Especial

por Vladimir Alexei

Exponentes espíritas, el roustainguismo y la caza
a las brujas

La reencarnación es un fenómeno de la ley de la naturaleza y una de sus características es el progreso del espíritu. Entre tanto, cuanto más se vive en una reencarnación, la tendencia es que el espíritu desobedece en puntos que precisaría mejorar, aplacar, progresar, mas que parecen más fuertes de lo que el esfuerzo en perfeccionar, de una vez por todas, aquello que lo prende al pasado de orgullo. Todos estamos sujetos a eso. Unos más que otros.

¿Mas, qué importa eso? Esa es la cuestión: importa apenas al individuo sus luchas, contiendas íntimas, dificultades y sinsabores. A nadie más es dado el derecho y mucho menos la libertad de condenar, o apuntar “hechos” como si fuesen delegados, representantes de la ley divina, autoridades filosóficas o doctrinarias para decir que alguien, principalmente algún exponente, presto de servicio al movimiento espírita. Cuando se trata de una opinión personal, sería justo que quedase claro, en un texto, sea cual texto fuera, que se trata de una opinión personal y no una deducción insuficiente y peligrosa al respecto del trabajo de alguien.

Los exponentes se notan, principalmente por los trabajos desenvueltos en la asistencia espiritual y social, dentro y fuera de la casa espírita, producción y traducción de libros y, derivado de esto, en la divulgación del Espiritismo. Hicieron lo que dieron cuenta de hacer e hicieron muy bien. Sus obras no son medidas por la extensión y sí por la calidad, si así no fuese, escritores vulgares, travestidos de intelectualidad, se levantarían como paladines de la verdad, como la última galleta del paquete. Y no son.

Bezerra de Menezes es un exponente. Exponente no significa perfecto, infalible, mas alguien cuya obra mereció el concurso de los espíritus superiores para llegar a los corazones más sufridos, de la forma como conseguirían desenvolver. Fue rotulado, de forma “definitiva”, como roustainguista. Numerosos textos, exposiciones y hasta libros extensos, sinuosos, repiten mensajes reforzando tratarse de un roustainguista.

Quien ya leyó algún artículo de “Max”, pseudónimo utilizado por Adolfo Bezerra de Menezes Cavalcanti en el periódico “El Paiz”, sabrá como él entendía el Evangelio. ¿Fue roustanguista? No hay novedad alguna en eso. Aunque sea un “hecho”, limitar la figura de Bezerra de Menezes al roustainguismo es de una infantilidad absurda, para no decir maldad. Hicieron lo mismo con Eurípedes Barsanulfo, tratandolo como roustainguista, aunque Herculano Pires haya dicho que él “despertó del engaño”.

Sería lo mismo que tachar como roustainguista al Dr. Carlos Imbassahy por la publicación del libro “Religión” en 1942, periodo en que aun formaba parte de la FEB y uno de los motivos de la ruptura con aquella institución, de entre otros que fueron registrados por el Profesor Carlos de Brito Imbassahy, su hijo.

Otro que siempre es recordado como roustainguista y como responsable por praticar un Espiritismo que los espíritas no dan cuenta de practica, es Chico Xavier. La obra “Brasil corazón del mundo, patria del evangelio” es un ejemplo clásico de intento de vincular a Chico Xavier al roustainguismo. No satisfechos, aun publicaron correspondencias entre Chico Xavier y uno de los presidentes de la Federación, que fueron mezclados en la obra “Testimonios de Chico Xavier”. Según Herculano Pires, Chico nunca fue roustainguista, mas, como otros, tuvo su obra desvirtuada.

Aunque el análisis de los hechos sea hecha con el conocimiento y la tendencia intelectual de cada uno, es estremecedor que principios tan básicos de fraternidad y civismo hayan sido excluidos al rotular exponentes espíritas de forma tan peyorativa y limitada. Lo curioso es que ejemplos de civismo y fraternidad existen en el movimiento espírita. Vamos a un ejemplo importante.

El escritor espírita más combativo, aquel que siempre levantaba su pluma o dactilografiaba con la velocidad de su pensamiento perspicaz, intelectual y filosófico, fue el Profesor José Herculano Pires.

En sus más de 80 obras, algunas duras, con críticas profundas, evidenciando la lucha de un pigmeo contra gigantes, jamás se limitó o dedicó obra para criticar a uno de los exponentes doctrinarios, sea en Brasil o fuera, culpabilizándolos por los rumbos del movimiento espírita. Sus críticas siempre fueron a la manera como los espíritas estaban cediendo a los encantos de la “sirena”, repitiendo errores del pasado (“Agonía de las Religiones”, “Curso Dinámico de Espiritismo”, “Mediumnidad”, “En la era del Espíritu”, “En la hora del Testimonio”, “Centro Espírita”, de entre otros).

Escritor proficuo y traductor de obras espíritas, sobre todo las obras de Allan Kardec, considerado en el movimiento espírita “como el metro que mejor midió a Kardec”, Herculano Pires puede ser criticado por todo, menos por abusar de su lucidez doctrinaria, por faltar con el respeto al esfuerzo de cualquier exponente doctrinario. Sus críticas buscaban esclarecer doctrinariamente a su lector en cuanto al contenido. Un ejemplo es la obra “La Piedra y la Cizaña”. Herculano Pires fue el único exponente en criticar la obra del Dr. Hernani Guimarães Andrade. Criticó duramente la obra.

Es posible que se nos escape algún detalle, entre tanto osamos preguntar si hay, por parte de Herculano Pires, dedicación de páginas y más páginas de su siembra para criticar a Antônio Luiz Sayão, ¿por exemplo? Al citar a Sayão y otros roustainguistas, Herculano siempre miró el trabajo desenvuelto por cada uno de ellos y no la figura de ellos.

En “El Verbo y la Carne”, obra que hizo a Herculano Pires entrar definitivamente para o “index librorum prohibitorum” de la FEB, como obra “herética, anticlerical o lasciva y prohibida (...)”, el Filósofo Espírita presentó sus argumentos en cuanto a los absurdos producidos por la obra del abogado francés, autotitulada “revelación de la revelación”, abriendo los ojos de los espíritas para las prácticas erróneas adoptadas por la federación. En momento alguno imputó responsabilidad a Bezerra de Menezes. Criticó la institución.

Algunos maliciosos pueden decir que es cuestión de interpretación, porque está sub-entendido. Ahora, sub-entender la maldad solo tiene sentido para quien es malicioso, limitando el movimiento del mundo a su movimiento.

Si Bezerra de Menezes, Eurípedes Barsanulfo, el Dr. Carlos Imbassahy y Chico Xavier erraron, ninguno de ellos se volvió exponente por causa del pensamiento roustainguista. ¿Sería justo difamar sus trabajos por causa de eso? La obra de ellos nunca estuvo circunscrita a ese pensamiento antidoctrinario.

Hasta la década de 1990, aun existían algunas brasas roustainguistas encendidas. Se enfrió enseguida, para despertar de forma retumbante como si conocer los errores doctrinarios fuese más importante que conocer lo que es el Espiritismo. Hay inversión de valores en muchos libros y “lives” dichos espíritas, cuando abordan esa cuestión. No perdamos tiempo con eso. Tenemos mucho trabajo que hacer en nombre de la Doctrina Espírita, a comenzar por estudiarla profundamente, sin depender de liderazgos pseudo-intelectualizados y limitados, tan falibles como cualquier otro.

Por fin, aunque algunos espíritas insistan en la tesis de que el roustainguismo es el gran responsable por la doctrina herética existente en el medio espírita, pensamiento con que también simpatizamos, mientras defendamos la idea de que esa doctrina es fruto mucho más de la falta de conocimiento doctrinario  que del sincretismo, insistimos con la idea de que limitar el trabajo de un exponente espírita al roustainguismo es una forma de manchar su imagen y eso es una tremenda falta de caridad. Ya basta de tantas palabras que colocan en la boca de esos exponentes como hemos observado por internet. Es un tal  “fulano dice” o “beltrano habló” que solo evidencia la pusilanimidad con que conducen los estudios y pensamientos doctrinarios.

Por eso, repudiamos, publicamente, a aquellos que responsabilizan a exponentes por los engaños del movimiento espírita. Evidentemente no los endiosamos y sabemos cuanto sus obras pueden contar contenidos dudosos en determinado momento, sin con eso invalidar todo el conjunto, pues, si hay incertidumbres, estas no están en sus pilares, como bien orientó el fundador del Espiritismo al analizar una idea. 

La “caza a las brujas” fue un movimiento de persecución religiosa iniciado en el siglo XV y que se estendió hasta el siglo XVIII, con repuntes de crueldad. La diferencia de aquel movimiento para el actual es que la caza ocurría con el cazador mirando a los ojos de la caza. Las religiones tradicionales están repletas de pensamientos similares. La Doctrina Espírita no es así.

 

Traducción:
Isabel Porras
isabelporras1@gmail.com

 
 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita