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Año 3 128 – 11 de Octubre del 2009

AMÉRICO DOMINGOS NUNES FILHO  
americonunes@terra.com.br       
Rio de Janeiro, RJ (Brasil)

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org

 

Francisco de Asís,
el amor en acción

Algunas fuentes mediúmnicas hacen mención de haber
sido Francisco, en una pasada reencarnación, el apóstol
Juan Evangelista, que realmente, ya en aquella época,
poseía el poder de amar

 
Nació en Asís, Italia, el 26 de septiembre de 1181, y desencarnó en 1226. Fue canonizado en 1228, dos años después de su muerte, cuando pasó a ser considerado santo.

Fue proclamado, en 1979, Santo Patrono de los Ecologistas, debido el hecho de haber sido un gran admirador de la naturaleza y por el intenso y dedicado amor a los animales. Poeta, cantaba al Sol, la Luna y las estrellas.  Era alegre, tierno, simple, amoroso, criatura de paz y de bien, obteniendo estima, consideración y simpatía. Amaba intensamente a Jesús y a su madre María.

El 4 de octubre es conmemorado su día.

Aún joven, penetrando en un templo católico, en ruinas, mirando para la imagen de Jesús, en el altar, oyó al mismo decirle: -"Francisco, restaura mi casa decadente”.

Tomando en el sentido literal las palabras, inició un trabajo de reforma de la pequeña iglesia, no asimilando, en el momento, el trascendental mensaje profético de Cristo, el cual se refería al estado lamentable en que se encontraba el cristianismo (”mi casa”), completamente distanciado del evangelio redentor, base primaria del vero cristianismo de Jesús. En verdad, la decadencia religiosa es observada siempre que el amor por excelencia es despreciado en pago de los valores materiales.

Francisco, denominado como; “IL Poverello” (“El Pobrecito”), fue un hombre simple y humilde, así como Cristo, a quien amaba ardientemente. Fue un verdadero cristiano, preocupado con su semejante, totalmente disociado del poder de la vanidad y del orgullo. Rechazaba posesiones y, aún obrando en el catolicismo, se eximió de las órdenes eclesiásticas y promociones sacras, nunca haciéndose sacerdote.

La restauración que el Maestro desea es realizada en nuestro interior, viviendo la práctica religiosa, bajo la égida de las enseñanzas evangélicas,

sabiendo que la paz espiritual (”salvación”) es conquistada a través del ejercicio duradero del amor y de la fraternidad, sin la preocupación de adquirir ventajas personales. En el cristianismo del Cristo personificado por Francisco, no puede haber intereses de orden financiera, “dando de gracia lo que de gracia recibiste”. En el cristianismo de los hombres predomina el poder temporal, la exuberancia de los templos religiosos y de los rituales, el mercantilismo, recriminado por Jesús, clamando que no hicieran de la Casa del Padre una cueva de ladrones (Mateo 21: 12-13), el dogmatismo, malbaratando la verdad que libera y restringiendo la esencia espiritual a conceptos humanos superados.

Francisco, de entre las tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, resaltó la caridad como la más excelente

 “IL Poverello” practicó en todos los momentos el Evangelio del Maestro, dando de comer a los hambrientos, saciando a los que tenían sed, hospedando a los forasteros, vistiendo a los desnudos, visitando a los enfermos y los presos (Mateo 25: 36). Vivió el amor en plenitud, obedeciendo al mayor mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”, sabiendo que toda la ley y los profetas están contenidos en ese mandamiento (Mateo 22: 36-40). 

Francisco, de entre las tres virtudes: la fe, la esperanza y la caridad, resaltó la caridad como la más excelente, ratificando la enseñanza de Pablo (1ª Carta a los Corintios, 13: 13). Nadie cómo él, realmente testificó que “fuera de la caridad no hay salvación” (“OESE”, nº 15: 8). En la Parábola del Buen Samaritano, el Maestro, puso de lado, en la salvación, hasta el sacerdocio, citando a un hombre sin religiosidad, como afortunado, porque, humilde y caritativo, auxilió al hombre tirado en el camino. Aún sin ser religioso, fue otorgado por Jesús cómo salvo, mereciendo la denominación de verdadero cristiano, porque por la acción de la voluntad hizo el bien.

El “Santo de Asís”, de acuerdo con el Sermón de la Montaña (Mateo 5: 1-12), como pobre en espíritu, se hizo poseedor del Reino de los Cielos; consoló a los afligidos de todos los matices; manso por excelencia, con capacidad amplia de heredar la tierra; satisfecho por tener hambre y sed de justicia; feliz por ser misericordioso, puro de corazón y promovedor de la paz. Todos los insultos recibidos, las calumnias impetuosas y las persecuciones sufridas, a causa del trabajo con el Maestro, hacían de él un auténtico cristiano, mereciendo la debida recompensa en la dimensión espiritual.  

Algunas fuentes mediúmnicas hacen mención de haber sido Francisco, en una pasada reencarnación, el apóstol Juan Evangelista. Realmente, en aquella época, ya poseía el poder de amar en exuberancia, de ahí haber sido denominado como discípulo amado”, ya que Cristo amaba a todos sin distinción. Lo que hacía la diferencia era el hecho de que Juan hubiera sido el más evolucionado de los discípulos.

El evangelista estuvo presente en todos los acontecimientos importantes relacionados al Maestro, inclusive en el momento crucial de la crucificación. En la última cena, quedó sentado al lado de Cristo, en posición privilegiada (En sus últimos momentos en la carne, Francisco pidió para leer los textos evangélicos correspondientes a la Última Cena).  

Francisco de Asís, como Juan Evangelista, fue uno de los excelsos benefactores espirituales de la codificación

Fue responsable por la vida de María, después de la desencarnación de Jesús (Ese pormenor tal vez aclare la adoración extrema de Francisco de Asís a la madre del Maestro, con quien vivió momentos muy difíciles, viviendo la personalidad del evangelista junto a la crucificación).

Cuando era necesario el concurso mediúmnico, Cristo lo convocaba junto con Pedro y Santiago (El santo de Assis era portador de diversos dones mediúnicos). Participó activamente del colegio apostólico, siendo el último en morir. Cinco de los libros del Nuevo Testamento fueron de su cosecha: el Cuarto Evangelio, tres epístolas y el Apocalipsis.

Según el propio Juan, Jesús hubo afirmado que el evangelista estaría vivo, es decir, actuante, en la época de la vuelta ostensiva de Cristo a la humanidad, lo que no ocurriría con los otros discípulos (Juan 21:21-23). Realmente, el Consolador Prometido (Codificación Espírita), surgiendo en Francia, recibió la bendición de tener como uno de sus mayores instructores, exactamente, a Juan Evangelista.

El nombre de bautismo de Francisco era Giovanni di Pietro Bernardone (Juan Bernardone). Por lo tanto, recibió de su madre, actuando por intuición, el nombre de Juan, el cual, posteriormente, fue sustituido por el padre por Francisco, en homenaje a Francia. En Asís, el niño fue conocido como Francisco, o sea, el "pequeño francés".

Francisco de Asís, habiendo sido Juan Evangelista, fue uno de los excelsos benefactores espirituales de la codificación, sistematizada por Allan Kardec, y nos dejó algunos mensajes bien profundos, como el publicado en la Revista Espírita de diciembre de 1864 (Sesión Conmemorativa en la Sociedad de París): (…) “El amor es la ley del Espiritismo; él dilata el corazón y hace amar activamente a aquellos que desaparecen en la vacante penumbra del túmulo. El Espiritismo no es un sonido vano, caído de los labios mortales y que un soplo lleva; es la ley fuerte y severa que proclamó Moisés en el Monte Sinai, la ley que afirmaron los mártires ebrios de esperanza, la ley que discutían los filósofos inquietos, y que, finalmente, los espíritus vienen a proclamar. ¡Espíritas! el gran nombre de Jesús debe flotar, como una bandera, por encima de vuestras enseñanzas. Antes que fuerais, el Salvador traía la revelación en su seno, y su palabra, prudentemente medida, indicó cada una de las etapas que recorristeis hoy. Los misterios cayeron al soplo profético que sacude vuestras inteligencias, como otrora las murallas de Jericó”.

La Oración de la Paz, conocida internacionalmente y atribuida a Francisco de Asís, es de origen desconocido

En la Revista Espírita de 1863, el apóstol Juan enfatiza que “llegó la hora en que el Espiritismo debe rejuvenecerse y vivificar la propia esencia del Cristianismo”. Así él procedió, cuando vivió la personalidad firme y resoluta de Francisco de Asís.

La Oración de la Paz, conocida internacionalmente, fue atribuida a Francisco de Asís. Pero, su origen es desconocido, habiendo sido escrita, de entrada, en 1912, en un boletín espiritual publicado en París. Después, en 1916, en Roma, surgió una hoja, trayendo estampadas la oración y una imagen del santo. Aunque la obra capte el espíritu del santo y su texto parezca ser de él, no fue encontrada en sus pertenencias y no es de su autoría. Siendo, por lo tanto, anónima, creemos que su fuente es espiritual, habiendo sido compuesto, por vía mediúmnica, por él mismo o por uno de sus seguidores.

Francisco de Asís, a través de la mediumnidad de Chico Xavier, dejó el siguiente mensaje, el 17 de agosto de 1951, en Pedro Leopoldo, MG.: (...) “El calvario del Maestro no se constituía tan solamente de sequedad y aspereza... Del monte pedregoso y triste manaban fuentes de agua viva que refrescaron el alma de los siglos. Y las flores que se abrían en el entendimiento del ladrón y en la angustia de las mujeres de Jerusalén atravesaron el tiempo, transformándose en frutos bendecidos de alegría en el depósito de las naciones.

Coge las rosas del camino en el espinal de los testimonios... ¡Atesora las monedas invisibles del amor en el templo del corazón!... ¡Mejora el ánimo varonil, en contacto con el rocío divino de la gratitud y de la bondad!... ¡Sin embargo, no te detengas. ¡Camina!... Es necesario ascender.

Es indispensable la ruta de la elevación, con el sacrificio personal por norma de todos los instantes. ¡Acuérdate, Él estaba solo! Solo anunció y solo sufrió. Pero erguido, en plena soledad, en el madero doloroso por dedicación a la humanidad, se convirtió en Eterna Resurrección.

No tomes otra directriz sino la de siempre. Descender, auxiliando, para subir con la exaltación del Señor. Dar todo para recibir con abundancia. Nada pedir para nuestro YO exclusivista, a fin de que podamos encontrar el glorioso NOSOTROS de la vida inmortal. Ser la concordia para la separación. Ser luz para las sombras, fraternidad para la destrucción, ternura para el odio, humildad para el orgullo, bendición para la maldición...

Ama siempre. Es por la gracia del amor que el Maestro persiste con nosotros, mendigos de los milenios, derramando la claridad sublime del perdón celeste donde creamos el infierno del mal y del sufrimiento.

El Evangelio es nuestro Código Eterno y Jesús es nuestro Maestro imperecedero

Cuando el silencio se haga más pesado alrededor de tus pasos, agudiza los oídos y escucha. La voz de Él resonará de nuevo en la acústica de tu alma y las grandes palabras, que los siglos no borraron, volverán más nítidas al círculo de tu esperanza, para que tus heridas se conviertan en rosas y para que tu cansancio se transubstancie en triunfo.

El rebaño afligido y atormentado clama por refugio y seguridad. ¿Qué será de la antigua Jerusalén humana sin el bastón providencial del pastor que acecha los movimientos del cielo para la defensa del aprisco?

Es necesario que la llama de la cruz se rehaga, que la claridad de la verdad fulgure nuevamente, que los rumbos de la liberación decisiva sean trazados. La inteligencia sin amor es el genio infernal que arrastra los pueblos de ahora a las corrientes oscuras, y terroríficas del abismo. El cerebro sublimado no encuentra socorro en el corazón embrutecido. La cultura extraviada de la época en que vivimos, relegada a la aflicción, amenaza todos los servicios de la Buena Nueva, en sus más íntimos fundamentos. Pavorosas ruinas humearan, por descontado, sobre los palacios faustosos de la humana grandeza, carente de humildad y el viento frío de la desilusión soplará, fuerte, sobre los castillos muertos de la dominación que, desvariada se exhibe, sin meditar en los intereses imperecederos y supremos del espíritu.

Es imprescindible el ascenso. La luz verdadera procede de lo más alto y sólo aquel que se instala en el plan superior, aun igual cubierto de llagas y roído de gusanos, puede, con razón, aclarar la senda redentora que las generaciones engañadas olvidaron.

Rehaz las energías agotadas y vuelve al hogar de nuestra comunión y de nuestros pensamientos. El trabajador fiel persevera en la lucha santificante hasta el fin. El farol del océano airado es siempre una estrella en soledad. Ilumina la carretera, buscando la lámpara del Maestro que jamás nos faltó.

Avanza... Avancemos...

Cristo en nosotros, con nosotros, por nosotros y en nuestro favor, y el Cristianismo que necesitamos revivir al frente de las tempestades, de cuyas tinieblas nacerá el esplendor del tercer Milenio”.

Ciertamente, el apostolado es todo. La tarea transciende el cuadro de nuestra comprensión.

No exijamos esclarecimientos. Busquemos servir. Nos cabe sólo obedecer hasta que la gloria de Él se entronice para siempre en el alma flagelada del mundo.

Sigue pues, el amargo camino de la pasión por el bien divino, confiándote al sudor incesante por la victoria final.

El Evangelio es nuestro Código Eterno. Jesús es nuestro Maestro Imperecedero. Subamos, en compañía de Él, en la trilla dura y áspera.

Ahora es aun la noche que se rasga en truenos y sombras, amedrentando, fustigando, torturando, destruyendo…

 “Pero Cristo reina y mañana contemplaremos el celeste despertar”. 

Apendice

Algunos pensamientos al respecto de Francisco de Asís:

 “La vida de San Francisco de Asís es la que más se aproxima a lo Absoluto del Evangelio… Él fue el primero después del Único.” – Y. Congar, teólogo.

 “Hace algunos días me pregunto si el Cristo, en el tiempo de la vida de San Francisco, no nos dio, por segunda vez, el santo Evangelio.” – Julian Green.

 “Hay hombres que, viviendo profundamente la problemática de su tiempo y de su pueblo, son tan humanos que permanecen como inspiración para todos los tiempos y todos los pueblos. Francisco de Asís es uno de esos hombres raros que, a lo largo de los siglos, de las latitudes y longitudes, interpelan, cuestionan, desinstalan.” – Dom Hélder Cámara.

 “San Francisco es el símbolo y el recuerdo vivo de Cristo. Ambos son inseparables para siempre.” – Walter Nigg, escritor.

El lado humano de la figura de San Francisco es tan sorprendente como el lado espiritual y místico. Al hombre Francisco con sus dotes y cualidades, se añade inmediatamente al santo del amor, de la pobreza, de la paz, de la poesía, de la fraternidad." – T. Lombarda.

 “En caso desaparecieran los Evangelios, nosotros podríamos reconstruirlos a partir de la biografía de San Francisco de Asís.” – Cardenal Vicente Scherer.
 

 


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Revista Semanal de Divulgación Espirita