Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 

Tema: Paciencia, aceptación, gratitud


La terquedad del caballo


Roberto vivía en una hacienda y todos los días, después de hacer sus deberes, salía con su caballo Tarzán, para pasear.

Un día de mucho calor, Roberto tuvo ganas de nadar para refrescarse. Cogió su caballo y partió con dirección al lago.

Sucede que, para llegar hasta allá, tenían que salir del camino de tierra, que era el camino más largo y entrar en un camino más estrecho, abierto en medio de muchos matorrales de hierba alta.

Tarzán estaba acostumbrado a pasar por ahí. Ya había ido con Roberto al lago muchas veces. En algunas ocasiones incluso se metió también al agua con el niño y los dos se divirtieron juntos.

Pero, ese día, después de que salieron del camino y tomaron el camino al lago, Tarzán dio unos pasos y se detuvo. A Roberto le extrañó la actitud del caballo y lo tocó con los talones, agitando las riendas y diciendo.

- Vamos, Tarzán, ¡ya casi llegamos!

El caballo, sin embargo, siguió parado. El niño hizo nuevamente los gestos de comando, con más firmeza, pero no sirvió. Tarzán no se movía.

Roberto, irritado, insistía, en vano, intentando hacer que el caballo andara.

- Tarzán, terco, ¿quién te ordenó detenerte?

El niño bajó del caballo e intentó jalarlo de la rienda, pero entonces Tarzán se puso nervioso, relinchó, golpeó las patas contra el suelo con fuerza y se dio la vuelta, corriendo de regreso hasta el camino de tierra.

Roberto no tuvo otra opción. No se podía quedar sin su caballo. El lago no estaba lejos, pero después volver a pie sería una caminata muy larga. Por eso, también regresó, encontró a Tarzán, se montó en él y volvieron a casa.

Cuando Roberto llegó, su mamá, dándose cuenta de la irritación del niño le preguntó qué había pasado.

- ¡Lo que pasó es que Tarzán es terco! – respondió. – Cuando estábamos casi llegando, decidió pararse y no hubo manera de hacer andar a ese caballo. Tuvimos que volver, sin nadar, sin siquiera ver el lago. ¡Estoy muy enojado con él!

- ¡Increíble! – se extrañó la mamá. – Tarzán nunca hizo eso. Es un caballo dócil, tan acostumbrado a pasear contigo…

Los dos todavía estaban conversando cuando el papá de Roberto entró en la casa buscando a su hijo.

- Qué bueno que te encontré, hijo. Quería avisarte que no vayas al lago hoy.

Roberto y su mamá se miraron sin entender lo que estaba pasando.

El papá, entonces, explicó:

- Hoy fui a trabajar a la plantación y de regreso vine por el camino del lago. De repente, Tupa, que estaba un poquito adelante de mí, se detuvo y comenzó a ladrar, pareciendo afligido. Me asusté y me detuve. Y cuando miré bien, vi una serpiente de cascabel enorme, enrollada, debajo de un matorral. No la habría visto si no hubiera sido por Tupa. No sé si él la vio, la escuchó, la olió o solo sintió que había una serpiente ahí. Solo sé que me salvó. La serpiente debió haberse incomodado con Tupa, porque se movió y entró en el matorral. Pero todavía puede estar por ahí. Por eso no quiero que pases por ahí hoy. ¿Está bien, hijo? Puede ser peligroso.

Roberto se quedó sin palabras. Fue su mamá quien le contó al papá lo que había pasado y todos concluyeron que, así como su perro, Tupa, el caballo Tarzán también debió haber percibido la presencia de la serpiente y evitado una terrible situación.

- ¡Increíble! ¡Fui muy injusto con Tarzán! – dijo Roberto, con tristeza.

- Si te arrepentiste hijo, ve a agradecer a Tarzán. Él va a percibir tu sentimiento.

- Interesante, - continuó ella – mira como son las cosas. Debes tener siempre paciencia con todo lo que sucede, pues muchas veces podemos estar siendo librados de situaciones que ni imaginamos, ¿no crees?

- ¡Ni me lo digas, mamá! – dijo Roberto, comprensivo.

El niño cogió dos zanahorias de la cocina y fue a llevárselas a su amigo.

Mientras Tarzán comía, Roberto lo acariciaba con cariño y pensaba en la lección que había tenido ese día: a veces tenemos una contrariedad, o algo no sale como queremos, pero solo Dios sabe si eso es realmente malo o bueno para nosotros.

 

Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com


 


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