Especial

por José Passini

La familia

 

Estudios científicos, a lo largo del tiempo, vienen comprobando revelaciones hechas por los Espíritus Superiores con los cuales Allan Kardec dialogó en la elaboración de “El Libro de los Espíritus”. De entre esas comprobaciones está la de la respuesta dada por los Espíritus en relación a la familia, que era tenida por algunos intelectuales como resultado de una costumbre social y no una obediencia a una ley de la Naturaleza. Ese posicionamiento llevó al Codificador al siguiente diálogo con los Espíritus:

¿Por qué es que, entre los animales, los padres y los hijos dejan de reconocerse, desde que estos no precisan más de cuidados?

Los animales viven una vida material y no vida moral. La ternura de la madre por los hijos tiene por principio el instinto de conservación de los seres que ella dio a luz. Luego que esos seres pueden cuidar de sí mismos, está ella con su tarea concluida; nada más le exige la Naturaleza. Por eso es que los abandona, a fin de ocuparse con los recién venidos. (773).

Nótese que Kardec hace esa pregunta apenas para preparar la siguiente:

Hay personas que, de que el hecho de los animales al cabo de cierto tiempo abandonaran sus crias, deducen no ser los lazos de familia, entre los hombres, más que el resultado de las costumbres sociales y no efecto de una ley de la Naturaleza.¿ Qué debemos pensar a ese respecto?

La respuesta de los Espíritus es clara y concluyente:

Hay en el hombre alguna cosa más, además de las necesidades físicas: hay la necesidad de progresar. Los lazos sociales son necesarios al progreso y los de familia más apretados se vuelven los primeros. He por qué los segundos constituyen una ley de la Naturaleza. Quiso Dios que, por esa forma, los hombres aprendiésen a amarse como hermanos. (774).

Aun, en el ítem 775, para reforzar, Kardec pregunta: ¿Cuál sería, para la sociedad, el resultado del relajamiento de los lazos de familia? A lo que los Espíritus responden: Una recrudescencia del egoísmo.

Esa programación divina para la organización familiar ya se constata en el chimpancé, conforme un relato de Roger Fouts, investigador norte-americano, que, aunque no haga la menor alusión a la Teoría de la Evolución, tituló su trabajo con chimpancés, elaborado en más de treinta años de investigación, “El Pariente más Próximo”. (1) Es realmente impresionante el modo por el cual él se refiere a esos animales, en los cuales ve y respeta como un esbozo avanzado de un ser humano. Crió una chimpancé desde pequeñita, le enseñó el lenguaje humano de señales, nunca dirigiéndole la palabra en lengua humana, en el caso, el inglés. Ella, a su vez, se comunicaba con su hijo a través del lenguaje humano de señales, enseñado por ella misma.

Como trabajó siempre con animales nacidos en los Estados Unidos, ese investigador fue al habitat natural de los chimpancés a fin de verificarles el comportamiento fuera del cautiverio. Allá, el constató que la madre amamantaba al hijo hasta aproximadamente los cuatro años. En ese periodo ella no embaraza. Después de destetar, durante el nuevo embarazo, ella conserva al hijo en su compañía, y esa protección se extiende hasta los diez años. Por tanto, una madre chimpancé casi siempre tiene, bajo su guarda, tres hijos. El joven chimpancé sólo se libera de la autoridad de la madre a los diez años aproximadamente.

La ciencia ha demonstrado que el chimpancé es el ser que más se aproxima a la especie humana, y el Espiritismo enseña que la entidad espiritual que anima a aquel cuerpo peludo, en el futuro – no se sabe después de cuantos milenios -, estará animando una forma humana. Delante de eso se concluye que aquel esbozo de familia vivido por la madre chimpancé y sus hijos hace parte de una programación divina que hará que esos seres, al alcanzar la condición humana, ya tengan una programación para la vida familiar.

Como se puede deducir claramente, una vez más, la Ciencia comprueba lo que fue dicho en la Codificación Espírita: La organización de la familia deriva de un determinismo divino, de efecto permanente, y no de una simple costumbre social.

La base de la familia es el casamiento, y, por así entender, es que Kardec trata del asunto en dos partes de “El Libro de los Espíritus”: “Casamiento y Celibato” y “Ley de Sociedad”, cuando hace la siguiente pregunta a los Espíritus: ¿Qué efecto tendría para la sociedad la aboliciónção del casamiento? Y la respuesta de los Espíritus fue clara: Sería una regresión a la vida de los animales. (775)En un juicioso comentario, el Codificador refuerza la imprescindibilidad de la vida familiar:

El estado de naturaleza es el de la unión libre de los sexos. El casamiento constituye uno de los primeros actos de progreso en las sociedades humanas, porque establece la solidariedad fraterna y se observa entre todos los pueblos, si bien que en condiciones diversas. La abolición del casamiento sería, pues, regresar a la infancia de la Humanidad y colocaría al hombre debajo mismo de ciertos animales que le dan ejemplo de uniones constantes. (696).

En concepto del Codificador y de los Espíritus que le respondiron las preguntas, el casamiento, como base de la vida familiar, está muy encima de cualquier bendición religiosa o de la firma de algún documento delante de una autoridad civil. Se trata de una sociedad conyugal, establecida por la propia pareja, en un plano eminentemente moral, ético. Es compromiso sagrado, que lleva uno a ver en el otro al prójimo más próximo.

A medida que el tiempo pasa, más se evidencia el avance del pensamiento del Codificador en relación a sus contemporáneos, pues el casamiento ha perdido, a lo largo de los años, el carácter de acto social, religioso, pasando a ser conceptuado y respetado como acto personal, íntimo. Actualmente, una pareja se impone delante de la sociedad como legitimamente constituido, no más por haber sido su compromiso matrimonial asumido en un templo, bajo bendiciones sacerdotales, o hasta incluso en un despacho, pero sí por el ambiente de respeto y seriedad en que ambos viven la unión.

Más allá de eso, quien es que da a un hombre el derecho de establecer ese vínculo sagrado entre dos personas, y de decir, al final de la ceremonia: ¿ “Lo que Dios unió, el hombre no lo separe”? El casamiento, por tanto, no depende de nada exterior, de ninguna acción ajena a la voluntad de los dos. Las dos criaturas se casan, pues nadie tiene el poder de establecer vínculos entre ellas. En la gramática, se aprende que el verbo casar puede, entre otros regímenes, ser transitivo directo, pero filosóficamente, moralmente, esa clasificación es falsa. Se podría decir, innovando en la gramática, que el verbo es recíproco, por el hecho de que las personas se casaran, sin la intervención de nadie.

Ni el Juez de Paz promueve el casamiento. Esa Autoridad apenas registra en los anales de la sociedad, para los efectos legales, el casamiento que es delante de lo declarado.

Con ese entendimiento, se concluye que la pareja espírita se presenta delante de la autoridad civil apenas para declarar su casamiento, solicitando sea el registrado para los efectos legales, y no para recibir cualquier tipo de legitimación. La legitimidad del casamiento es dada por el grado de responsabilidad y de amor que presidió la formación de la pareja, que desea constituir una familia.

Cuanto más espiritualizada la pareja, más el casamiento transciende los límites de la vida material, alcanzando níveles de conciencia espiritual, lo que lleva naturalmente al deseo de una comunión con lo Alto, a través de una oración, en el momento en que formaliza, delante de la sociedad, esa declaración tan importante. Esa oración podrá ser proferida por uno o por ambos novios, o hasta incluso por persona afectivamente ligada a ellos, pues sólo el amor puede legitimar la condición de alguien, en la condición de suplicante, para rogar bendiciones de lo Alto sobre una nueva familia que se forma en la Tierra.

 

(1) “El Pariente Más Próximo”, Roger Fouts, Editora Objetiva Ltda., 1998.

 

Traducción:
Isabel Porras
isabelporras1@gmail.com

 
 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita