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Año 3 151 – 28 de Marzo del 2010


 

Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org
 

“La reencarnación es una herejía; la evocación
es pecado”
 

Los teólogos cambiaron por completo el tono de las críticas que hacen al Espiritismo. Ya pasó el tiempo en que las comunicaciones mediúmnicas eran tenidas como cosa del “demonio” y en el que los médiuns no pasaban de farsantes.

Esa postura nueva puede ser encontrada en obras diversas, como por ejemplo en el libro titulado “Espiritismo y Fe”, de fray Boaventura Kloppenburg, publicado por el Círculo de Lectura en 1986.

Fray Kloppenburg es viejo conocido de los espiritistas brasileños, debido a las diversas publicaciones de su labor dirigida contra los “heréticos” del siglo XX. En la obra citada el teólogo asume, sin embargo, una posición curiosa. Primero, declara que jamás la Iglesia atribuyó oficialmente al demonio las comunicaciones del Más Allá. De acuerdo con su punto de vista, las comunicaciones espíritas son perfectamente posibles; el error sería evocar los Espíritus y estaría ahí el “pecado” de los espiritistas.

La evocación – o sea, el llamamiento de los Espíritus por parte de médiums o evocadores – sería un pecado condenado por la Biblia y constituiría, según su punto de vista, uno de los dos grandes males del Espiritismo. El otro, llamado por él como “herejía”, es la creencia en la reencarnación. Heréticos serían, pues, todos aquellos que creen en la tesis de la vuelta de un Espíritu a un nuevo cuerpo físico para dar proseguimiento a su marcha evolutiva. Ese, es el núcleo de las nuevas ideas divulgadas por el ilustre teólogo.

Evidentemente, nos cabe respetar todas las opiniones sinceras. Fray Boaventura es un teólogo sincero; merece por eso nuestro mayor respeto. Pero es preciso esclarecer que ni la reencarnación, y mucho menos la evocación de los Espíritus, fueron objeto de condena por Jesús de Nazaret, el verdadero autor de la doctrina cristiana, superior, bajo todos los puntos de vista, a la doctrina contenida en el Antiguo Testamento, a la que recurren los críticos del Espiritismo para buscar la prohibición de las evocaciones de los muertos.

La reencarnación es uno de los principios fundamentales de la Doctrina Espírita y, a buen seguro, uno de sus puntos fuertes. Quien lo dice son los espíritas recién convertidos, que explican que fue gracias al conocimiento de la reencarnación que pudieron comprender mejor sus problemas de orden existencial y resolverlos.

Tras los trabajos publicados por Ian Stevenson y Banerjee, que se ocuparon por largo tiempo del asunto, la reencarnación dejó de ser la creencia ingenua atribuida a los espiritistas para ingresar en el área académica. Y fue exactamente un psicólogo de formación protestante – el americano Morris Netherton – quién, hace más de treinta años, fundó una nueva técnica terapéutica basada en nuestras vidas o vivencias pasadas, a la cual se afilian médicos y profesionales del área de la salud en varias partes del mundo.

La comunicación de los llamados muertos ha convertido a más de un padre desesperado que encuentra en la carta post-mortem del hijo querido el mensaje confortador de la fe, de la inmortalidad y de la esperanza.

Chico Xavier fue instrumento de centenares de casos de ese orden. Pero no fue él quien evocó a los jóvenes que partieron. Fue la nostalgia, el deseo del reencuentro, el sufrimiento de los padres que hicieron – y aun hacen – que tales Espíritus vuelvan hasta nosotros para decir que están vivos, que la muerte no existe y que es en Jesús que encontraremos la verdadera senda para la felicidad con que soñamos.

La evocación directa de los Espíritus fue un proceso adoptado por Kardec y por incontables discípulos del Codificador para la estructuración de la Doctrina Espírita. Kardec llevaba a las reuniones una lista conteniendo varias indagaciones. Los Espíritus las respondían. Así surgió “El Libro de los Espíritus”. Actualmente, sin embargo, no se practica la evocación, tan condenada por Fray Boaventura. Los instructores del Plano Espiritual, Emmanuel al frente, nos llaman la atención para la innecesidad actual de las evocaciones directas, de modo que los Espíritus se comunican en las sesiones espíritas espontáneamente, según el permiso de Dios, el tiempo de que disponen y su propia necesidad o voluntad de manifestarse por medio de un médium.


 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita