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Año 2 – 98 – 15 de Marzo del 2009

GEFE (Grupo de Estudos da Filosofia Espírita)
filosofiaespirita@gmail.com
Porto Alegre, Rio Grande do Sul (Brasil)

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org

 

La unión del alma con el cuerpo 

Sabemos hoy que la unión del alma al cuerpo comienza en la concepción, pero sólo es completa por ocasión del nacimiento; esa no fue, sin embargo, la información dirigida en la obra de Kardec en los primeros años de la codificación del Espiritismo
 

Este artículo es una breve exposición del desarrollo de la tesis espírita de la unión entre el alma y el cuerpo. Intentaremos, en un paseo histórico-doctrinario, suscitar informaciones que puedan contribuir con los estudiosos del Espiritismo. 

1857 

El Espiritismo nació en 1857, con la publicación de El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec. Con 501 preguntas numeradas (y centenas de sub-itenes),

 “86 - ¿En qué momento el alma se une al cuerpo?

 “Al nacimiento.”

- ¿Antes del nacimiento el feto tiene un alma?

 “No.”
 

- ¿Cómo vive entonces?

 “Como las plantas”

Sigue el comentario de Allan Kardec sobre este ítem:

 “El alma o espíritu se une al cuerpo en el momento en que la criatura ve la luz y respira. Antes del nacimiento el feto sólo tiene vida orgánica sin alma. El vive como las plantas, teniendo sólo el instinto ciego de conservación, común en todos los seres vivos”.

Cuando surge, el Espiritismo dice que el momento de la unión del espíritu con el cuerpo es en el nacimiento. En la vida intrauterina, como leemos en la cita, el feto vive la vida de las plantas. 

1860 

Ocurre un cambio en la segunda edición de El Libro de los Espíritus, publicado en 1860, vemos que dice al respecto de eso.

 “334. ¿En qué momento el alma se une al cuerpo?

 “La unión comienza en la concepción, pero sólo se completa por ocasión del nacimiento. Desde el instante de la concepción, el Espíritu designado para habitar cierto cuerpo a este se une por un lazo fluídico, que cada vez más se va estrechando hasta el instante en que la criatura ve la luz. El grito que entonces suelta anuncia que ella se cuenta en el número de los vivos y de los siervos de Dios.”

Aquí la unión no se da en el nacimiento, pero se completa en el. Es la concepción que marca el inicio de esta unión.

Los Espíritus hablan de un lazo fluídico que se une al cuerpo y se va estrechando. Esta es la tesis que se consagra, pues la veremos en otras obras y, en 1868, ella está desarrollada con mayor detalle.

Todo nos lleva a creer  que ese cambio teórico aparece por primera vez en la segunda edición de la obra citada. No podemos garantizar, pues en las obras en que aparece la segunda tesis, editadas antes de 1860, no tenemos sus primeras ediciones. Todas las ediciones a que el grupo tiene acceso son posteriores al año de 1860. Un ejemplo es el número de marzo de 1858 de la “Revista Espírita: Periódico de Estudios Psicológicos”. 

1858 

En este ejemplar está publicada la evocación de un Espíritu reconocido como Dr. Xavier. A él fueron hechas diversas preguntas “psicofisiológicas”.

La introducción de la materia es la siguiente:

“Un médico de gran talento, que designaremos con el nombre de Xavier, fallecido hacía algunos meses, se había ocupado mucho del magnetismo; dejó un manuscrito, que suponía viniese a revolucionar la Ciencia. Antes de morir había leído El Libro de los Espíritus y deseado un contacto con su autor. La molestia por la que sucumbió no lo permitió. Su evocación fue hecha a pedido de la familia; y las respuestas eminentemente instructivas, que la misma encierra, nos llevaron a incluirla en esta antología, pero suprimiendo todo lo que era de interés particular”.

A lo largo de la conversación de este Espíritu con Allan Kardec leemos lo siguiente:

 “24. P. - ¿En qué momento se opera la unión entre el alma y el cuerpo en el feto?

R. – Cuando la criatura respira; como si el recibiese el alma con el aire exterior.

25. P. - ¿Cómo, entonces, explicáis la vida intrauterina?

R.- Como la planta que vegeta. El feto vive su vida animal.”

Esta respuesta está conforme la primera edición, publicada en el año anterior. En otra respuesta el Espíritu da hasta mayores detalles de ese proceso:

 “29. P. – ¿La unión entre alma y cuerpo se opera instantánea o gradualmente? Esto es, ¿será necesario un tiempo apreciable para que tal unión sea completa?

R.- El Espíritu no entra bruscamente en el cuerpo. Para medir ese tiempo, imaginad que el primer soplo que la criatura recibe es el alma que entra en el cuerpo; el tiempo en que el pecho se eleva y baja.”

No obstante Allan Kardec, al final del diálogo, deja la siguiente nota:

 “La teoría dada por este Espíritu sobre el instante de la unión del alma al cuerpo no es exacta. La unión comienza desde la concepción, esto es, desde el momento en que el Espíritu, sin estar encarnado, se liga al cuerpo por un lazo fluídico, que se va reforzando cada vez más, hasta el nacimiento. La encarnación sólo se completa cuando la criatura respira (Ved El Libro de los Espíritus, nº 344 y siguientes)”

Evidentemente esta nota es posterior a la publicación de la segunda edición de El Libro de los Espíritus, pues el ítem 344, citado por Allan Kardec, trata de este tema sólo en la edición de 1860.

Ocurre que los 12 ejemplares anuales de la Revista eran encuadernado en un volumen y vendidos posteriormente. La encuadernación que tenemos a nuestra disposición data del año 1863. 

1859 

Necesitamos citar otro ejemplo de edición posterior presentando ese cambio. La obra “Qué es el Espiritismo” es una obra de 1859, pero poseemos sólo la segunda edición, publicada al año siguiente, 1860.

El texto de esta materia:

 “116 - ¿Cómo y en qué momento se opera la unión del alma y del cuerpo?

Desde la concepción, el Espíritu, aun errante, se une por un lazo fluídico al cuerpo que debe unirse. Ese lazo se estrecha cada vez más, a medida que el cuerpo se desarrolla. Desde ese momento, el Espíritu es tomado de una perturbación que va creciendo sin cesar; en la proximidad del nacimiento la perturbación es completa, el Espíritu pierde la conciencia de sí mismo y no recobra sus ideas sino gradualmente, a partir del momento en que la criatura respira; es entonces que la unión está completa y definitiva.”

Aquí la tesis consagrada es presentada. Nos resta saber si ella fue añadida en 1860, o ya está presente en la obra en 1859.

Un dato digno de notar es: “el Espíritu, aun errante, se une por un lazo fluídico al cuerpo que debe unirse”, esto es, el Espíritu, incluso habiendo esa unión inicial, aun está en la erraticidad, aun está en el mundo de los Espíritus.

Algo interesante en El Libro de los Espíritus de 1860 es que el ítem 86 de la primera edición no es totalmente descartado. La idea vuelve desarrollada, en un nuevo ítem:

 “354. ¿Cómo se explica la vida intrauterina?

 “Es la de la planta que vegeta. La criatura vive una vida animal. El hombre tiene la vida vegetal y la vida animal que, por su nacimiento, se completan con la vida espiritual.”

En la edición de 1857, los Espíritus responden a Allan Kardec que el alma se une al cuerpo en el momento del nacimiento. Antes de eso, la criatura no tiene alma. Vive “como las plantas”. En 1860, los Espíritus transforman su tesis. Ahora no es sólo la vida de la planta, sino también vive la criatura una “vida animal” y, por el nacimiento, pasa a vivir una vida espiritual. Respuesta que se ajusta más a la tesis definitiva, presentada en el ítem 344 del mismo libro. La vida espiritual se da cuando la unión se completa. ¿Cuándo? Al nacer. 

Volviendo a 1860 

Aun en 1860, tenemos en la Revista Espírita del mes de julio una observación que da más detalles a la tesis definitiva sobre la unión alma y cuerpo.

Allan Kardec, hace esa observación al publicar la evocación de la Sra. Duret, “médium” escribiente, muerta el 21 de mayo de 1860, en Sétif, Argelia. Evocada primero en casa del Sr. Allan Kardec, el 21 de mayo, después el 25, en la Sociedad”.

La observación:

 “Se sabe que, en el momento de la concepción, el Espíritu designado para habitar el cuerpo que debe nacer es tomado por una turbación, que va creciendo a medida que los lazos fluídicos, que lo unen a la materia, se estrechan, hasta la proximidad del nacimiento. En ese momento pierde igualmente toda la conciencia de sí mismo y no comienza a recobrar las ideas sino en el momento en que la criatura respira. Sólo entonces es que se vuelve completa y definitiva la unión entre el Espíritu y el cuerpo”.

En 1861, Allan Kardec publica “El libro de los Médiums. O Guía de los Médiums y de los Evocadores”. Su capítulo 25, titulado “De las Evocaciones”, presenta el siguiente ítem:

 “51a- ¿Puede evocarse un Espíritu cuyo cuerpo aun se encuentre en el seno materno?

 “No; bien sabes que en ese momento el Espíritu está en completa turbación.”

Nota. La encarnación no se vuelve definitiva sino en el momento en que la criatura respira; sin embargo, desde la concepción del cuerpo, el Espíritu designado para animarlo es presa de una turbación que aumenta a la medida que el nacimiento se aproxima y le quita la conciencia de sí mismo y, por consiguiente, la facultad de responder.

Aquí vemos que, incluso no siendo definitiva la reencarnación, el Espíritu experimenta una turbación que va intensificando hasta el nacimiento.  

1864

En 1864, en El Evangelio según el Espiritismo, San Agustín parece mostrar una variación de la tesis:

 “Por fin, después de años de meditaciones y oraciones, el Espíritu se aprovecha de un cuerpo en preparación en la familia de aquel a quien detestó, y pide a los Espíritus incumbidos de transmitir las ordenes superiores permiso para ir a desempeñar el destino de aquel cuerpo que acaba de formarse”.

Aquí el Espíritu reencarnante parece procurar un cuerpo. Al inicio del texto citado, podríamos afirmar que el “cuerpo en preparación” no fue concebido aun. Que el estaría en vía de existir, pues todo indicaba, por el deseo de los padres, que la concepción ocurriría pronto. No obstante al final de la frase deja bien claro la idea: el cuerpo “acaba de formarse” y el Espíritu pide permiso para cumplirlo.

Eso no derrumba la tesis anterior, solamente da otro punto de partida a la unión. No encontramos esa variante en ninguna otra obra de Allan Kardec. 

1868 

Por fin, el año de 1868, con la publicación de “La Génesis; los Milagros y las Predicciones según el Espiritismo”, vemos una explicación más detallada y espaciada del objeto de la primera parte de nuestro texto: la unión del alma con el cuerpo:

 “18. – Enseguida que el Espíritu deba encarnarse en un cuerpo humano en vía de formación, un lazo fluídico, que no es otro sino una expansión del periespíritu, lo amarra al germen sobre el cual el se encuentra lanzado por una fuerza irresistible desde el momento de la concepción. A medida que el germen, el periespíritu, que posee ciertas propiedades de la materia, se une molécula a molécula con el cuerpo que se forma; de donde se puede decir que el Espíritu, por intermedio de su periespíritu, toma, de alguna forma, raíz en este germen, como una planta en la tierra. Cuando el germen está enteramente desarrollado, la unión es completa y, entonces, el nace a la vida exterior.

En este análisis de la tesis percibimos el uso de términos que, incluso presentes en el conjunto de ideas espíritas, solamente ahora son usados para completar la explicación. Recordemos. El Espíritu se une a través de un lazo fluídico que va estrechándose hasta el nacimiento y es en el que se completa la unión con la materia. El Espíritu va entrando en una perturbación que lo hace perder la conciencia de sí mismo. Es con el nacimiento que el recobra la conciencia espiritual.

Ahora tenemos más condiciones de responder a algunas preguntas.

1. ¿Qué lazo fluídico es este?

Una expansión del periespíritu.

2. ¿Qué es lo que hace ese lazo?

Amarra al Espíritu al germen sobre el cual el se encuentra lanzado por una fuerza irresistible desde el momento de la concepción.

3. ¿Cómo se da esa unión?

Molécula a molécula.

4. ¿Por qué esa unión molecular es posible?

Porque el periespíritu posee ciertas propiedades de la materia.

5. ¿Qué hace que esa unión se complete?

El completo desarrollo del germen, o sea, la formación total del cuerpo a ser usado por el reencarnante. 

 


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