Especial

por Rogério Miguez

La reforma íntima
en sociedades competitivas

Interesante observar es existir aun cierta sorpresa con la atención dedicada por el  Espiritismo al tema reforma íntima. Para mejor entender y aceptar esta renovadora propuesta espírita, basta recordemos cual es el destino final de todos los Espíritus  - alcanzar la perfección relativa -, para convencernos de que la temática es materia relevante y fundamental. Sin la transformación interior, que conduce al alcance del último estado evolutivo, cuando nos volveremos Espíritus puros, jamás alcanzaremos la meta definida por Dios, lo que no es permitido, o sea, cuando Él nos creó, determinó este propósito divino, una de las poquísimas fatalidades en el orden del Creador.

Entre tanto, seguir al Cristo a través de sus valiosos e inmortales ejemplos y lecciones, conducta que materializa la reforma íntima, será siempre un inmenso desafío, en cuanto las sociedades continuaran a organizarse basadas apenas en la competición entre los individuos, de modo a manter sus propuestas materialistas a cualquier coste. Siendo así, ¿¡cómo hacer!?

Recordando el buen combate tan bien defendido por Pablo, que viabiliza la construcción de la reforma íntima, deberá ser conducido con equilibrio y buen sentido, considerando que, más allá de las sociedades viven, de modo general, bajo principios fundamentados en llevar ventaja sobre el prójimo, sea cual fuera el precio, nosotros aun mantenemos también numerosas matrizes de conductas no alineadas con las normas divinas, todas edificadas en existencias pasadas – nuestra sombra. Siendo así, el esfuerzo es doble: precisamos luchar contra las consolidadas conductas egoístas diseminadas en el medio en que estamos incluidos y, simultaneámente, combatir a nosotros mismos, este último, tal vez sea el más difícil obstáculo a ser superado: el hombre viejo. Por estas dos razones es que la reforma íntima no se realiza sin muchas luchas: con victorias y, también, con indeseados reveces.

Se puede sugerir una forma bien simple de abordar este laborioso, sin embargo, superable desafio: escoger una característica de personalidad reconocidamente no conforme con los principios crísticos y perfeccionándola, constantemente, a lo largo del tiempo, sin tregua, observando los progresos y los fracasos, los triunfos y las derrotas, siempre que el caminar de la vida nos coloque en posición de, una  vez más, obrar según este fallo de conducta en nuestra individualidad.

Con el tiempo, vamos a conocernos mejor en relación a este particular aspecto, mejorando la forma de cómo actuar delante de las pruebas que la vida nos proporciona, perfeccionando gradualmente nuestra actitud en este específico punto y, si hubiera de hecho empeño y sinceridad de nuestra parte, los éxitos van a aparecer y, en consecuencia, más fuertes nos sentiremos para atacar otras facetas discordantes en nuestro carácter con relación a la moral y a la ética.

Dentro del escenario competitivo que nos cerca, precisaremos hacer elecciones acertadas, pues la sociedad incentiva que sus integrantes disputen entre sí, infelizmente, desde la fase infantil. Al educar a nuestros niños dentro de esta línea de acción equivocada, hacemos que ellas, al alcanzar la fase adulta, presenten dificultades en el relacionamiento sano con sus iguales, y más, si el individuo no expresa esta actitud competitiva, en algunos casos, hasta predadora, es inmediatamente puesto al margen del grupo, quedando muchas veces solo sin condiciones de vivir dentro de los principios de sus ideales más nobles. No hay duda, es una intensa lucha.

Entre tanto, cada cual deberá aprender como conducirse en sociedad, dentro de los principios crísticos, sin necesidad de dejar el mundo, aprendiendo a vivir en este mismo planeta que, actualmente, exige, de modo general: en el ambiente de trabajo, en la familia, en el medio social, entre otros, actitudes incisivas, algunas veces incluso agresivas, otras casi de desprecio a los menos adaptados, definido todo dentro de la máxima de que los débiles no tienen vez.

Otro campo de dificultad en la convivencia social es el de la honestidad, de la ética, en la manuntención de elevados patrones morales. Hoy, hay una inclinación generalizada en el seno de la sociedad para obrar de modo deshonesto, antiético, auto justificándose de que los objetivos finales legitiman plenamente los medios, así, obran de manera inpúdica, hacen intrigas, mienten, crean noticias falsas, son livianos, todo en nombre de la: sobrevivencia del negocio, lucratividad financiera de la empresa, victoria del partido político, proyección social en el medio en que vive, conquista de la persona deseada, entre otras razones. Quieren salir vencedores a cualquier coste, no importando los perjuicios y agresiones provocadas a aquellos que están, por ventura, obstruyendo sus caminos, o sea, son considerados temporalmente sus enemigos.

La Doctrina espírita está enteramente a favor del crecimiento material, además, la Ley del Progreso es uno de los principios que rigen la vida, seguramente, una directriz divina, siendo así, jamás podemos siquiera imaginar que el Espiritismo sea contrario a evolucionar en las relaciones de trabajo, o en cualquier otra área de actuación. No, lo que se desea es que esta evolución, este desenvolvimiento, o esta mejoría material no ocurra por medio de actitudes inmorales o a través de conductas indecorosas, con claro perjuicio al prójimo, o hasta a sí mismo.

Solo hay un Espíritu que debemos siempre mantener especial atención promoviendo una saludable competición: en relación a nosotros mismos, observando nuestras malas inclinaciones, para intentar superarlas lo más rápido posible, así como, anotando las conductas positivas que ya conseguimos realizar buscando fortalecerlas.

Tenemos que superarnos constantemente, mejorar nuestros patrones morales, aumentar nuestro conocimiento, bien usar el tiempo disponible, aprovechar las oportunidades de evolución, esto es, realizar la reforma íntima.

Este desafío no se prende solo a nuestras relaciones en sociedad, se aplica igualmente a los espíritas actuando en las instituciones en que militan.

Infelizmente, se observan conductas inadecuadas de algunos espíritas, obrando en las asociaciones como si las enseñanzas que reciben de la Doctrina fuesen, tal vez, para el futuro y no para el presente concreto.

De esta forma, algunos espíritas se vuelven de su modesto saber deseando, o casi exigiendo, incluso considerando su gran conocimiento doctrinario, destaque en el movimento, de preferencia coronado de aplausos y homenajes y muchas fotos en los medios espíritas; forman grupos dentro de la casa para defender políticamente sus puntos de vista, incluso que estos sean distanciados de la Doctrina; no se eximen en levantar falsedades contra sus supuestos opositores para debilitarlos delante de los otros; combinan previamente en quien irá a votar, caso haya elección para elegir cargos en la casa en que militan; boicotean actividades espíritas cuando estas son desenvueltas por los supuestos adversarios; cuando detentan el poder para tanto, escogen trabajadores para ocupar cargos considerando apenas el grado de amistad, incluso sabiendo de que estos no están cualificados para bien desempeñar las tareas, obran así, de modo a mantener el dominio en la dirección de ciertos sectores de trabajo; o sea, proceden como si nada hubiesen escuchado de nuevo a través del Espiritismo, volviendose así candidatos naturales para el exilio compulsivo en mundos inferiores, durante esta fase de Regeneración por la que atraviesa la Tierra.

Un dato relevante a considerarse es que hoy, las sociedades básicamente se pautan por las conductas egoístas, con todo, como sabemos, en este proceso de transición vivido por la Tierra, está ocurriendo una renovación de los Espíritus actualmente vinculados al orbe: muchos serán de aquí conducidos para mundos material y moralmente aun más atrasados de lo que el nuestro, teniedo en cuenta el estado evolutivo del planeta, esto es, todos aquellos manteniéndose firmemente contrarios al proceso de renovación planetaria; por otro lado, muchos Espíritus más moralizados están siendo traídos de otros mundos-escuelas para ayudarnos en esta fase de mejoría experimentada por la Tierra. Y más, este flujo de idas y venidas de Espíritus, ya ocurre hace décadas.

Como resultado, se volverá cada vez más fácil reformarse, una vez que, muchos de los nuevos Espíritus que ahora aportan en la Tierra, traerán nobles y significativos ejemplos de vida, facilitándonos sobre manera la propia reforma íntima, que exige esfuerzo y sacrificio, sin estos, no ascenderemos a los planos más elevados.

No seamos complices del error y de la deshonestidad, bajo el pretexto de desagradar a los otros. Resistamos lo mucho que pudiéramos a las propuestas indecorosas, el futuro mostrará que obramos bien en no pactar con las falsedades y artimañas creadas por los insensatos. Usemos la paciencia cuando tuvieramos nuestros nobles anhelos desconsiderados. Más vale la conciencia tranquila en el deber cumplido que la mente en brasas por cuenta de los maleficios causados a otros. La calumnia y venganza no deben  influenciarnos jamás, permanezcamos tranquilos sin desanimar, convencidos de que el bien vencerá más pronto o más tarde.

Importante notar es también que, caso seamos observados en nuestros esfuerzos en el sentido de obrar apenas en el bien, otros pueden contagiarse con nuestra conducta y, quien sabe, pasar a observarnos como modelos, cambiando también, en consecuencia, el modo como viven: esto es, podemos hacer escuela.

Caso deseemos sinceramente cambiar para mejor, como sugestión final para conciliar las diversas situaciones conflictivas que aun iremos a enfrentar, debemos siempre recordar de preguntar en momentos de duda e indecisión en la forma de obrar, no importando en cuál sector de la sociedad nos encontramos: ¿en esta hora, cómo obraría Jesús en mi lugar? La respuesta debe surgir cristalina, al final, Él es el modelo y guía de la Humanidad.

 

Traducción:
Isabel Porras
isabelporras1@gmail.com

 
 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita