Especial

por Leonardo Marmo Moreira

¿Todos somos, realmente, médiums?

 

Introducción

Una frase enunciada por gran parte de los adeptos del Espiritismo es la famosa sentencia: “Todos somos médiums”. Y, de hecho, una serie de procedimientos cotidianos del centro espírita es guiada por esa idea básica.

No obstante, el tema mediúmnico es conocido por ser un asunto altamente complejo así como la facultad mediúmnica es conocida por presentar aspectos bien particulares y distintas de individuo para individuo. Por tanto, nos cabe cuestionar si esa generalización es coherente con la realidad.

Para una mejor evaluación del tópico, precisamos cuestionar el origen de ese paradigma. De hecho, ese concepto es, en principio, oriundo de un texto kardecista. Resta saber si el está siendo bien interpretado y bien empleado como fundamento para las prácticas usuales de las casas espíritas.

El texto kardecista más utilizado

 Siendo así, veamos el texto kardecista en cuestión, el cual es encontrado en el ítem 159 del capítulo XIV, titulado “Los Médiums”, de la Segunda Parte de “El Libro de los Médiums” (estamos utilizando la traducción del Profesor Herculano Pires):

“Toda persona que siente la influencia de los Espíritus, en cualquier grado de intensidad, es médium. Esa facultad es inherente al hombre. Por eso mismo no constituye privilegio y son raras las personas que no la posean por lo menos en estado rudimentario. Se puede decir, pues, que todos son más o menos médiums. Usualmente, sin embargo, esa calificación se aplica solamente a los que poseen una facultad mediúmnica bien caracterizada, que se traduce por efectos patentes de cierta intensidad, lo que depende de una organización más o menos sensitiva.

Se debe notar, aun, que esa facultad no se revela en todos de la misma manera. Los médiums tienen, generalmente, aptitud especial para este o aquel orden de fenómenos, lo que los divide en tantas variedades como son las especies de manifestaciones. “Las principales son: médiums de efectos físicos, médiums sensitivos o impresionables, auditivos, psicofónicos, videntes, sonámbulos, curadores, pneumatógrafos, escribientes o psicógrafos”. (Subrayados mios)

Analicemos el inicio de la discusión del Codificador del Espiritismo:

“Toda persona que siente la influencia de los Espíritus, en cualquier grado de intensidad, es médium.”

Kardec inicia la discusión estableciendo que todos los que siente a los Espíritus “en cualquier grado de intensidad” podrían ser considerados médiums. No obstante, curiosamente, él no dice que todos, sin excepción, sienten esa influencia. Ademais, él parece sugerir que los níveles de intensidad de sensibilidad mediúmnica son muy variables.

“Esa facultad es inherente al hombre.”

En esa frase, Kardec sugiere una generalización para la coyuntura de la mediumnidad, o, por lo menos, quiere indicar una naturalidad para el fenómeno. Para un texto publicado en torno a 160 años atrás, es lícito suponer que Kardec no se estaba contradiciendo en relación a la sentencia anterior, pues el énfasis puede ser en el hecho de tratarse de un fenómeno natural y no patológico o maravilloso, lo que no deja de ser un importante registro. ¿Será que él deseó aclarar que se trata de fenómenos vividos por el 100% de los individuos? ¿O estaba apenas rechazando el carácter milagroso normalmente atribuido a los fenómenos mediúmnicos, sobre todo en aquel tiempo? Para avanzar en ese entendimiento, precisamos continuar la lectura del texto kardecista.

“Por eso mismo no constituye privilegio y son raras las personas que no la poseen por lo menos en estado rudimentario.”

Ese apunte de Allan Kardec parece esclarecer la duda que surgió con relación al comentario anterior. Cuando el Codificador afirma “Por eso mismo no constituye privilegio...”, él está dejando claro que el médium no debe ser tratado como un “súper-hombre”, un “predestinado”, o un “fuera de serie”, como es común, aun más en el siglo XIX. Por consiguiente, ese apunte parece señalizar que la afirmación anterior (“Esa facultad es inherente al hombre”) es mucho más una prevención contra el excesivo misticismo que la mediumnidad despierta, de lo que el establecimiento de que tal facultad es acontecimiento observado en la totalidad de la población.

De hecho, cuando Kardec afirma “... y son raras las personas que no la poseen por lo menos en estado rudimentario...”, él admite que algunas personas podrían no tener mediumnidad alguna (al utilizar la palabra “raras”). Por tanto, estaría, en principio, excluida la posibilidad de Kardec estar afirmando que el 100% de las personas son médiums. Además de eso, Kardec parece sugerir que muchos de los que la poseen, presentan una mediumnidad apenas “en estado rudimentario”, lo que sería, aparentemente, algo tan poco expresivo, que, en la práctica, sería como si el individuo no tuviese mediumnidad.

“Se puede decir, pues, que todos son más o menos médiums.” Para simplificar la cuestión, Kardec afirma que “se puede decir que todos son más o menos médiums.” A pesar de esa afirmación de Kardec realmente dar margen a la afirmación de que “todos son médiums”, él la construye casi como si fuese una concesión (“Se puede decir...”), o sea, una simplificación didáctica más grosera. Eso queda evidente principalmente si analizamos en conjunto con la frase anterior. De hecho, Kardec no caería en contradicción tan brutal, aun más en dos apuntes yustapuestos. Además, el “... más o menos médiums”, sugiere que esa concesión debe ser utilizada con un cierto cuidado, pues algunos pueden ser “más médiums”, mas muchos podrían ser “... menos médiums”.

“Usualmente, sin embargo, esa cualificación se aplica solamente a los que poseen una facultad mediúmnica bien caracterizada, que se traduce por efectos patentes de cierta intensidad, lo que depende de una organización más o menos sensitiva.”

Kardec concluye su primer parráfo, afirmando que comúnmente el término “médium” es utilizado solamente para aquellos que demuestran una “intensidad” mediúmnica significativa, “bien caracterizada”, con “efectos patentes”. Ahora, es fácil percibir que apenas una minoría bien pequeña de la población es capaz de presentar fenómenos mediúmnicos en ese nível de intensidad.

“Se debe notar, aun, que esa facultad no se revela en todos de la misma manera. Los médiums tienen, generalmente, aptitud especial para este o aquel orden de fenómenos, lo que los divide en tantas variedades como son las especies de manifestaciones. Las principales son: médiums de efectos físicos, médiums sensitivos o impresionables, auditivos, parlantes, videntes, sonámbulos, curadores, pneumatógrafos, escribientes o psicógrafos.”

Kardec inicia el segundo parráfo destacando el carácter eminentemente personal y variable de la mediumnidad. Además, interesante, para diferenciar las maneras mediúmnicas, Kardec cita como tipos mediúmnicos hasta casos rarísimos de especialidad mediúmnica, como es el caso de los médiums “pneumatógrafos”. Eso permite deducir que debemos tener cuidado al utilizar el término “médium”, pues lo mismo era, en la práctica, utilizado para quien realmente era intermediario de fenómenos bien representativos.

Luego, es importante registrar que la predisposición básica al fenómeno, que no genera ninguna percepción mediúmnica concreta, susceptible de ser analizada en reuniones de experimentación, constituye, en principio, la condición de la mayoría de los seres humanos. Por otro lado, aquello que se decidió llamar  “mediumnidad ostensiva” o “mediumnidad de acción” constituye condición de una micro minoría de los seres humanos. Kardec también destaca que esa condición “... depende de una organización más o menos sensitiva”, dando a entender que, por depender de una predisposición orgánica, habría limitaciones en nuestras posibilidades de expandirla, en una única encarnación, a partir de una condición orgánica desfavorable a las manifestaciones mediúmnicas más contundentes.

Implicaciones en el Movimiento Espírita

A partir de la popularización, sin mayor explicación, de la frase simplista “todos son médiums”, una serie de procedimientos cuestionables comúnmente encontrados en nuestro movimento espírita han sido explicados o pretendidamente justificados. Encaminamientos sistemáticos a la reunión mediúmnica de gran número de interesados o apenas curiosos han generado reuniones en que no se percibe la presencia de ningún médium ostensivo o de acción. Eso no sería necesariamente ruin, si la reunión fuese entendida apenas como un test preliminar, esto es, si hubiese un entendimiento mínimo de que el ejercicio mediúmnico puede realmente no generar algo concreto. No obstante, raramente ese es el caso, implicando que la proposición y principalmente la manuntención de “reuniones mediúmnicas sin médiums” frecuentemente han generado procesos anímico-mistificadores difíciles de ser corregidos. Eso ocurre en función de una expectativa exagerada en relación a lo que la reunión mediúmnica puede proporcionar y también en función de un desconocimiento de las limitaciones de la fenomenología mediúmnica, sobre todo para quien no es “médium ostensivo”.

Cursos de iniciación a la Doctrina Espírita, con variados nombres, y con mayor o menor énfasis en el estudio de la mediumnidad, han generado un número enorme de grupos mediúmnicos o de desenvolvimiento mediúmnico. Resta saber si todos esos grupos presentan por lo menos un médium ostensivo por reunión o, por lo menos, si las reuniones que no presentan médiums ostensivos tienen, de la parte de sus participantes, una noción clara de las limitaciones en terminos de intensidad mediúmnica de todos los componentes.

Ese cuidado debe ser bien trabajado previamente por dirigentes, adoctrinadores, conferenciantes y estudiantes de la mediumnidad en general, a fin de evitar  acontecimiento de reuniones en que la autosugestión y la imaginación acaben siendo tomadas como fenómenos mediúmnicos “patentes”.

 

Traducción:
Isabel Porras
isabelporras1@gmail.com

 
 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita