entre otras. Esa etapa es conocida como “socorro o rescate espiritual”.

Ese “socorro o rescate espiritual” puede ocurrir simultáneamente a los procesos de muerte y desencarnación, pero esa es una situación común a Espíritus que vuelven al Mundo de los Espíritus en buenas condiciones espirituales, lo que, infelizmente en nuestro mundo, aún corresponde a la minoría de las criaturas. Ese socorro espiritual, con posterior encaminamiento para regiones donde el bien es el comportamiento predominante, libraría al desencarnado de un mayor periodo depurativo en regiones de sufrimiento.

A pesar de la ayuda espiritual constante que siempre recibimos en cualquier situacion, el “socorro espiritual” solamente será efectivamente providenciado y sentido por el Espíritu recién desencarnado cuando él asciende mínimamente del punto de vista espiritual para tener condiciones de ser recibido en una región espiritual de trabajo activo en el campo del bien. Ese tipo de cuidado evita que el Espíritu desencarnado sea motivo de problemas para los trabajadores espirituales y entorpezca sus funciones en las incontables tareas a que se dedican. Por otro lado, la inserción en una colonia de un Espíritu que aún se encuentra en una actitud rebelde no será productiva para ese propio Espíritu, pues él no dará el debido valor a su nueva condición, una vez que ni comenzó a reflexionar sobre los motivos que lo habrían llevado a una situación de sufrimiento después de su desencarnación.

Obviamente, el eventual pasaje por el Umbral también genera intenso temor. Ese miedo acostumbra a ser más pronunciado en adeptos de religiones ortodoxas que predican que las referidas regiones de sufrimiento en el más allá de la tumba, conocidas por el burgo genéricamente como “infierno”, estarían asociadas a una condena eterna.

Subsiguientemente, el desencarnado iniciaría la cuarta etapa, que sería un proceso más amplio de adaptación al mundo espiritual, en el cual las evoluciones moral e intelectual, con especial importancia para la bondad y el conocimiento asociado a las cuestiones relacionadas a la espiritualidad, serían fundamentales para el recién llegado a la Erraticidad.

El  ser desencarnado comprende cada vez más que cogerá lo que plantó en la última encarnación

En este estadio, el Espíritu comienza a trabajar y estudiar con ahínco y dedicación, buscando analizar, concomitantemente, los objetivos más profundos de la vida y, principalmente, su actual condición espiritual. Es una fase importante, pues además de aprender sobre el mundo espiritual y conocer más sobre las leyes de la vida, analiza su encarnación pasada, identificando puntos positivos y negativos de su trayectoria, analizando tareas desarrolladas y trabajos negligentes. Vale destacar que, además de la evaluación de las tareas desarrolladas, es una fase en que el proceso de autoconocimiento, muchas veces a través de una sensata autocrítica, surge o se profundiza, pues la Ley de Dios, que está escritura en la conciencia de la criatura, surge aún más concreta y lúcida  que en el momento que envuelve la desencarnación. Normalmente, esa fase también está asociada a los primeros contactos con entes queridos en el mundo espiritual, pero esa oportunidad está sujeta a una serie de variaciones, dependiendo de una gama de contingencias espirituales de los Espíritus envueltos en ese eventual reencuentro.

La quinta fase sería una etapa extremadamente interesante, pues corresponde a la vida Espiritual del Ser desencarnado perfectamente adaptado a su nueva condición. Consciente de su nivel espiritual, incluyendo fallos y conquistas, así como conocedor de deudas espirituales y muchas veces de las condiciones espirituales de ser queridos. Ese Espíritu pasa a trabajar con dedicación, muchas veces teniendo objetivos a corto, medio y largo plazo, envolviendo realizaciones en el bien, conquistas espirituales, reencuentros deseados con seres que permanecen encarnados, entre otros. Esa fase puede ser corta o relativamente larga, dependiendo de diversos factores. De cualquier manera, el ser desencarnado comprende cada vez más que cogerá lo que plantó en la última encarnación o que esté plantando en el mundo espiritual y, si es mínimamente maduro y consciente, acentúa el esfuerzo y el aprovechamiento del tiempo para cada vez más realizar, aprender y ayudar, buscando a los desafíos del futuro.

Vale recordar que André Luiz describe actividades extraordinarias desarrolladas por seis ministerios en Nuestro Hogar: Regeneración, Auxilio, Comunicación, Esclarecimiento, Elevación y Unión Divina. Los cuatro primeros estarían más vinculados a la inter-relación entre Nuestro Hogar y la Esfera física de la Superficie Terrena y los dos últimos conectarían más efectivamente Nuestro Hogar las esferas espirituales superiores.  

André Luiz dice haber tenido una muerte difícil y sufrida en un hospital, habiendo pasado más de 8 años en el umbral

La sexta y última fase sería la preparación para la reencarnación. Esa fase que en significativa parte coexiste con la quinta fase, comienza a ganar contornos más definidos cuando los proyectos comienzan a ser delineados más concretamente. De hecho, en la quinta fase, en que pese a la conciencia de que deberá reencarnar en el futuro, esa preocupación aún no es prioritaria, pues el mundo espiritual reserva muchos trabajos, estudios y oportunidades de crecimiento. Cuando los proyectos de la nueva experiencia carnal pasan a ser efectivamente planeados, el régimen de urgencia en la preparación para la próxima experiencia física comienza a coexistir con las tareas propias a la vida espiritual.

En función muy probablemente de nuestros ancestrales miedos de morir físicamente y de ir para el “infierno”, siempre nos preocupamos más con las 3 primeras etapas (Muerte, desencarnación y socorro espiritual). De hecho, aún la preocupación con el llamado socorro espiritual no es tan difundida, pues depende de un nivel de información acerca de la vida después de la muerte que pocos individuos en nuestra sociedad tienen. Nosotros siempre nos preocupamos más en tener una “buena muerte”, de preferencia sin dolor y con rápido socorro espiritual, del que realmente con nuestra futura condición espiritual real. André Luiz, por ejemplo, tuvo una muerte difícil y sufrida en un hospital, habiendo pasado más de 8 años en el umbral. Sin embargo, aun así, después de su fase de adaptación a la colonia espiritual Nuestro Hogar, presentó extraordinaria madurez espiritual, habiendo sido escogido en función de sus conquistas para la gran misión de hacerse una especie de “reportero del mundo espiritual”, desvelándonos grandes realidades y permitiendo a todos nosotros espíritas un profundo conocedor en las enseñanzas de la Codificación, a nosotros dejados por Allan Kardec. Por lo tanto, a pesar de no haber tenido excelentes muerte y desencarnación, André Luiz tenía un notable equipaje espiritual, las cuales catalizadas por su esfuerzo y disciplina espiritual permitieron que el noble autor espiritual proporcionara una obra de relevancia impar para el avance espiritual del planeta Tierra.

Muchas veces también nos preocupamos con el nivel evolutivo de la colonia espiritual en que seremos socorridos, lo que tampoco deja de ser algo secundario, pues, a pesar de cierto nivel, esa homogeneización no es absoluta, implicando que Espíritus de evoluciones bien diferenciadas pueden habitar una misma colonia espiritual, sobre todo en las más populares.

El intervalo entre encarnaciones es un periodo significativo que puede mejorar las condiciones futuras de la persona

Es común en Espíritus verdaderamente misioneros como Veneranda (conforme es narrado en Nuestro Hogar) y Bezerra de Menezes abdiquen de habitar esferas superiores para auxiliarnos en nuestro proceso evolutivo en nombre de la práctica auténtica del Amor y de la Fraternidad. El Hermano Jacob, autor de la extraordinaria obra “Volví”, es un ejemplo de un Espíritu que realizó mucho mientras estuvo encarnado, haciendo justo al que podríamos clasificar de una “óptima muerte”, una vez que fue digno de ser socorrido espiritualmente por un equipo espiritual liderado por el propio Dr. Adolfo Bezerra de Menezes. Ese socorro ocurrió durante el proceso de muerte y desencarnación, minimizando grandemente la perturbación inherente a la gran transición, pues fueron inmediatamente sucedidas por la entrada del Hermano Jacob en una elevada colonia espiritual. Sin embargo, el noble trabajador espírita percibió, después de determinado tiempo de adaptación en el mundo espiritual, que no tenía las condiciones de elevación espiritual que, a priori, hubo supuesto tener, aún habiendo sido merecedor de toda asistencia desencarnatoria, así como de la inserción en la referida colonia espiritual.

Es importante acentuar que la duración de estas fases es extremadamente variable, siendo que algunas de ellas pueden ser drásticamente reducidas o aún ser prácticamente suprimidas dependiendo de la evolución espiritual de cada ser. A título de ilustración, podemos citar al padre de André Luiz que, en función de sus dificultades espirituales, salió literalmente del umbral para el procedimiento reencarnatorio. Por lo tanto, las fases de socorro espiritual y de preparación para la reencarnación se sobrepusieran, habiendo una supresión prácticamente total de las fases de adaptación al mundo espiritual y de realizaciones.

De cualquier manera, en circunstancias más generales y frecuentes, las seis etapas son observadas para un gran número de Espíritus. Realmente, el periodo de permanencia en el mundo espiritual para la mayoría de los Espíritus que habitan actualmente la Tierra acostumbra a ser superior al tiempo medio en que permanecemos encarnados en la superficie. Siendo así, el intervalo entre encarnaciones es un periodo significativo, el cual, si realmente es bien aprovechado, puede mejorar mucho las condiciones del individuo en su próxima experiencia reencarnatoria.

A nosotros encarnados nos resta realizar más y mejor en el campo de los deberes materiales y espirituales, estudiando cada vez con más dedicación la Doctrina Espírita, para tener el mérito moral y el conocimiento intelectual sobre la vida espiritual, los cuales harán nuestro futuro periodo en la Erraticidad una fase de paz, trabajo en el bien y realizaciones planificadoras, desde el primer momento, es decir, el momento de la muerte física.


 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita