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Año 4  168 – 25 de Julio del 2010


 

Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org
 

 

El secreto de la paz en “Nuestro Hogar”


Richard Simonetti fue la atracción de cierre de la Semana Espírita de Londrina, realizada del 10 al 17 de julio, y su charla es la que inspiró el texto que sigue.


Cuando André Luiz, tras haber pasado ocho años en el Umbral, adentró la región designada en su libro como siendo la ciudad o colonia espiritual “Nuestro Hogar”, un hecho le llamó de pronto la atención. El ambiente oscuro, denso, desprovisto de belleza – que caracterizaba la región en que hubo estado largo tiempo – fuera sustituido por un escenario encantador y de paz, cielo azul, sol brillante, lindas construcciones, aunque la ciudad se localizara en la misma región en que él estacionaba.

En “Nuestro Hogar” él aprendió cosas que jamás había imaginado que existieran. El Umbral, por ejemplo, le dijo más tarde su amigo Lísias, “comienza en la superficie terrestre”. “Es la zona obscura de cuantos en el mundo no se decidieron a atravesar las puertas de los deberes sagrados, a fin de cumplirlos, demorandose en el valle de la indecisión o en el pantano de los errores numerosos.” (Nuestro Hogar, cap. 12, pág. 70.)

El Umbral funcionaría, pues, como región destinada al agotamiento de los residuos mentales, una especie de zona purgatorial, en que se quema la prestaciones o material deteriorado de las ilusiones adquiridas al por mayor, pero jamás faltó allí la protección divina. El plano umbralino está repleto de desencarnados y de formas-pensamiento de los encarnados, ya que, en verdad, todo Espíritu, donde esté, “es un núcleo irradiante de fuerzas que crean, transforman o destruyen”.

¿Como explicar, entonces, la diferencia de escenario y de ambiente? ¿Por qué en un lugar la oscuridad, la revuelta y la desesperación, mientras en otro lugar, cerca de allí, el sol brillante, la paz y la armonía?

La explicación le vino más tarde, por medio de Lísias, que le dijo que había un compromiso entre todos los habitantes equilibrados de la colonia en el sentido de no emitir pensamientos contrarios al bien. De esa forma, el esfuerzo de la mayoría se transformó en una plegaria casi perenne y qué nacieron las vibraciones de paz que tanto impresionaron al autor del libro “Nuestro Hogar”.

Si nosotros, encarnados aún en la Superficie terrestre, hiciéramos un pacto semejante, en el que sólo pensáramos y actuáramos en el bien, con toda certeza el escenario y el ambiente de este mundo tan conturbado se modificarían para mejor, posibilitando y haciendo concreta la transformación de la Tierra, de un mundo de pruebas y expiación en un mundo de regeneración.

Tras consideraciones semejantes a lo que dijimos, Simonetti afirmó que existe una receta que puede hacer tal idea una posibilidad real. Y aludió a lo que él llamó de receta de Tía Grace, una señora americana que dejó registrado en su diario un curioso guión para que las personas hagan útil su pasaje por la Tierra y firmen un real compromiso con el bien.
 

El breviario de Tía Grace es muy simple y se compone sólo de seis puntos:
 

·        Todos los días, haga algo útil a alguien.

·        Haga algo útil también para usted mismo.

·        Haga algo que es preciso hacer, pero usted no tiene ganas.

·        Haga un ejercicio físico.

·        Haga un ejercicio mental.

·        Agradezca a Dios por la bendición de la vida.


La fórmula, si es observada todos los días de nuestra existencia, funcionará a buen seguro alguno y – ¿quien sabe? – podrá ser la herramienta que ha faltado para que, en la parte que nos toca, ayudemos a la Tierra a alcanzar un nuevo estadio en su proceso evolutivo.

 


 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita