Especial

por André Ricardo de Souza

¿Es verídica la historia narrada en el libro Pablo y Esteban(Parte 2)

Cruzando biografías y textos bíblicos con la obra de Emmanuel

Algunos pasajes de Actos de los Apóstoles contradicen a Pablo y Esteban, debiéndose parcialmente a eso la opción de los directores de películas espíritas por basarse en el libro bíblico del evangelista Lucas, en perjuicio de la obra de Emmanuel. La principal contradicción envuelve la relación entre Pablo de Tarso y Esteban, aun encarnado. En Actos y en las biografías del convertido de Damasco, se afirma que el apedreamiento[4] ocurrió más allá de los muros, o sea, fuera de la ciudad de Jerusalén, de modo coincidente, por tanto, con el hecho de, supuestamente, no haber habido permiso de la autoridad romana para la ejecución en la ciudad, tal como es prescrito en la ley del Imperio (Wright, 2018, p. 54) y también como ocurrió en relación a Jesús[5]. Cabe decir que Lucas escribió Actos en la secuencia de su evangelio, algo que le había sido sugerido por su gran amigo Pablo, como se puede deducir, de modo racional, independentemente del relato al respecto en la obra de Emmanuel[6].

En el libro psicografiado por Chico Xavier, cuando Pablo está siendo llevado preso a Roma, muchos cristianos vienen conmovidamente hasta él, en Éfeso,  a despedirse y Lucas entonces le dice de la intención de registrar el hecho en sus futuros escritos bíblicos. El convertido de Damasco, en el obstáculo, determinó que eso no fuese hecho y que tampoco el evangelista escribiese sobre las virtudes personales paulinas. Conforme resalta Hermínio Miranda (2010, p. 71), Lucas siguió tal determinación. Mas en contrapartida, él desobedeció a Pablo al relatar parte de sus hechos virtuosos y, principalmente, al permitírsele elaborar una versión en la criminalización del apóstol, al menos en cuanto a deliberación y coordinación del exterminio de Esteban. De mí parte, permitiéndome decir que esta es una lógica interpretación espírita del sentido de tal contradicción entre los dos textos.

Hago tal interpretación basándome, al menos parcialmente, en una sección del primer capítulo de la obra del padre alemán, denominada: “Esteban y Saulo”. Nela Holzner (2008, p. 33-34), relata algo que no consta en el libro Actos, cual sea: el a propósito debate ocurrido entre ambos

Sería un error considerar la nueva Iglesia como una entidad independiente y autónoma, con organización propia y separada del judaísmo. Por ahora, se presentaba únicamente bajo la forma bastante libre de una sinagoga, aunque no contase con un edificio propio para el culto. Se distinguía apenas por una creencia impresionantemente fervorosa en el Mesías, por la caridad fraterna que unía a sus adeptos, por las comidas en común y por el culto místico y eucarístico a Jesús, además envuelto en un cierto misterio (At 2, 42-46). Esteban era uno de sus principales representantes, y aparentemente fue él el primero en manifestar con claridad el valor definitivo y universal de la Iglesia, contraponiéndolo al significado preparatorio limitado de la Ley mosaica. Saulo se encontraba, pues, delante de un enemigo respetable. Nos dirigimos por un momento a una sinagoga de Jerusalén. Sobre el pórtico de entrada, se lee en arameo y griego; “Sinagoga de los Cilicios”. Gente de todas las comunidades de la diáspora se abuchean a la puerta, porque hoy es día de gran lucha. La casa está repleta; terminaron ya la lectura de la Escritura y el sermón, y comienza la controversia. Por detrás de un pilar, Pedro y Juan observan la escena. En el centro, sobre un estrado más alto, vemos a Esteban, y a su frente se destaca una figura delgada, consumida por un fuego interior: es un joven rabino de Tarso, que va a cruzar la espada con uno de los mayores espíritus de la joven iglesia (...) Comprendemos, pues, con que violencia Esteban y Saulo, los defensores de dos concepciones absolutamente opuestas acerca de la venida del Mesías, tenían que enfrentarse (...) Saulo era un contendiente de fuerte talento oratorio, mas Esteban se le mostró ampliamente superior. Nadie podía resistir “a la sabiduría y al Espíritu que lo inspiraba” (At 6,10), al paso que el fariseo solo podía oponerle las áridas palabras de la Ley: “Maldito todo lo que pende del madero”.

Basandose en algunos trechos de Actos y en su investigación personal, Josef Holzner relata resumidamente lo que Emmanuel (2013, p. 80-89) insertó en detalles en su libro sobre Pablo de Tarso, en cuanto al embate entre ambos, ocurrido en la Casa del Camino, llamada por el padre alemán “Sinagoga de los Cilicios”. Nunca es demasiado decir al eventual lector no espírita que Chico Xavier tenía enorme dificultad para acceder y consultar, con un interprete, el libro publicado en Alemania en 1937, apenas cuatro años antes de él psicografiar la referida obra.

Hay también contradicciones entre Actos y algunas epístolas de Pablo. Los tres pequeños trechos reunidos a seguir, del libro de Holzner (2008, p. 60-62), tratan de eso y también del periodo de tres años, intervalo apuntado también por Wright (2018), de aislamiento desértico del apóstol de los gentiles cuya gran importancia en la comprobación de la historia de Pablo y Esteban será abordada en el presente artículo más adelante:

Sobre los acontecimientos de los años siguientes, existen divergencias aparentes entre la narración de San Lucas y las indicaciones ofrecidas por el Apóstol en la carta a los Gálatas. Hay, evidentemente, una laguna en los Actos. “Algunos días” (At 9, 20) no son suficientes para preparar una actividad misionera duradera, y tampoco no es probable que Pablo hubiese comenzando a predicar después de su conversión: no combina con lo que sabemos de las grandes algunas que transfiguraron el mundo después de haberse convertido (...)“Partí para Arabia”. El término “Arabia” era un concepto muy amplio: se aplicaba a toda la península arábica hasta Damasco e incluso hasta el Eufrates (...) Este retiro de casi tres años fue el tiempo más contemplativo (...) Aquí comenzó, bajo la dirección del Espíritu de Cristo, el gran proceso de transformación interior a que él mismo se refiere en la Epístola a los Filipenses (3, 7-11).

Entre las biografías es también la de Josef Holzner (2008, p. 75; 79) la que interpreta de modo más racional el periodo del apóstol de los gentiles en su ciudad natal Tarso - apuntada en ellas como siendo de una década -  después de dejar Jerusalén ya como cristiano convertido, habiendo notable similitud con la indicación de apenas tres años, contenida en la historia narrada por Emmanuel:

Nos parece más probable, sin embargo, que viviese en el barrio de los judíos de Tarso, en la calle de los tejedores, pues ya vimos que, como hijo de fariseos, se ejercitó cuando joven en el trabajo de tejedor (...) Hay una intrínseca probabilidad de que Saulo haya pasado los tres o cuatro años siguientes en silencio, a la espera de un nuevo llamamiento de Dios. A veces, Dios hace esperar largamente a sus escogidos. Como el Maestro en Nazarét, también Pablo debía estar preparado para el momento en que fuese llamado.

Vale registrar, entre tanto, una notable semejanza parcial con Pablo y Esteban también en la obra de Wright (2018, p. 99), que, con base en la Carta a los Romanos (9:1-5), hace mención a la decepción y tristeza del apóstol en relación a sus parientes. El teólogo inglés también piensa la posibilidad de él haber tenido romance con una mujer, siendo en su entender, más admisible que:

Pablo habría sido prometido a alguien desde pronto, probablemente a la hija de algún amigo de familia, y volvió para Tarso, ávido por verla otra vez, mas también preocupado de cómo todo se desarrollaría y también orando para que ella también viniese a conocer a Jesús (...) Mas ella, o los padres de ella, habían roto el noviazgo al descubrir que el enérgico joven Saulo había vuelto con su cabeza y su corazón repletos de la horrenda insensatez sobre el Nazareno crucificado. ¿Habría Saulo conseguido, como decimos, “olvidarla”? [subrayado mío] Nadie sabe (Wright, 2018, p. 101).

Para finalizar ese cruzamiento entre la obra de Emmanuel, biografías y textos bíblicos cabe decir que Holzner (2008, p. 75) también subraya la autoría paulina de la Carta a los Hebreos, cuya escritura fue hecha directamente por el convertido de Damasco, sin ninguno de sus jóvenes auxiliares escribiendo pergaminos y marcada por bastante conmoción, como es registrado en el libro psicografiado por Chico Xavier:

En la Epístola a los Hebreos, que fue escrita según la mente del Apóstol y contiene buena parte del tesoro de sus ideas [subrayado mío], se alude precisamente a la oración del Señor en su angustia mortal: “El cual en los días de su carne, ofreció oraciones y suplicas, con grandes gritos y con lágrimas, a aquel que lo podía salvar de la muerte” (Hebr. 5, 7).

Otros indicios y un hecho que denotan la veracidad de Pablo y Esteban

Más allá de los indicios de veracidad histórica de Pablo y Esteban arriba apuntados, cabe indicar aun tres más, todos relacionados a la ciudad griega de Corinto, donde nació el mártir y también su hermana Abigail, que el libro apunta como novia del apóstol de los gentiles, fallecida poco después de convertirse al cristianismo.

Ya fue dicho en el medio espírita, publicamente, por Haroldo Dias que las calles de la capital de la antigua provincia de Acaya - descritas por Emmanuel como “suntuosas” - son de mármol, conforme los descubrimientos arqueológicos hechos (Crook, 2018, p. 32-33). En un viaje a aquella ciudad, otros dos militantes espíritas observaron aspectos coincidentes con el libro psicografiado por Chico Xavier. Pareja de Dias, el músico Júlio Adriano Corradi indica que el tiempo de un mes, que era necesario para un navío atravesar el antiguo camino de 6,4 km en el istmo (estrecha faja de tierra) sobre ruedas de madera - pues solo fue construido en 1893 un canal de agua allí[8] - correspondía al periodo que Jesiel (nombre hebreo y anterior de Esteban) permaneció preso, con heridas cicatrizando, hasta que él pudiese adentrar como esclavo en una embarcación típica de la época, denominada galera. Por fin, el literato Altino Mageste, que organiza viajes para grupos espíritas, sin fines lucrativos, a aquella y a otras ciudades constantes de las obras históricas de Emmanuel, apunta que los mapas de Corinto y la descripción detalladamente hecha en el libro permiten localizar la prisión donde Esteban, su hermana y su padre Jochebed fueron encarcelados.

Vistos todos estos indicios, llegamos, en fin, a un hecho que evidencia la veracidad de la historia narrada por Emmanuel. Para entenderlo, comencemos por lo que dice Josef Holzner (2008, p. 63; 82) sobre Pablo de Tarso:

Él mismo prefería llamarle “mi evangelio”, “que no recibí ni aprendí de hombre, mas por revelación de Jesucristo” (Gal. 1, 12; cv. Ef 3, 4-5), o sea, su conocimiento del plano de salvación universal anunciado por Dios.

(...) Nos cuesta evaluar como la permanencia en Arabia y estos años pasados en Tarso fueron importantes y decisivos para la evolución interior y la madurez de la teología paulina. Cuando Pablo, en sus cartas, habla tanto de ‘su Evangelio’, es en Tarso que debemos procurar los principios de ese conocimiento maravilloso.

Y veamos también la reflexión al respecto de Nicholas Thomas Wright (2018, p. 79; 84):

Aparentemente, él había sido acusado de extraer, de los apóstoles de Jerusalén, un “evangelio” de segunda mano. (...) Pablo, en otras palabras, no está apenas dejando claro en Gálatas 1 - 2 que su “evangelio” le fue dado directamente, y no adquirido, de segunda mano, por medio de los líderes de Jerusalén, como tampoco está esclareciendo que su llamado y comisionamiento lo posicionaran en la antigua tradición profética, sea de Isaías, Jeremías, sea del propio Elías.

Más allá de la Carta a los Gálatas y de la Carta a los Efésios, tal referencia de Pablo a “su evangelio” está presente aun en dos trechos de la Carta a los Romanos (2:16 y 16:15) y en aquella que fue su última epístola, la conmovedora Segunda Carta a Timoteo (2:18). Llama, de hecho, atención ese extraño personalismo de Pablo al utilizar la expresión “mí evangelio” para la buena nueva que, en verdad, es de Jesús. Holzner, (2008, p. 63) buscó así explicarlo:

Esto no quiere decir que poseyese un evangelio diferente del de los otros Apóstoles; en ese caso, habría sido expulsado de la Iglesia naciente. Mas lo anunciaba con una energía, una coherencia y una fuerza de palabra sin igual, y le imprimía un cuño tan personal e inigualable, introduciendo en él el mundo del intelectual helénico, que bien podía decir: “mí evangelio”.

Wright (2018, p. 80), a su vez, también procuro dar una explicación al respecto:

Pablo está, por tanto, insistiendo que su mensaje partió de él mismo: él lo había recibido del propio Jesús, no de otros miembros del movimientoEl vino, dice él “por medio de una revelación de Jesús, el Mesías” (Gálatas 1:12).

Si la interpretación hecha por Holzner es racional y verosímil, la de Wright da margen a pensar que Jesús habría hecho revelaciones exclusivamente a Pablo de Tarso, algo, no obstante que él mismo, en verdad, no explicó en sus epístolas y tampoco en Actos, escrito por Lucas. Considerándose que el diálogo con el Mesías a las puertas de Damasco fue varias veces mencionado, sería de  esperar que lo mismo ocurriese en cuanto a tales revelaciones, si ellas hubiesen.

Sin embargo la interpretación hecha por Josef Holzner no es, con todo, satisfactoria. Pues si consideramos que el periodo paulino en aislamiento de tres años, antes de él dialogar por un periodo bastante corto (probablemente algunas semanas) con los apóstoles en Jerusalén y también el intervalo siguiente, nuevamente aislado por tres años en Tarso, fueron muy importantes para su reflexión sobre Jesús, una duda permanece. Cual sea: ¿solamente la reelectura minuciosa de los textos de la ley mosaica y de los profetas, a la luz de los acontecimientos, entonces recientes aun, habrían sido suficientes para todo el discernimiento hecho por él? Si añadimos a eso el hecho de la expresión “mí evangelio” - o si quisiéramos: “mí buena nueva”, objetivamente, por tanto: no la de Jesús - ser atribuída a alguién como él, cuya trayectoria apostolar fue marcada por la abnegación, la duda al respecto solo hace aumentar.

Pues es en la obra de Emmanuel que se encuentra, no apenas la explicación más lógica del hecho, mas la respuesta a ese verdadero enigma: Pablo de Tarso usó la expresión “mí evangelio” porque él efectivamente poseía y guardaba con bastante celo pergaminos conteniendo anotaciones sobre las enseñanzas de Jesucristo, o sea, una de las copias del evangelio escrito por Mateo, también llamado Levi. Siendo este el único apóstol con oficio típico de alguien letrado (cobrador de impuestos) que permaneciera siguiendo al Mesías junto con humildes pescadores, era natural que buscase hacer tal registro.

Conforme narra el libro psicografiado por Chico Xavier, el “evangelio de Pablo”, había sido donado a él por su ex-profesor de infancia y juventud, el también convertido rabino Gamaliel, aun en el inicio del primer periodo de aislamiento paulino. Este, a su vez, recibiera el documento como regalo de las manos de Simón Pedro, en retribución por una visita cordial hecha a la Casa del Camino, antes aun del martírio de Esteban. Relata Emmanuel que, durante el primer viaje misionero de Pablo, hecho con su amigo Bernabé a la Isla de Chipre[10], ambos sufrieron un asalto en cuanto estaban, por la noche, en una caverna hablando de un “verdadero tesoro”: el evangelio de Jesús en posesión de ellos. Uno de los dos ladrones, dice haber oído y entonces exigió la entrega de tal riqueza junto con otras pertenencias, siendo eso hecho serenamente por el apóstol de los gentiles. Vale reproducir el diálogo que Barnabé e Pablo tuvieran a la mañana siguiente:

- Estoy resignado con la carencia absoluta de recursos materiales, mas no puedo olvidar que nos sustrajeron también las anotaciones evangélicas que poseíamos. ¿Cómo recomenzar nuestra tarea? Si tenemos de corazón gran parte de las enseñanzas, no podremos comparar todas las expresiones...

Pablo, todavía, hizo un gesto significativo y, desabotonando la túnica, cogió alguna cosa que guardaba junto al corazón [subrayado mío].

- Te engañaste, Bernabé - dice con una sonrisa optimista -, tengo aquí el Evangelio que me recuerda la bondad de Gamaliel. Fue un regalo de Simón Pedro a mi viejo mentor, que, a su vez, me dio poco antes de morir.  (Xavier; Emmanuel, 2013 p. 312-313)

Como se puede ver, Pablo de Tarso no apenas poseía una copia del primer escrito sobre la buena nueva de Jesús, mas tenía en ella un gran valor simbólico-sentimental dada la trayectoria que el documento tuvo hasta llegar a sus manos, permaneciendo consigo después de aquel asalto, algo que lo hizo permitirse llamar “mí evangelio”. Con tal expresión el apóstol de los gentiles también parece advertir con vehemencia las comunidades cristianas formadas por él para no distorcionar el evangelio, copiado igualmente por ellas. Esa racional deducción solo refuerza la constatación de la existencia de aquellas anotaciones. Contrariamente a lo que afirman investigadores, inclusive espíritas, en vez de la Primera Carta a los Tesalonicenses, por tanto, fue aquel el primer documento del Nuevo Testamento[12](Continúa en la próxima edición.)

 

Referências bibliográficas:

ASSUNÇÃO, Carlos Henrique Nagipe. Existência de Publius Lentulus ao tempo do imperador Tibério I: O cargo especial na Palestina. Reformador, ano 132, n. 2.221, abr. 2014a, p. 25 (215)- 29 (219).

 _______. Existência de Publius Lentulus ao tempo do imperador Tibério II: O papel como senador e cônsul suffectus. Reformador, ano 132. n. 2.222, mai. 2014b, p. 14(268)-19(273).

CARVALHO, Antonio Cesar Perri de. Epístolas de Paulo à luz do Espiritismo. Matão, O Clarim, 2016.

CHAMPLIN, Russel Norman. O Novo Testamento interpretado: versículo por versículo. Vols. 3-5. São Paulo, Hagnos, 2014.

CROOK, Wilson W. The Design and Layout of First Century A. D. Roman Cities. The Journal Houston Archeological Society, n. 138, 2018, p. 31-42 (Link-2)

HOLZNER, Josef. Paulo de Tarso. 2ª edição. São Paulo, Quadrante, 2008.

XAVIER, Francisco Cândido. Paulo e Estêvão. Pelo espírito Emmanuel. 45ª edição. Brasília, FEB, 2013.

_______. Há dois mil anos. 46ª edição. Rio de Janeiro. FEB, 2009.

WRIGHT, Nicholas Thomas. Paulo: uma biografia. Rio de Janeiro, Thomas Nelson Brasil, 2018.

 


[1] Cabe decir que Emmanuel (2013, p. 9; p. 298) no se refiere a Esteban como el primero, mas sí el “gran mártir del cristianismo” y, después, el “mártir del cristianismo”. Él hace eso de modo coherente, pues en el libro Hace dos mil años (2009), publicado en 1939, de los mismos: autor y médium, es relatado el martírio cronólogicamente anterior de Simón, aquel que encaminó para la siembra cristiana a  Lívia, la esposa del senador romano Públio Lentulus (Asunción, 2014a; 2014b), que, a través de la psicografia de Chico Xavier, fue revelado como reencarnación de Emmanuel.

[2] Ocurre que Pablo de Tarso, conforme el libro de Emmanuel (2013, p. 110), solicitó personalmente al procurador romano el permiso para la ejecución de Esteban dentro de la ciudad, lo que lo volvió, por tanto, un acto legal.

[3] El apóstol de los gentiles pretendía escribir un evangelio conteniendo, entre otras cosas, el relato sobre el nacimiento de Jesús, por eso cogió, personalmente, el informe de María de Nazarét. Se denota que, al comprender que no daría cuenta de la marca, debido a las tareas delante de las comunidades cristianas formadas por él y su prisión, Pablo la delegó para Lucas - único evangelista en tratar de Jesús en la infancia - transmitiéndole las informaciones que ya había reunido hasta entonces.

[4] Cabe decir que Emmanuel (2013, p. 9; p. 298) no se refiere a Esteban como el primer, mas sí el “gran mártir del cristianismo” y, después, el “mártir del cristianismo”. Él hace eso de modo coherente, pues en el libro Hace dos mil años (2009), publicado en 1939, de los mismos: autor y médium, es relatado al martír cronológicamente anterior de Simón, aquel que encaminó para la siembra cristiana Lívia, la esposa del senador romano Públio Lentulus (Asunción, 2014a; 2014b), que, a través de la psicografia de Chico Xavier, fue revelado como reencarnación de Emmanuel. 

[5] Ocorre que Paulo de Tarso, conforme el libro de Emmanuel (2013, p. 110), solicitó personalmente al procurador romano el permiso para la ejecución de Esteban dentro de la ciudad, lo que lo volvió, por tanto, un acto legal.

[6] El apóstol de los gentiles pretendía escribir un evangelio conteniendo, entre otras cosas, el relato sobre el nacimiento de Jesús, por eso cogió, personalmente, el informe de María de Nazarét. Se denota que, al comprender que no daría cuenta de la marca, debido a las tareas delante de las comunidades cristianas formadas por él y su prisión, Pablo la delegó para Lucas - único evangelista en tratar de Jesús en la infancia - transmitiéndole las informaciones que ya había reunido hasta entonces.

[7] Link-1 Acesso em: 21/03/2021

[8] Ya sin la presencia del joven Juan Marcos que dejó el trío para volver a Jerusalén, sin no antes recibir de Pablo de Tarso recomendaciones relevantes, algo que tal vez lo haya influenciado a escribir, más tarde, el Evangelio de Marcos, con base en las memorias de Simón Pedro.

[9]  Al referirse a la Epístola a los Tesalonicences en su libro sobre las cartas paulinas, Cesar Perri de Carvalho (2016), afirma: “Según Champlin [2014], sería el primer texto de autoría del Apóstol y también el primer del Nuevo Testamento”. Ya en la película Pablo de Tarso y la historia del cristianismo primitivo, André Marouço asevera que el documento inaugural de la segunda parte de la Biblia sería tal epístola de Pablo.

 

André Ricardo de Souza es doctor en sociología por la Universidad de São Paulo, profesor asociado II del Departamento de Sociología de la Universidad Federal de São Carlos y organizador de los libros: Espiritualidad y espiritismo: reflexiones para más allá de la religiosidad (Porte de Ideas, 2017) y Dimensiones identitarias y asistenciales del espiritismo (Appris, 2020). Es integrante del paulistano Núcleo Espírita Corazón de Jesús.

 

Traducción:
Isabel Porras
isabelporras1@gmail.com

 
 

     
     

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