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Año 2 – 96 – 1º de Marzo del 2009

JORGE HESSEN  
jorgehessen@gmail.com 
Brasília, Distrito Federal (Brasil)

Traducción
Isabel Porras Gonzáles - isy@divulgacion.org

 

No existe desobsesión sin base en la renovación

La terapia espírita es la de la invitación al enfermo para la responsabilidad, convocándolo a un autoanálisis honesto, de modo a que el pueda eliminar en definitiva sus incursiones en las vorágines de los desvíos morales
 

El Espiritismo explica que en la locura la causa del mal es interior y es preciso buscar restablecer el organismo al estado normal. En la obsesión, la causa del mal es exterior y es preciso librar al enfermo de un enemigo invisible oponiéndole, no medicamentos, sino una fuerza moral superior a la suya. “La experiencia prueba que, en semejante caso, los exorcismos no produjeron jamás ningún resultado satisfactorio, y que antes agravan más que mejoran la situación. Sólo el Espiritismo, indicando la verdadera causa del mal, puede dar los medios de combatirlo.” (1) Obviamente sin los exorcismos de las apometrías inocuas y otras prácticas fantasiosas de desobsesión que ocurren en los Centros Espíritas trágicamente administrados.

Aprendemos con los Benefactores que es preciso, de cierta manera, educar moralmente al Espíritu obsesor, por consejos inteligentes, se puede hacer lo mejor e indicarle a declinar espontáneamente el tormento de la víctima, y entonces esta se libera.

Pero no se puede olvidar que los obsesores son hábiles e inteligentes, perfectos estrategas que planean cada paso y acompañan a las presas por algún tiempo, observando sus tendencias, sus relaciones, sus ideales. Identifican sus puntos vulnerables (casi siempre unidos al desequilibrio sexual) y los exploran pertinaces.

Para la escuela psiquiátrica la obsesión es un pensamiento, o impulso, persistente o recurrente, indeseado y conflictivo, y que viene a la mente involuntariamente, a despecho de un intento de ignorarlo o de suprimirlo. Los psiquiatras que no admiten nada fuera de la materia no pueden entender una causa oculta; pero cuando la academia científica hubiera salido de la rutina materialista, ella reconocerá en la acción del mundo invisible que nos cerca y en el medio del cual vivimos, una fuerza que reaccione sobre las cosas físicas, tanto como sobre las cosas morales. Ese será un nuevo camino abierto al progreso y la llave de una multitud de fenómenos mal comprendidos del psiquismo humano.

La obsesión presenta caracteres diversos, desde una simple influencia moral hasta la perturbación completa del organismo

Bajo el enfoque espírita, la obsesión es la acción persistente que un mal Espíritu ejerce sobre un individuo. Presenta caracteres muy diferentes, que va de una simple influencia moral sin señales exteriores sensibles hasta la perturbación completa del organismo y de las facultades mentales. En cuanto a la subyugación obsesiva (2), representa una opresión física siempre ejercida por Espíritus bastantes vengativos y que puede ir hasta la mortificación del libre albedrío. Ella se limita muchas veces, a simples impresiones incomodas, pero de eso resultan muchas veces, movimientos psicomotores desordenado, actitudes incoherentes, crisis, palabras inadecuadas o injuriosas, a las cuales aquel que de ella es blanco tiene conciencia a veces de todo lo ridículo, pero de la cual no puede defenderse. “Ese estado difiere esencialmente de la locura patológica, con la cual se confunde equivocadamente, porque no hay ninguna lesión orgánica; las causas siendo diferentes, los medios curativos deben ser otros. Aplicándole el procedimiento ordinario de las duchas y de los tratamientos corporales, se llega muchas veces a determinar una verdadera locura, ahí donde no había sino una causa moral.” (3)  Ese desarreglo psicoespiritual deberá ser eliminado del Orbe, en el instante en que el legitimo ejemplo del amor fuera experimentado y diseminado en todas las direcciones, conforme Jesús sustanció y vivió hasta la amargura de la muerte, y prosiguiendo desde los tiempos apostólicos hasta los días actuales.

El Espiritismo, desvelando la intervención de los Espíritus endurecidos en el mal en nuestras vidas, lanza luces sobre cuestiones aun desconocidas por las ciencias materialistas como de causa psicopatológica. Y, es obvio, no descartando la posibilidad de la anomalía psicosomática, la Doctrina Espírita hace conocer otras fuentes de las miserias humanas, mantenidas por la fragilidad moral de los seres.

La obsesión de varios grados se constituye de un tratamiento de largo curso y depende del paciente

Reconocemos que el uso de los fármacos antidepresivos establece la armonía química cerebral, mejorando el humor del paciente, no obstante, obran simplemente en el efecto, una vez que los medicamentos no curan la obsesión en sus intrínsecas causas; sólo restablecen el tránsito de los mensajes neuronales, corrigiendo el funcionamiento neuroquímico del SNC (sistema nervioso central). Sócrates ya afirmaba “si los médicos son fracasados, tratando de la mayor parte de las molestias, es que tratan del cuerpo, sin tratar del alma. Ahora, no encontrándose el todo en buen estado, imposible es que una parte de el esté bien”. (4)

Si delante de nuestros fracasos momentáneos acostumbramos a olvidar, sistemáticamente la paciencia y equilibrio, la oración y la vigilancia, entonces es urgente establecer el momento para la introspección, en los recovecos de la mente, a fin de que vengamos a hacer en nosotros mismos las correcciones apremiantes. En esas situaciones cotidianas, acostumbramos a entronizar la idea de obsesión, posesión, subyugación suponiéndonos “víctimas” (5) de entidades perseguidoras. La cuestión, no obstante, no se restringe sólo a la influencia espiritual de los enemigos que se nos introducen en la frecuencia psíquica, sino, sobre todo, al respecto de nosotros mismos.

La obsesión de varios grados se constituye de un tratamiento de largo tiempo, por muy delicado y complejo que sea, y el resultado dichoso depende de la renovación espiritual del paciente, en la razón en que despierte para la seriedad de la coyuntura aflictiva en que se encuentra. Simultáneamente, la solidaridad fraternal, envolviendo a ambos enfermos en oraciones y compasión, esclarecimientos y estímulos para el futuro saludable, consiguen romper el círculo vigoroso de energías destructivas, abriendo espacio para la acción benéfica, el intercambio de esperanza y de liberación.

En cualquier proceso obsesivo la parte más importante del tratamiento está reservada al paciente

Muchas veces buscado por los obsesados el Cristo penetraba psíquicamente en las causas de su inquietud y, usando de su autoridad moral, liberaba tanto a los obsesores como a los obsesados, permitiéndoles el despertar para la vida animada rumbo a la recuperación y a la pacificación de la propia conciencia. Sin embargo, es muy importante recordar que Jesús no liberó a los obsesados sin imponerles la intransferible necesidad de una renovación íntima, ni expulsó a los perseguidores inconscientes sin ofrecerles la dirección de Dios.

En cualquier proceso de orden obsesivo la parte más importante del tratamiento está reservada al paciente. Su fijación en permanecer en el desequilibrio constituye obstáculos de difícil transferencia en la terapia del rehacimiento. La terapia espírita es la de la invitación al enfermo para la responsabilidad, convocándolo a un auto-análisis honesto, de modo a que el pueda eliminar en definitiva sus incursiones en las vorágines de los desvíos morales. Esforcémosno pues, por la vigilancia constante y orando para que nos liberemos del flagelo de las obsesiones, en el firme propósito de modificación de hábitos y actitudes negativas, ingresando en el seno de los valores ennoblecedores de la vida por el efectivo cambio de comportamiento. 

 

Fontes:

1. Kardec, Allan. O Livro dos Médiuns, Rio de Janeiro: Editora FEB, 2001 e Revista Espírita, fevereiro, março e junho de 1864. A jovem obsedada de Marmande.

2. A subjugação obsessiva, o mais ordinariamente, é individual; mas, quando uma falange de Espíritos maus se abate sobre uma população, ela pode ter um caráter epidêmico. Foi um fenômeno desse gênero que ocorreu ao tempo do Cristo; só uma poderosa superioridade moral podia domar esses seres malfazejos, designados então sob o nome de demônios, e devolver a calma às suas vítimas. [Uma epidemia semelhante castigou por vários anos uma aldeia da Haute-Savoie, conforme relata a Revista Espírita, abril e dezembro de 1862; janeiro, fevereiro, abril e maio de 1863: Os possessos de Morzines]

3. Kardec, Alan. O Que é o Espiritismo, Cap. II, Escolho dos Médiuns, Rio de Janeiro: Editora FEB, 2003.

4. Kardec, Allan. O Evangelho Segundo o Espiritismo, Resumo da doutrina de Sócrates e de Platão, item XIX, Rio de Janeiro: Editora FEB, 2001

5. Os chamados obsessores, na maioria das vezes, são de fato nossas vítimas reais do passado. 

 


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