Espiritismo para
los niños

por Marcela Prada

Tema: Dios. Padre Nuestro que estás en el cielo


Padre Nuestro que estás en el cielo


Pedrito, pensando en esa oración que Jesús había enseñado, se quedó imaginando lo difícil que era llegar hasta el lugar donde está el “Padre del cielo”.

¿Será que, desde lo alto del Edificio Italia, que él sabía que era el edificio más alto de la ciudad, podría alcanzar el cielo? Y pidió a su papá:

- ¿Me llevas al Edificio Italia, allá en lo alto, al último piso?

Al papá le pareció divertido el pedido de Pedrito, pero prometió que cuando pudiera lo llevaría hasta allá.

Un sábado en la mañana, toda la familia fue al Edificio Italia. Pedrito, Anita, y el papá entraron en el elevador. Pedrito dijo al ascensorista: “último piso”. Y hacia allá fueron, cada vez más alto, más alto.

“Debemos estar cerquita del cielo”, pensó el niño satisfecho. Pero, al llevar a la cima, vio que el cielo era aún más alto.

“No funcionó”, pensó. “Y no pude llegar hasta el lugar donde vive el ‘Padre del cielo’.”

Pero cuando Pedrito quería algo, no se rendía fácilmente. Él quería encontrar una manera. Ya había escuchado a su papá contar que el Pico del Jaraguá era una colina muy alta, cerca de la entrada de la ciudad, más alto que cualquier edificio. Las personas iban hasta allá, a pasear y admirar la vista. Debía ser que allá estaba el ‘Padre del cielo’.

Habló con su mamá y a ella le gustó la idea de hacer un picnic en Pico del Jaraguá. Preparó un almuerzo delicioso. El domingo era bonito y para allá fueron toda la familia al Pico del Jaraguá: Pedrito, Anita, el bebé y el papá. En el camino vieron lindas flores, los pájaros, un riachuelo fresco corriendo y el sol brillando, iluminando todo. Pedrito quería ir alto, muy alto, cada vez más hacia la cima, hasta donde la nube parecía tocar lo alto de la colina. Subieron, subieron pero, al llegar a lo alto, el cielo parecía estar más lejos…

Qué difícil era llegar al ‘Padre del cielo’.

Llegó un día en que Pedrito saltó tanto de felicidad: su papá llegó a casa y les dijo que irían a visitar a la tía Dorotea, que vivía en Brasilia. Pero lo más importante y más asombroso es que irían en avión. Sí señor, en avión.

Además de la belleza del viaje, Pedro tenía otro motivo para esa alegría tan grande. Ahora sí, iría hasta el cielo… donde vivía el ‘Padre del Cielo’.

El avión despegó. Sus ruedas no tocaban más el suelo y comenzó a volar como un pájaro. Más alto, siempre más alto. Tan alto, que las nubes quedaron debajo de él. Parecía un colchón blanco, bien esponjoso y suave. Ahora sí, estaban llegando al cielo, en la casa del ‘Padre del cielo’. Pero, cuando Pedro miró hacia arriba, el cielo todavía estaba muy lejos…

Ahora sí, ni en avión logró llegar al cielo… ¿Y los astronautas, irían hacia el cielo? Decidió preguntar a su papá:

- No, hijo mío, los astronautas no llegarán al cielo porque el cielo no tiene fin, siempre está más alto.

- ¿Pero entonces, papá, donde vive el ‘Padre del cielo’?

Fue entonces que el papá comprendió por qué Pedrito había querido ir a lo alto del edificio Italia, por qué había pedido subir al Pico del Jaraguá y por qué estuvo tan entusiasmado con el viaje en avión. Pedrito estaba buscando al ‘Padre del cielo’.

El papá sonrió, pasó la mano por la cabeza de Pedro y allá en lo alto de las nubes, volando como un pájaro, explicó:

- Dios, nuestro Padre, está en todas las cosas que Él crea, en eso que Él hace. Está en las plantitas, en las flores, en los pájaros y, principalmente, en nuestros corazones. El cielo, Pedrito, es el corazón de las personas, cuando hacen las cosas que Jesús enseñó, cuando conversan con el ‘Padre del cielo’, en la oración.

Dios es como el Sol que nos calienta, nos da luz y vida. Cuando cerramos la puerta de nuestros corazones y él no puede entrar, todo queda oscuro y feo dentro de nosotros, pero cuando abrimos nuestro corazón, el ‘Padre del cielo’ entra, manso, como este rayo de sol que estás viendo allá en lo alto, y sentimos el cielo dentro de nosotros, dentro de nuestro corazón, donde vive el ‘Padre del Cielo’.


Texto de Cândida Chirello.



Traducción:
Carmen Morante
carmen.morante9512@gmail.com
 

 


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