Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 

Tema: Navidad


Navidad con Jesús


Era época de Navidad. Ahí en el mundo espiritual, Jesús y los buenos espíritus estaban contentos.

En los días cercanos a Navidad, muchas personas se acordaban del nacimiento de Jesús en la Tierra y de sus enseñanzas. Por eso, también se acordaban de hacer el bien.

Algunas personas invitaban a sus parientes a pasar la noche de Navidad juntos. Otras enviaban mensajes de felicidad y paz a sus amigos. Y otras, incluso, ayudaban a distribuir alimentos y juguetes para alegrar la Navidad de quien no tenía muchas cosas materiales.

Jesús y los Buenos Espíritus iban por todas partes, trabajando para promover el bien. Se acercaban a las personas y les transmitían buenos sentimientos, buenos pensamientos y hasta buenas ideas para que ayudaran a alguien que lo necesitara. Quien pensara en Jesús o hiciera el bien podría darse cuenta de estas cosas buenas y sentir alegría.

Juliano vivía con su mamá en una casa muy simple. No tenían dinero para comprar adornos, pero el niño hizo un lindo diseño de un árbol de Navidad, bien colorido, y su mamá lo pegó en la pared.

La mamá de Juliano era muy religiosa. Todas las noches, rezaban juntos y, en esos días cerca de Navidad, ella agradecía a Jesús por haber nacido entre los hombres. Ella enseñaba a su hijo que ese fue el suceso más importante de la historia, pues Jesús vino a enseñarnos sobre el amor.

Juliano sabía que en Navidad lo más importante era acordarse de Jesús, pero él también quería mucho conseguir un juguete, aunque le resultaba muy difícil que pasara.

Resulta que algunas personas voluntarias hicieron una campaña de Navidad. Pedían donaciones a personas y tiendas y consiguieron varios juguetes, envueltos en papel de regalo. Además, hicieron cajas con varias comidas deliciosas, como dulces, bizcochos, mermelada y otras cosas y distribuyeron por varias casas de los barrios pobres de la ciudad.

En la víspera de Navidad, golpearon a la puerta de la casa de Juliano. Su mamá fue a atender.

Ella ganó una de las cajas con golosinas y un cariñoso abrazo. La persona, sonriendo, le deseó:

- ¡Feliz navidad! ¡Que Jesús bendiga su hogar!

La mamá, contenta, agradeció y le devolvió las palabras gentiles.

Antes de que la voluntaria se fuera, el buen espíritu que la acompañaba le inspiró un pensamiento: “¡Pregunta si aquí vive algún niño!”

La persona, entonces, percibiendo la idea del buen espíritu, se volteó y preguntó:

- ¡Casi me olvido de preguntar! ¿Aquí, en su casa, vive algún niño?

- Sí, mi hijo, de 7 años – respondió la mamá.

- ¡Qué bueno! ¡Entonces este regalo es para él! – dijo la persona, atenta, entregando un bello paquete.

La mamá cogió el regalo y con mucha gratitud dijo:

- ¡Gracias, que Dios se lo pague!

La voluntaria se sintió muy feliz de poder hacer ese trabajo en nombre de Jesús y llevar regalos y felicidad a las personas.

En la noche, Juliano y su mamá comieron las cosas deliciosas que vino en la caja. Juliano abrió el regalo. ¡Era un avioncito muy bonito!

En la hora de la oración, madre e hijo se tomaron de las manos y rezaron agradeciendo a Jesús, una vez más.

Pero, en esa noche de Navidad la mujer se sintió especialmente feliz. Conmovida, rezaba, mientras algunas lágrimas caían de sus ojos. Es que el propio Maestro visitaba su hogar en ese instante, trayéndoles su regalo espiritual.

Jesús, abrazándolos, los envolvía con las más suaves vibraciones de amor y paz.


  

Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com


 


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