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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 4 179 – 10 de Octubre del 2010

 
                                                            
Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org

 

Elecciones

 

Carla, de ocho años, tenía gran dificultad en cumplir sus obligaciones, especialmente aquellas que eran más importantes, como hacer los deberes de la escuela, ir a las aulas, leer un libro o participar del Evangelio en el Hogar, que la familia hacia todos los jueves, a las 7 horas de la noche.

A la niña lo que le gustaba era juguetear con las amiguitas, pasear con la bicicleta, visitar a la abuela, asistir a los dibujos o ver películas en la televisión.

En la escuela, aguardaba con ansiedad la hora del recreo, cuando aprovechaba para juguetear y conversar con sus compañeros.   

De ese modo, Carla estaba siempre endeudada: sus

notas eran pésimas y temía perder el año. Pero, nada hacía para cambiar la situación, buscando juguetear menos y estudiar más. Cuando la madre la mandaba a hacer los deberes y estudiar, ella protestaba:

— ¡Es sólo lo que tú me dices, mamá! ¡Carla, ve a estudiar! ¡Haz los deberes de la escuela! ¡Arregla tu cuarto! ¡Guarda tu ropa! ¡Guarda tus juguetes! ¡Arre! ¡Estoy cansada de oír esas cosas! ¡Es sólo lo que hago todo el tiempo!...

Y se ponía a llorar, haciendo un drama. La madre la oía con paciencia y respondía seria:

— Mi hija, si tú cumplieras tus obligaciones, yo no necesitaría recordarlas. Hago eso por ti, por tu educación. ¡A propósito! ¿Ya experimentaste preguntar a tus coleguitas de la escuela como las madres de ellos hacen para que cumplan sus deberes? ¿Será que ellos no tienen problemas iguales a los tuyos?

— No. Pienso que ellos no tienen esos problemas en casa.

— En verdad, tú no lo sabes. Pues entonces, pregunta. ¡Te garantizo que tú vas a sorprenderte!  

Viendo que la hija estaba bastante enfadada, la madre le explicó con cariño:

— Carla, todos nosotros en la vida estamos haciendo elecciones todo el tiempo, siempre. Y de esas elecciones depende nuestro futuro: que él sea mejor o peor. ¡Piensalo bien!

La niña se quedó con aquellas palabras en la cabeza.

A la noche, era día del Evangelio en el Hogar, cuando se reunían en familia para conversar sobre las lecciones de Jesús. El texto que cayó, abierto el Nuevo Testamento al acaso, era el pasaje en que Jesús, caminando con sus apóstolos, entró en una aldea, Betania, y se hospedó en la casa de Lázaro, que tenía dos hermanas, Marta y María.

María, encantada con Jesús, se sentó a los pies del Señor para oírle las enseñanzas. Marta, sin embargo, preocupada en recibir bien a los visitantes, en prepararles la cena, quedó sobrecargada con mucho trabajo.

Llegándose a Jesús, dijo: — Señor, pide a María que me ayude, pues estoy sola para hacer todo el trabajo.

El Señor, sin embargo, respondió: — Marta, Marta, tú te sofocas y te ocupas con muchas cosas; sin embargo, una sólo es necesaria. María escogió la mejor parte, que no le será quitada.  
 

El padre, que leyó el texto, preguntó a la hija si había entendido.

— No entendí, papá. ¡Creo que Marta tenía razón al pedir a Jesús que ordenara a María que fuera ayudarla! Finalmente, alguien tenía que preparar la comida, ¿no es?

— Tienes razón, querida. Pero, Jesús quiso enseñar que existen cosas que son más importantes que otras. La presencia del Señor en aquella casa era de gran valor. Y todo lo que Él enseñaba era para ser muy bien guardado, pues habría un tiempo en que Él no estaría más en la Tierra. Eran conocimientos que quedarían para la posteridad, es decir, para las sociedades del futuro. En cuanto a las tareas domésticas, como arreglar la casa y preparar los alimentos, son cosas banales que todos los días estarían allí, necesitando ser hechas nuevamente.

La niña pensó.... pensó.... pensó.... y concluyó:

— Entonces, ¿es como mis deberes de casa y los de la escuela?

 La madre sonrió a ese recuerdo de la niña, explicando:

— Sé adónde tú quieres llegar, hija. Sí, los deberes de la escuela son más importantes porque tienen que ver con tu aprendizaje para el futuro: es lo que tu aprendes y no olvidas más. Es conquista del espíritu.

— ¿Quieres decir que los deberes domésticos tienen menos valor que los del espíritu?

— Exactamente. Entonces, lo importante es cumplir los deberes del aprendizaje escolar. En cuánto a los otros, la gente lo hace si tuviera tiempo. ¿Entendiste?

— Entendí, mamá. ¿Y los juegos, los paseos, etc.?

La madre abrazó a la hijita con cariño al verle la preocupación:

— Queda tranquila, querida. ¡Tú eres una niña y siempre habrá tiempo para juguetear! Carla sonrió feliz y contó:

— Mamá, pregunté a mis compañeros de la escuela si las madres de ellos quedaban pidiendo que hicieran sus deberes, y ellos me dijeron que todas

las madres siempre piden la misma cosa.

Carla había aprendido la lección. De ese día en delante, ella jamás dejó de cumplir sus deberes. Ella comprendió que, aprovechando bien el tiempo, haría los deberes escolares y domésticos, aún sobrando espacio para juegos y paseos, y que Jesús quedaría contento con ella, por estar haciendo las elecciones correctas.   

                                                        Meimei 
 


(Psicografiado por Célia X. de Camargo, el 16/08/2010.)

 
                              


 



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Revista Semanal de Divulgación Espirita