Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 

Tema: Respeto


El Amarillo


Existen muchos colores en el mundo. Y todos son especiales. Ellos ayudan a dejar las cosas más bonitas, a diferenciarlas y a transmitir mensajes.

Todos los colores son importantes. Pero hubo un tiempo en que el Amarillo no era muy bien visto por los otros colores. Unos lo hallaban muy extravagante, y otros pensaban que era feo.

Sin ningún respeto, los otros colores vivían diciendo:

“No quiero estar cerca del Amarillo. ¡No combina con mi belleza!”

“¿A quién le gusta el Amarillo? Lo mejor que puede hacer es mezclarse con el rojo para volverse naranja.”

“¿Te diste cuenta cómo el Amarillo deja las cosas feas? No es de extrañar que no haya casi nada de ese color.”

“Vive queriendo llamar la atención. Siendo tan feo, ¡no debería ser tan exhibicionista!”

Eran tantos los comentarios maliciosos que el Amarillo poco a poco empezó creer que de verdad era inferior a los demás colores. El Amarillo se sentía rechazado y despreciado por todos.

Un día, cansado de esa situación, decidió no trabajar más. No quería aparecer más, ni dar color a nada más.

Cuando supieron que ya nada más sería amarillo, a los otros colores no les importó. Incluso les pareció bueno.

Y así, las cosas que eran amarillas pasaron a tener otra tonalidad. Y el mundo empezó a cambiar.

En poco tiempo, no se veían más canarios amarillos en las ramas de los árboles.

Una gran variedad de lindas flores, como orquídeas, dalias, crisantemos, tulipanes, rosas, margaritas, girasoles y muchas otras perdieron su colorido y parte de su belleza.

Algunos árboles, como las sibipirunas, los ipés y las acacias, también sufrieron la pérdida de sus vistosas flores amarillas.

La vista de los campos de trigo amarillentos, meciéndose con el paso del viento, dejó mucha nostalgia. 

Los pollitos y los patitos, que antes eran vistos a lo lejos, pareciendo pompones esponjosos siguiendo a sus madres, ya no eran amarillos.

La señal de alerta de los semáforos ya no llamaba más tanta atención.

El oro, metal tan precioso que embellecía las joyas preciosas, ya no relucía como antes.

Pero lo peor de todo es que el Sol, el astro rey que ilumina y da vida a nuestro planeta, ya no era amarillo. Los rayos del sol que invadían las ventanas no tenían más el mismo color, ni el mismo brillo, y ya no traían tanta calidez.

Eso cambió el paisaje de la Tierra. Todo pasó a volverse más sombrío y triste, con menos variedad. Ningún otro color lograba sustituir al Amarillo y colorear las cosas exactamente como él lo hacía.

Las personas, los animales, las plantas y hasta los otros colores comenzaron a darse cuenta de la belleza y la importancia que el Amarillo tenía. Por todas partes, comenzaron a hacer comentarios deseando que volviera.

Y fueron tantos los lamentos, tanta nostalgia y tantos pedidos, que el Amarillo volvió.

Ese día, todos se alegraron con su presencia, embelleciendo, dando brillo y destacando las cosas como solo él sabía hacer.

Y fue así como los otros colores aprendieron que todos los que fueron creados por Dios son únicos e importantes. Cada uno tienen un papel que realizar en el mundo.

Y, sabiendo eso, pasaron a respetarse y vivir en armonía, felices para siempre.


 

Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com


 


Material de apoio para evangelizadores:

Clique para baixar: Atividades

marcelapradacontato@gmail.com




 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita