Editorial 

Año 11 – Nº 525 – 16 de Julio de 2017

 
¿Qué es necesario para seguir Jesús?

No sólo las palabras edifican el hombre, pero, principalmente, el comportamiento. Aparentemente obvio, ese precepto es pleno de significado. ¿Por qué, entonces, resistimos en incorporarlo en nuestros actos?

Hablamos de amor, y no amamos. De piedad, y no nos dedicamos a Dios. De fraternidad, y no tenemos hermanos. De caridad, y calentamos el egoísmo. ¿Qué hay de errado con nosotros? ¿Qué tipo de psicosfera plasmamos alrededor de nosotros? ¿Qué hacer?

Seguir Jesús. Pero para seguir Jesús solamente una actitud es necesaria. Es necesario el sacrificio. Imitar el Cristo es sacrificarse. El sacrificio de los pequeños deseos que nos son peculiares. Dentro de la familia, sacrificar nuestro orgullo y dejar de lado el deseo de ser respetado. En el trabajo, sacrificar nuestro egoísmo y dejar de lado el deseo de cooperar solamente cuando conveniente. En el Centro espírita, sacrificar nuestro autoritarismo y dejar de lado el deseo de imponer nuestro punto de vista.

Emmanuel, en el libro Fuente Viva, cap. 140, nos habla sobre seguir Jesús:

“El mundo aún es una Jerusalén enorme, congregando criaturas de los más variados matices, pero se te aproximas del Evangelio, con sinceridad y fervor, te colocan la cruz sobre el corazón.” (Fuente Viva, cap. 140)

¡Tornarse más fuerte para soportar una cruz más pesada!

Nos acordemos que el cirineo fue compelido, en contra su voluntad, a cargar la cruz del Nazareno, siguiendo, a disgusto, el camino del Maestro y quedándose, a pesar de eso, inmortalizado como el hombre que benefició Jesús.

Un bien, como se dice, mismo forzado es siempre un bien.

“Desde ahí hacia adelante, serás compelido a las mayores demonstraciones de renuncia, raros te observarán el cansancio y la angustia y, no obstante, tu condición de servidor, con los mismos problemas de los otros, te exigirán espectáculos de humildad y resistencia, heroísmo y lealtad al bien.” (Fuente Viva, cap. 140)

Esas exigencias no vienen sólo de los burlones y enfermizos, pero, principalmente, de nuestros obsesores y adversarios y de los enemigos del Evangelio.

“Sufre y trabaja de ojos vueltos hacia la divina Luz. Del alto bajarán para tu espíritu las torrentes invisibles de las fuentes celestes, y vencerás valerosamente. Por en cuanto, la cruz aún es la señal de los aprendices fieles.” (Fuente Viva, cap. 140)

Dios no nos da un fardo mayor que nuestras fuerzas; da solamente lo que podemos cargar, como dice un conocido dicho: Recebemos del Padre fuerzas que nos permiten cargar fardos que, en otros tiempos, no soportaríamos.

Además de eso, recebemos consolaciones copiosas que nos mantienen en la lucha revigorados.

“Si no tienes contigo las marcas del testimonio por la responsabilidad, por el trabajo, por el sacrificio o por el mejoramiento íntimo, es posible que ames profundamente el Maestro, pero es casi cierto que aún  no te colocas, junto a él, en la jornada redentora. Bendigamos, pues, nuestra cruz y sigámoslo, sin temor, buscando la victoria del amor y la resurrección eterna.” (Fuente Viva, cap. 140)

Nos causa extrañeza Emmanuel hablar en resurrección. Pero su enseñanza es exacta, porque, en verdad, estamos como que muertos en nuestros deseos desenfrenados, en nuestra concupiscencia. Es necesario entonces resurgir, para que nos integremos en el camino recto, en la ruta de la eterna ascensión. Y solamente la cruz nos puede hacer despertar para la realidad.
 
 

Traducción:
Elza Ferreira Navarro - mr.navarro@uol.com.br 

 

 

     
     

O Consolador
 Revista Semanal de Divulgação Espírita