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Año 3 127 – 4 de Octubre del 2009

LEONARDO MARMO MOREIRA   
leonardomarmo@gmail.com   
São José dos Campos, São Paulo (Brasil)

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org

 

Los problemas más comunes en la tarea de los médiums principiantes

 Una alternativa interesante para los trabajadores principiantes de la mediumnidad, que no presenten mayor ostentación mediúmnica, puede ser la mediumnidad socorrista de los pases

 
La famosa explicación de la codificación que establece que “todos son médiums” representa una de las frases más deformadas en el Movimiento Espírita. Todos son médiums en potencia, así como todos presentan potencial para ser escritores, cantantes, actores, predicadores etc. Esto no significa, sin embargo, que el individuo presente en un determinado momento todo su potencial desarrollo para una acción dinámica e intensa en la respectiva área. Por lo tanto, “todos son médiums”, pero pocos son “médiums ostensivos”, o sea, los “médiums de acción”. Una semilla es un árbol en potencia, pero aún no es un árbol propiamente dicho. De hecho, cuando alguien nos pregunta si somos médiums, muchas veces, como es mi caso particular, respondo simplemente: “No. Soy espírita, pero no soy médium”.

Los médiums en potencia, los cuales podrían ser simplemente llamados de “no médiums”, constituyen la mayoría presionada de las criaturas. Los “no médiums” son aquellos cuyas manifestaciones mediúmnicas se restringen, por norma, sólo a fenómenos intuitivos, que son comunes a todas las personas. Por lo tanto, son los individuos que básicamente inter-accionan con el mundo espiritual sólo a través de la “telepatía”, no presentando, a priori, una tarea más específica en el área de la mediumnidad propiamente considerada en el presente momento existencial. A pesar de no alcanzar la totalidad  de los  casos,

más frecuentemente esa limitación se extiende por toda la presente encarnación. El Dr. Bezerra de Menezes (Espíritu), en la maravillosa obra “Recuerdos de la Mediumnidad”, llega a comentar, a través de Yvonne A. Pereira, en el primer capítulo, titulado “Facultades en Estudio”, que normalmente los médiums más seguros son aquellos que presentaron una gran intensidad mediúmnica desde la primera infancia, pues estos ya traerían en la gran mayoría de los casos, una tarea específica en la mediumnidad, habiendo, consiguientemente, sido preparados en encarnaciones anteriores y en la erraticidad de forma cuidadosa para

tal desiderato. Vale citar literalmente un tramo referente a la respectiva explicación del Dr. Bezerra de Menezes: “... Existen mediumnidades que de la cuna se revelan en su portador, y estas son las más seguras, porque las más positivas, frutos de largas etapas reencarnatorias, durante las cuales sus poseedores ejercieron actividades importantes, así desarrollando fuerzas del periespíritu, sede de la mediumnidad, vibrando intensamente en uno  y   en   otro  sector   de   la   existencia  y  así  adquiriendo

vibraciones acomodaticias del fenómeno.

Hay dirigentes que estimulan manifestaciones ostensivas
de personas que, en realidad, no son médiums

Otras existen aún en formación (fuerzas vibratorias frágiles, incompletas, los llamados ‘agentes negativos’), que jamás llegarán a adiestrarse satisfactoriamente en una sola existencia, y que se mezclaran de implantaciones mentales del propio médium en cualquier actividad intentada, dándose también la posibilidad incluso de la pseudo-perturbación mental, ocurriendo entonces la necesidad de los estadios en casas de salud y hospitales psiquiátricos tratándose de individuos desconocedores de las ciencias psíquicas”.

Presentar muy raramente algún fenómeno más ostensivo no caracteriza al individuo como médium de acción y mucho menos como portador del llamado “mediunato”.

No siendo un médium de acción, el individuo que sólo presenta una “mediumnidad básica” solamente participará de una forma productiva de una reunión mediúmnica si fuera en la llamada “sustentación”, o en la adoctrinación. Obviamente, algunas excepciones pueden ser permitidas, pues los médiums neófitos necesitan de cierta libertad para dar baza a fenómenos iniciales, como una forma de entrenamiento. Sin embargo, la excepción no debería hacerse la regla, lo que ha sido una práctica muy común en diversas casas espíritas. Si eso ocurre, la reunión solamente será de elevada calidad si predomina, en términos de división del tiempo, el estudio evangélico y doctrinario que siempre son productivos, dejando sólo un intervalo de tiempo minoritario para las experiencias prácticas. De lo contrario, se pierde la oportunidad de estudio doctrinario y la contrapartida es de baja calidad, simplemente porque no existen médiums propiamente dichos en la reunión. De hecho, básicamente, la reunión mediúmnica es constituida por 1 o 2 dirigentes, por los médiums de acción, por los adoctrinadores y por médiums iniciantes y/o de sustentación, incluyendo ahí los llamados “médiums pasistas”.

Una reunión formada solamente por médiums de sustentación merece un cuidado muy especial para no caer en un complejo proceso anímico-mistificador generalizado. De hecho, basados en el paradigma apenas interpretado de que “todos son médiums”, muchos dirigentes han inducido o incluso estimulado manifestaciones más ostensivas de individuos que, en realidad, no son propiamente médiums. Ese tipo de comportamiento genera un círculo vicioso de sugerencia y autosugestión, una vez que fenómenos meramente anímicos reciben connotación de intensas manifestaciones mediúmnicas.

La videncia es un tipo de mediumnidad que está sujeta
a una serie de “interferencias”

Las reuniones sin la presencia de médiums ostensivos deben priorizar el estudio doctrinario, envolviendo, sobre todo, el contenido teórico de la mediumnidad asociado al estudio evangélico con un periodo mínimo para ejercicios prácticos – en torno a tres cuartos (3/4) dedicados al estudio y un cuarto (1/4) a la experiencias prácticas. De lo contrario, habiendo un énfasis excesivo en los trabajos prácticos, o la reunión caerá obligatoriamente en la monotonía por la ausencia casi que total de eventos, o, lo que es mucho peor, estimulará la imaginación y la autosugestión, pudiendo generar graves perjuicios al trabajo del grupo. Si, eventualmente, las manifestaciones mediúmnicas pasan a presentar mayor intensidad de fenómeno y, principalmente, calidad de contenido, el intervalo dedicado a la práctica podrá ser expandido de forma lenta y gradual.

Dentro de este contexto, es extremadamente peligrosa una práctica que tiene se ha hecho común en muchas casas espíritas que es la conexión casi directa entre los cursos teóricos introductorias de mediumnidad con la reunión mediúmnica propiamente considerada. Individuos recién llegados al movimiento espírita que quieren “ver Espíritus”, “oír Espíritus”, y cosas del género, salen de estudios sistematizados de 2 o 3 años a lo sumo y son incluidos en reuniones mediúmnicas. La justificación de los dirigentes, por norma, es que “todos son médiums” y/o que los “no-médiums” son igualmente necesarios en las reuniones mediúmnicas. La segunda afirmación no deja de ser correcta, sin embargo no se puede utilizar para elaborar incontables grupos mediúmnicos que no tengan ningún médium efectivo. El hecho de ser importantes los “no-médiums” no significa que se pueda desarrollar una reunión mediúmnica de calidad solamente con “no-médiums”,  porque, en este caso, esa reunión ya no sería “mediúmnica”. Por lo tanto, vale frasear “ni todos son médiums de acción”, por el contrario, la presionada mayoría de los individuos no son médium de acción y no se desarrolla una reunión mediúmnica práctica de contenido mínimo, sin al menos un médium de acción.

Un importante añadido que se debe hacer, en concordancia con aclaraciones de Allan Kardec en “El Libro de los Médiums”, es que la videncia es un tipo de mediumnidad que está sujeta a una serie de “interferencias”, debiendo recibir un cuidado especial en el que se refiere a su análisis.

La Doctrina Espírita debe guiar el movimiento y no el movimiento “flexibilizar” a la doctrina según los modismos

De hecho, la “ideoplastia”, la imaginación, la auto-sugestión, la telepatía, la condición fisiológica, los problemas oftalmológicos, la luminosidad ambiente y sus efectos ópticos naturales, entre otros fenómenos anímicos y mediúmnicos pueden afectar la percepción y la consecuente interpretación del médium. La propia cultura, así como el equipaje doctrinario propiamente dicho pueden influenciar en la decodificación de los mensajes espirituales, sobre todo en un contexto de videncia. Hermínio Miranda, en “Diálogo con las Sombras”, sugiere un trabajo multidisciplinario, o, si  preferimos, multimediúmnico, para que el médium vidente reciba el apoyo de otros médiums que presenten otros tipos de facultades para confirmar e incluso profundizar la comprensión de los fenómenos y de los mensajes.

 Por lo tanto, una vez más queda evidente la necesidad de médiums que presenten una “ostensiva” significación, bajo pena de fomentar muchas “reuniones mediúmnicas” sin fenómenos mediúmnicos reales.

Otro argumento comúnmente utilizado por los dirigentes para explicar esa “filosofía de trabajo” es que, con mucho esfuerzo, los directores del centro espírita consiguen “detener” a los neófitos por 2 o 3 años en los estudios meramente teóricos. Ahora, ese pretexto es injustificable, pues el novato está aprendiendo lo que es doctrina espírita y va a seguir las directrices establecidas por la casa espírita. En verdad, ese artificio generalmente esconde un deseo proselitista de agradar a los frecuentadores a todo coste para mantener los centros espíritas llenos. A pesar de ser legítima la aspiración de divulgarse la Doctrina Espírita, esa divulgación no puede caer en errores de otras doctrinas del pasado. Como diría Divaldo P. Franco, en su “Encuentro con Dirigentes Espíritas” (Seminario/DVD), “Todo es válido, desde que no corrompa la Doctrina”. La Doctrina Espírita debe guiar el movimiento y no el movimiento “flexibilizar” la doctrina según sus modismos, conflictos y opiniones personales transitorias. Esa conciencia doctrinaria, que debe mantenerse por encima del deseo de “arrastrar multitudes”, es fundamental para que el Espiritismo no repita errores de otras religiones que, sin la misma solidez doctrinaria del “Consolador prometido”, admiten cualquier cambio de propuesta, por más liviano que sea el subterfugio, desde que el frecuentador se mantenga vinculado a su institución.

Los médiums deben esforzarse para desarrollar los pre-requisitos morales inherentes a todo trabajo espírita

Siendo así, nosotros tenemos que admitir que en muchos núcleos espíritas las reuniones mediúmnicas deben poseer una parte práctica de más pequeña duración, enfocada más en el llamado “percebimiento fluídico”, bajo pena de crearse un proceso en cascada de inducción anímico-mistificador en los frecuentadores. Recurramos, una vez más, a la orientación segura del Espíritu Dr. Adolfo Bezerra de Menezes en “Recuerdos de la Mediumnidad” (Yvonne A. Pereira), en el capítulo titulado “El Complejo Obsesión”: “... De ahí la razón de porqué Allan Kardec declaró ser la mediumnidad facultad espontánea que no debe ser provocada y sí noblemente aceptada cuando naturalmente se presentara, tampoco debiendo sufrir insistencia en su desarrollo. La facultad mediúmnica no alcanza el grado necesario, a la posibilidad del desarrollo normal, un año o en diez, sino a través de etapas reencarnatorias”.

Específicamente con relación a las actividades de desobsesión, que con frecuencia ya son emprendidas en muchas reuniones mediúmnicas constituidas por principiantes, se hace necesario una adicional alerta, teniéndose en cuenta los riesgos espirituales a que el grupo se expone en estos casos. La propia médium Doña Yvonne do Amaral Pereira, en este mismo capítulo “El Complejo Obsesión” del monumental “Recuerdos de la Mediumnidad”, pocas páginas tras la aclaración supra-mencionada del Dr. Bezerra de Menezes, tiene ocasión de afirmar: “Será de utilidad que en todos los procesos de curas de obsesiones un médium bastante desarrollado y fiel al elevado mandato se haga portavoz de las necesarias instrucciones de los Guías Espirituales, lo que quiere decir que no nos debemos arrojar por el espinoso camino si tal médium no existiera en el grupo”.

Una alternativa interesante a los trabajadores principiantes de la mediumnidad, que no presenten mayor ostensión mediúmnica, podría ser la mediumnidad socorrista de los pases. De hecho, esta también habría sido una sugerencia de Yvonne do Amaral Pereira. De hecho, tal propuesta podría ser una forma de trabajo, que, a pesar de no ser ideal, suministraría resultados mínimamente satisfactorios, desde que los candidatos mantengan rigurosa frecuencia a las reuniones de estudio doctrinario y otras actividades de la casa. Además, los médiums deben esforzarse para desarrollar los requisitos morales inherentes a todo trabajo espírita, para que estén razonablemente disciplinados y sintonizados con la tarea en cuestión.

El fenómeno anímico auténtico es un hecho paranormal legítimo y de gran contribución en una
reunión mediúmnica

Hay una pequeña reseña a ser mencionada en relación a todo lo que fue expuesto. El excesivo celo contra el animismo puede ser tan perjudicial a la tarea mediúmnica como la ausencia total de cuidado a ese respecto. De hecho, la propia obra de André Luiz trae ejemplos de este tipo de problema. Sin embargo, de manera ninguna ese cuidado desmiente el análisis anterior. Por el contrario, si el proceso de selección de los componentes del grupo mediúmnico es riguroso, con una selección previa del equipo, muy probablemente el mayor conocimiento doctrinario y la mayor madurez personal tienden a minimizar los problemas más groseros que puedan ocurrir en las reuniones mediúmnicas. El presente análisis es mucho más un llamamiento contra los procesos de imaginación, sugerencia, autosugestión y de mistificación inconsciente desarrollados por dirigentes y dirigidos, que propiamente contra el fenómeno anímico auténtico, que no deja de ser un hecho paranormal legítimo y de gran contribución espiritual en una reunión mediúmnica.

Para concluir este análisis, recordemos a Chico Xavier, el mayor médium espírita de la historia, que hubo dicho la célebre frase “el teléfono toca de allá para acá!”. Pues bien, si los guías espirituales no responden a nuestros inmediatismos para telefonearnos rápidamente”, debe existir una razón más profunda para eso. Los mentores espirituales trabajan de manera altamente responsable teniendo en consideración diversos aspectos de nuestras vidas que muchas veces nos pasan desapercibidas, inclusive aspectos de reencarnaciones anteriores y prioridades establecidas en nuestra planificación reencarnatoria. Lógicamente, esos factores desconocidos buscan nuestra seguridad y evolución espiritual, teniendo en consideración la eternidad que nos está destinada. Si deseamos la mediumnidad, pero aún no somos médiums ostensivos, trabajemos en la siembra infinita de posibilidades que el Padre nos ofreció dentro y fuera del movimiento espírita y dejemos que “se haga la Voluntad del Padre antes que la nuestra” porque ciertamente futuras oportunidades surgirán si nos implicamos bien de las tareas del día de hoy.

 

 


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O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita