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Año 3 149 – 14 de Marzo del 2010


 

Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org
 

Una crítica infantil a la reencarnación
 

Cuando la Tierra alcanzó el fantástico número de 6 billones de habitantes, hubo quienes argumentaron: “Ahora, si el planeta aumenta siempre el número de sus habitantes, ¿cómo se explica la reencarnación, que sería la vuelta a la Tierra de los hombres que aquí vivieron antes?”

Esa pregunta no pasa, en el fondo, de una crítica infantil a la doctrina de las vidas sucesivas. Cuando un club de fútbol está representado en un determinado partido, hay en el campo once jugadores, pero existen allí mismo, en el banco de reservas, otros jugadores a la espera de una posible sustitución, además de un contingente de jugadores que forman parte del club y entrenan también con los demás, aunque allí no sean vistos.

La Tierra no se constituye, por lo tanto, solamente de los billones de criaturas encarnadas que pueblan los diferentes países. Su contingente es mucho mayor. Existen personas que viven aquí 70, 80, 90 años y más de 100 en la vida espiritual, en los intervalos de las diferentes existencias corpóreas. Ahora, cuando esas personas no están revistiendo un cuerpo material, alguien está ocupando sus lugares, sus casas, sus empleos, su función en la existencia corporal. Cuando ellas vuelven a este plano, otros de aquí se van y es exactamente el conjunto de las poblaciones visible e invisible del planeta que forma la comunidad terrena.

Existe, aún, otro factor a ser considerado. Los planetas son solidarios entre sí. Recordamos  lo que ocurre en una ciudad como Londrina. La Universidad local recibe alumnos de los más variados lugares, no sólo de ciudades paranaenses, sino también de São Paulo, Minas, Mato Grosso, finalmente, de todas partes.

Lo mismo se da con los planetas. En su trayectoria evolutiva, la Tierra es un campo de emigración e inmigración de individuos. De aquí parten los seres que nada más tienen que aprender en nuestro mundo. ¿Que harían en la Tierra Francisco de Asís, Einstein, Sócrates, Newton, Beethoven? Nuestro mundo está, en términos evolutivos, de este lado de sus potencialidades y, por eso, van ellos a buscar en otros mundos la cultura y el desarrollo espiritual de acuerdo con su nivel evolutivo.

La Tierra también recibe Espíritus oriundos de planetas semejantes o aún inferiores al nuestro. Esa migración forma parte de las leyes de Dios. Hay todo una mezcla de etnias, de culturas, de experiencias, y es precisamente esa miscegenación que impulsa el progreso de los mundos.

La ley de Dios nos impulsa al progreso. La forma de alcanzarlo, de hecho única, es repetir experiencias, reaprendiendo, cortando aristas, notando perjuicios, reparando estragos, haciendo el bien, diseminando la cultura, edificando la paz.

 “Nacer, morir, renacer aún, progresar siempre – tal es la ley.” He ahí, en síntesis, lo que los Espíritus nos enseñaron al respeto.


 


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O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita