Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 

Tema: Amistad, Egoísmo


El Ratoncito y las moras


El Ratoncito vivía en su casita en el campo. Le gustaba mucho porque era cálida, acogedora y tenía el tamaño correcto para un pequeño ratoncito.

Pero lo que más le gustaba de ella era el gran arbusto de moras que crecía en su jardín. Todos los años tenía una gran cosecha de bellas moras suculentas.

Un verano, las moras del Ratoncito estaban más grandes y más suculentas que de costumbre. Sin demora comenzó a recogerlas y ya estaba sudado y cansado cuando el Gorrión apareció.

- ¡Qué lindas moras, Ratoncito! ¿Puedo comer algunas? – cantó el Gorrión.

- Todas son mías – respondió el Ratoncito. - ¡Vete!

- No necesitas hablar así – dijo el pajarito, volando lejos.

Las patas del Ratoncito ya le dolían de tanto recoger las frutitas cuando reparó en la Ardilla recostada en su portón.

- Ratoncito, ¿me puedes dar algunas de esas moras? ¡Deben estar tan suculentas! – dijo la Ardilla.

- Si te doy moras, quedarán menos para mí – replicó el Ratoncito.

La Ardilla se fue enojada y con las manos vacías.

Cuando el Ratoncito se detuvo para descansar de su tarea, la Coneja apareció saltando.

- ¡Tus moras parecen tan dulces, Ratoncito! – dijo ella.

- ¡Lo son! ¡Y me las comeré todas! – respondió el Ratoncito.

- Si comes tanto, vas a enfermarte – le avisó la Coneja antes de irse.

El sol estaba muy fuerte y el Ratoncito estaba exhausto. Se recostó debajo de un árbol y pronto comenzó a cabecear de sueño. El Ratoncito no se dio cuenta, pero alguien lo espiaba. ¡Era el Zorro!

Cuando vio que el Ratoncito estaba durmiendo, el Zorro pasó con cuidado por el portón, entró en el jardín y fue lentamente hacia la cesta de moras. Cogió la cesta y se fue silenciosamente con las frutitas. De pronto, ¡crac! El Zorro pisó una rama seca.

El Ratoncito se despertó asustado con el ruido.

- ¡Esas moras son mías! – chilló el Ratoncito.

- Pues ahora son mías – se rio el Zorro. – Me van a servir muy bien para mi merienda.

El Ratoncito estaba muy triste, pero no se sorprendió de que nadie le haya avisado de que el Zorro andaba por ahí.

- ¿Por qué me ayudarían mis amigos? Fui egoísta y no quise compartir mis moras – reconoció.

Entonces algo extraño sucedió. ¡Plaft! ¡Una bellota cayó en la frente del Zorro!

Y pronto varias bellotas más cayeron a su alrededor. ¡Plaft! ¡Plaft! ¡Plaft!

El Ratoncito miró hacia arriba y vio a la Ardilla, el Gorrión y la Coneja en lo alto del árbol lanzándole al Zorro esas semillas con forma de bellotas.

Asustado con todas esas semillas cayendo, el Zorro dejó la cesta de moras y escapó corriendo.  

- No podíamos dejar que el Zorro robara tus moras – dijo la Ardilla.

El Ratoncito quedó muy agradecido por esa actitud de sus amigos… Y también muy avergonzado.

- Discúlpenme por no haber compartido las moras con ustedes. ¡Ahora, voy a ordenar todo para hacer una fiesta y comer juntos!

El Ratoncito preparó jugo de moras, helado de mora, torta de mora y muchos otros dulces para sus amigos, que hallaron todo delicioso.

- Hoy aprendí una buena lección – pensó el Ratoncito. ¡Todo sabe mejor cuando compartimos!


(Texto adaptado de “El ratoncito de las moras”, de Matthew Grimsdale.)


 

Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com


 


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