Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

 
Tema: Amistad


Amigas de verdad


Tati y Tuti eran las mejores amigas, la una de la otra. Estudiaban juntas desde pequeñas y ahora ya tenían catorce años.

Tuti, en verdad, se llamaba Julia, pero le gustaba el nombre Tatiana, pues le parecía divertido ser llamada “Tati”.

Cuando supo esto, Tati le puso el apodo “Tuti” a Julia, aprovechando algunas letras de su nombre. Pronto todo el mundo comenzó a llamarla así, y ella lo disfrutó.

Tati era muy diferente de Tuti. La primera era más extrovertida, creativa, inventaba bromas e historias que casi mataban a su amiga de la risa. A ella le gustaban las fiestas y pasear. Se vestía a la moda y siempre estaba bonita. Le gustaba mucho comer dulces, sandwiches y pizzas y, por eso, estaba por encima de su peso. Tuti, en cambio, era más tímida y hablaba bajito. Tomaba clases de ballet y le gustaba quedarse en casa, leyendo o viendo películas. Era bien delgada, comía poco, aunque la comida estuviera deliciosa.

A pesar de las diferencias, también tenían semejanzas. Eran buenas alumnas, responsables y tenían buenas notas. Y lo principal: tenían buen corazón. En vez de competir, siempre se ayudaban.

Tati incentivaba a Tuti a cantar y bailar como ella. Y Tuti explicaba a Tati los ejercicios de matemáticas que ella no sabía.

Un día, un fin de semana muy caluroso, ellas decidieron ir a la piscina del club. Al llegar allá, encontraron a algunos compañeros del colegio, y Mauro, uno de ellos, comenzó a hacer bromas para que los amigos se rieran:

- ¡Socorro, si Tati salta a la piscina sobre mí, voy a morir aplastado! ¡Va a lanzar tanta agua hacia afuera que me va a llevar la corriente! Ja, ja, ja...

Los otros niños también se rieron e hicieron otros comentarios malvados, divirtiéndose con eso.

Las niñas se quedaron muy molestas. No esperaban esa agresividad gratuita. Conversaron y pensaron que era mejor entrar a la piscina de todos modos, sin unirse a ellos.

Felizmente, pronto los niños pararon de incomodar, pues se dieron cuenta de las miradas de los que estaban alrededor, reprobando esa actitud tan irrespetuosa.

Tati y Tuti, por el contrario, fueron respetuosas con las niñas que estaban cerca, jugaron con ellas y se divirtieron.

Pasado algún tiempo, Mauro, corriendo alrededor de la piscina, para huir de alguna broma sin gracia de sus compañeros, se resbaló y cayó, llevándose un golpe muy feo.

Algunas personas que estaban cerca se preocuparon y se acercaron para ayudarlo. Sus “amigos”, sin embargo, se morían de risa. Se sumergieron de vuelta en la piscina, mientras que el niño, todavía en el piso, intentaba recuperarse.

Mauro, lastimado, sentía tanto dolor que comenzó a llorar, lo que fue motivo para que los niños se rieran aún más de él.

Tati y Tuti veían todo horrorizadas. A pesar de lo que él había hecho antes, ellas sentían pena por él. Por la caída, por los golpes y, además, por la reacción de los otros niños.

Mauro, asistido por personas de buena voluntad, logró levantarse y fue llevado a la enfermería. Sus “amigos”, sin embargo, que no tenían la costumbre de ayudar, se quedaron allá solo mirando. Acabaron pronto yéndose también, pues ya no estaban a gusto para continuar los juegos que acostumbraban a hacer.

Las dos amigas, después de la piscina, fueron a tomar un helado. Conversaron, rieron, jugaron vóley con otros amigos, pasearon por el club. Al final de la tarde, a pesar de lo que había ocurrido antes, tuvieron un buen día.

Hacer buenos amigos puede no ser fácil. No sé si Mauro tenía amigos o apenas compañeros. Tati y Tuti, en cambio, escogieron bien. Incluso con diferencias, se llevaban bien, se ayudaban y se hacían bien la una a la otra. Eran amigas de verdad.



Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com
 

 


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