Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 

Tema: Cariño; dar para recibir


Copitos de cariño


Había una pequeña aldea donde el dinero no entraba. Todo lo que las personas compraban, todo lo que era cultivado y producido por cada uno, era intercambiado.

Lo más importante era el amor.

Quien nada producía, quien no poseía cosas que pudieran ser intercambiadas por alimentos, o utensilios, daba su cariño. El cariño era simbolizado por un copito de algodón.

Muchas veces, era normal que las personas intercambiaran copitos sin querer nada a cambio. Las personas daban su cariño, pues sabían que recibirían otros en otro momento u otro día.

Un día, una mujer muy mayor, que vivía fuera de la aldea, convenció a un pequeño niño de no dar más sus copitos. De esa forma, él sería la persona más rica de la ciudad y tendría lo que quisiera.

Engañado por las palabras de la malvada, el niño, que era una de las personas más populares y queridas de la aldea, empezó a juntar cariños y en poquísimo tiempo su casa estaba tan repleta de copitos, que hasta era difícil de circular dentro de ella.

Entonces, cuando la ciudad ya estaba prácticamente sin copitos, las personas comenzaron a guardar el poco cariño que tenían y toda la armonía de la ciudad desapareció.

Surgieron la avaricia, la desconfianza, el primer robo, los odios y las discordias, y las personas se insultaron por primera vez y se ignoraron por las calles.

Como era el más querido de la ciudad, el niño fue el primero en sentirse triste y solo, lo que lo llevó a buscar a la anciana para preguntarle y decirle si eso era parte de la riqueza que él acumularía.

Al no encontrarla nunca más, tomó una decisión. Cogió una gran carretilla, colocó todos sus copitos dentro y caminó por toda la ciudad distribuyendo aleatoriamente su cariño. A todos los que le daba cariño, solo decía: - Gracias por recibir mi cariño.

Así, sin miedo de quedarse sin sus copitos, distribuyó hasta el último cariño sin recibir uno solo a cambio.

Sin que tuviera tiempo de sentirse solo y triste nuevamente, alguien caminó hacia él y le dio cariño. Otro hizo lo mismo… Otro más… y otro… hasta que definitivamente la aldea volvió a la normalidad.


Texto extraído del website www.searadomestre.com.br


  

Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com


 


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