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Año 3 109 – 31 de Mayo del 2009


 

Traducción
ISABEL PORRAS GONZÁLES - isy@divulgacion.org
 

La infancia y su propósito
 

 
El tema evangelización de la infancia ha ganado en los últimos tiempos, en nuestro medio, una importancia expresiva, aunque menos que su verdadera importancia.

Leemos en El Libro de los Espíritus que la infancia existe en todos los globos. “En todas partes la infancia es una transición necesaria, pero no es, en todas partes, tan obtusa como en vuestro mundo.” (L.E., 183.) 

Las cuestiones 383 y 385 de la principal obra espírita explican porqué existe la infancia y cuál es su propósito: 

·         “Encarnado con el objetivo de perfeccionarse, el Espíritu, durante ese periodo, es más accesible a las impresiones que recibe, capaces de ayudarle el adelantamiento, para lo que deben contribuir los responsables de educarlos.” (L.E., 383.) 

·         “Los niños son los seres que Dios manda a nuevas existencias. Para que no le puedan imputar excesiva severidad, les da él todos los aspectos de la inocencia.” (L.E., 385.) 

Se ve, entonces, con claridad que la infancia nada más es una fase de adaptación necesaria al Espíritu que vuelve a la existencia corpórea.  

Recién salidos del mundo espiritual, donde gozaba de mayor libertad y dispone de mayores recursos, el Espíritu se ve, durante esa fase, en dificultades para expresar plenamente sus pensamientos y manifestar sus sensaciones. 

En ese periodo de su vida, en que se ve limitado en su libertad, la infancia es para el una demostración de la misericordia de Dios, que le propicia una doble ventaja. Primera ventaja: él gana el tiempo indispensable para prepararse para las futuras y difíciles tareas de una nueva existencia corpórea. Segunda: revestido de la simplicidad y de la inocencia común a todos los niños, despierta en los padres y en el núcleo a que pertenece simpatía, interés y buena voluntad, lo que facilitará el desempeño de sus tareas en el mundo. 

Evidentemente, al desarrollarse, el niño presentará, en los años que siguen, las tendencias y los defectos morales inherentes a su real adelantamiento espiritual, pero este podrá ser sensiblemente modificado por la influencia recibida desde el nacimiento de los padres y de las personas responsables de educarlo. 

Es exactamente ahí, en esa enseñanza, que reside la importancia de la llamada evangelización o educación del niño, realizada en la intimidad del hogar y reforzada por sus profesores y educadores, asunto al que Emmanuel se reportó en el cap. 151 de su libro Camino, Verdad y Vida, psicografiado por el médium Francisco Cándido Xavier, en el cual él asevera que la juventud puede ser comparada a la esperanzadora salida de un barco para un viaje importante. La infancia fue la preparación, la vejez será la llegada al puerto. “Todas las fases – advierte el estimado instructor espiritual – necesitan las lecciones de los marineros experimentados, aprendiendo a organizarse y a terminar el viaje con el éxito deseable.”

 


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O Consolador
 
Revista Semanal de Divulgación Espirita