Espiritismo para
los niños
por Célia Xavier de Camargo

Año 11 – Nº 525 – 16 de Julio de 2017

La pequeña onza pintada


 

Un día, al volver de la escuela, caminando por una calle desierta, Flavio vio una pequeña cría de onza pintada.

- ¡Dios mío! – pensó - ¿De dónde vino esta oncita tan simpática? Y se puso a observarla. Se mantuvo a cierta distancia con
miedo de que le atacara, pero la oncita inclinó la cabeza, maullando como un gatito, y Flavio sintió pena de ese animalito que debía estar con hambre, pues buscaba en el piso algo que pudiera comer.

 

Entonces Flavio se acordó de que no había comido toda su merienda en el recreo, pues no tenía hambre. Abrió la bolsa y sacó el pedazo de sándwich que le quedaba, lo colocó sobre el césped, y la oncita, al sentir el olor de la comida, fue a buscarlo. Lo olfateó, después se lo devoró en un instante.  

Satisfecho, Flavio se agachó y se puso a observar el animalito; después, pensando que debía tener sed, cogió su vasito y fue hasta un grifo llenándolo de agua. Colocó el vasito lleno en el suelo y se alejó dos pasos, sentándose en las raíces de un árbol, para que la oncita no tuviera miedo de acercarse a beber el agua.

La oncita, satisfecha, se lamió y se quedó quieta mirando a su amigo Flavio. Viéndola tan serena, el niño le hizo una señal, como si la estuviera llamando y ella fue a acomodarse cerca de él.

Flavio, ya sin miedo, le tocó el lindo pelo, haciéndole cariño. Pronto, la oncita estaba sentada en su regazo, como si fuera un animalito cualquiera. Feliz, Flavio la abrazó y decidió llevarla a su casa. ¡Después de todo, ella era tan bonita!...

Llegando a casa, le mostró a su mamá el animalito que había traído. ¡La mamá se asustó!

- ¡Pero es una cría de onza, hijo mío!... ¡Y seguramente tiene un dueño que debe estar buscándola!...

- ¡Mamá, pero ella es tan bonita!... ¡Tan amorosa! ¡Tan simpática!... – desconsolado, Flavio comenzó a llorar.

- ¡Pero ese animal no es tuyo, Flavio!... ¡Debe ser de algún circo! ¿Sabes si hay un circo en la ciudad? Ve hasta el centro y mira si llegó un circo.

Flavio, con los ojos llenos de lágrimas, salió para informarse, como su mamá le había pedido. Buscó y encontró uno. Era un bello circo, todo colorido, con muchos animales y él volvió para contarle a su mamá el descubrimiento que había hecho.

- Entonces, hijo mío, ¿Viste como ese animalito tiene un dueño? ¡Seguro que es del circo!... ¡Ahora ve a devolverlo! ¡Es tu deber!...

Con el corazón apretado, Flavio tomó a la oncita y volvió al circo, buscando al deño y entregándole la oncita. El hombre se lo agradeció con una bella sonrisa, afirmando que la mamá de la oncita estaba muy triste y dijo:

- ¿Quieres conocerla? ¡Ven conmigo! – Y llevó a Flavio a ver a la gran onza pintada, madre de la oncita, que estaba muy triste por perder su cría.

- ¿Viste qué triste estaba? ¡Mira su alegría ahora que su cría volvió!

- ¡Es verdad!... – admitió Flavio, viendo a la onza levantarse para agarrar a la oncita que había vuelto cerca de ella, lamiéndola satisfecha.

El dueño del circo lo abrazó, contento, y lo invitó a que viniera a ver el espectáculo que harían en la noche, afirmando que podría traer a toda su familia. Flávio aceptó, lleno de alegría, y volvió contento a su casa.

En la noche, él y su familia fueron a ver la función del circo, y fueron recibidos con alegría por el dueño del circo, Gedeón. Se acomodaron y esperaron el inicio de la función.

¡Todo para ellos era novedad! El gran circo armado estaba lleno y ya no había  asientos vacíos. Cuando comenzó el espectáculo, Gedeón, vestido con ropas especiales, presentó a sus artistas, sus animales y, después, contó la historia de la Oncita Pintada:

- La Oncita Pintada, que se había escapado del circo y fue encontrado por Flavio, un niño que volvía de la escuela, estaba ahí en su regazo, y agradecía a Flavio por haber cuidado de ella y por devolverla al Circo.

Gedeón llamó a Flavio, que fue al medio de la pista, siendo presentado a todos los que estaban ahí y después lo abrazó con afecto, agradeciéndole por haberle devuelto a su Oncita Pintada.

¡Todos los asistentes aplaudieron de pie!...

Y esa noche, después de la función del circo, Flavio y su familia volvieron a casa muy felices. Al llegar a casa, después del trayecto en el que solo comentaron sobre a presentación de los artistas y de los animales, Flavio dijo:

- Mamá, gracias por haberme hecho llevar a la Oncita Pintada de regreso al circo. Ahora veo qué importante es hacer lo que es correcto. ¡Gracias mamá! Nunca más pensaré en quedarme con nada que sea de otras personas.

Y se abrazaron felices y realizados. Algunos días después, Flavio fue a despedirse de su amiga, la Oncita Pintada, que saltó feliz a su regazo, lamiendo su rostro.

                                               MEIMEI

 

(Recibida por Célia X. de Camargo, el 19/06/2017.)


 
 
Traducción:
Carmen Morante: carmen.morante9512@gmail.com

 

 

     
     

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