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Espiritismo para los niños - Célia X. de Camargo - Português Inglês 
Año 4 174 5 de Septiembre del 2010

 
                                                            
Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org

 

El tesoro escondido

 

Cierto hombre deseaba mucho encontrar un gran tesoro. Como le gustaba de un modo especial de las perlas, resolvió bucear para ver si conseguía encontrar una perla, que él sabía era de gran valor.

Su esposa, mujer práctica y sin gran conocimiento, sugirió:

— Compra perlas en las tiendas. Existen montañas de ellas en collares, pendientes y anillos, y algunas bien baratas.

El marido sonrió de la ingenuidad de la esposa, replicando:

— No deseo perlas que son fabricadas por máquinas y que se encuentran en gran cantidad en cualquier tienda. Quiero las perlas verdaderas, que se forman dentro de  algunos tipos de ostras. Son muy bellas y poseen uno brillo especial. Estas son joyas verdaderas y tienen gran valor en el comercio.

Sin embargo, la esposa estaba muy preocupada:

— No vaya, mi marido. El mar es traidor y es peligroso bucear en aguas profundas.

Con firmeza, el hombre se despidió de la esposa, tranquilizándola:

— No te preocupes. Tengo fe que Dios va a ayudarme.   

Así, el hombre se hizo con todo el equipamiento necesario para el buceo: ropa especial de buceador, máscara y tubo de oxígeno.

Con voluntad, despertó mucho pronto y buceó buscando su tesoro, llenándose de coraje para enfrentar los peligros que las profundidades del mar encierran.  

Con determinación y coraje, buceó varios días sin conseguir encontrar la perla de sus sueños.

Sin embargo, no se desanimó. Continuó, con perseverancia, a hacer los sumergimientos hasta que, cierto día, consiguió encontrar lo que tanto

deseaba: dentro de una ostra, allí estaba la perla más linda que alguien ya había encontrado.

Feliz, agradeció a Dios por la bendición que le había concedido y, satisfecho, volvió para casa, llevando con mucho cuidado y cariño su tesoro.

Como ese hombre, muchas personas

también desean encontrar tesoros, pero no poseen las condiciones necesarias que son: la voluntad, el coraje, la perseverancia y la fe.

Jesús compara el Reino de los Cielos a un negociante que buscaba buenas perlas; y habiendo hallado una de gran valor, vendió todo lo que poseía y la compró.

Lo mismo ocurrió con el buzo que dejó todo lo que tenía para correr en búsqueda de su tesoro mayor y no midió esfuerzos para encontrarlo. Y, cuando lo encontró, se llenó de alegría.

El Evangelio de Jesús es ese tesoro de valor inmenso que nos enriquece el alma. Encontrando las enseñanzas del Maestro, de nada más tendremos necesidad.  


(Adaptado do CD “Educação do Ser Integral”, do Lar Fabiano de Cristo.)

                                                                  
 
                                                                   Tía Célia 


 



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Revista Semanal de Divulgación Espirita